Fernando Cabrera presenta su disco 432 el 7 de agosto en el Auditorio del Sodre

“Nunca quise ser panfletario”

14min
Nº1979 - al de 2018
Entrevista: Elena Risso. Fotos: Leo Barizzoni

En la casa de Fernando Cabrera hay más libros que discos. La mayoría de los textos están en el piso, esperando que ajusten una enorme biblioteca hecha a medida que el tiempo empezó a aflojar. En las prolijas torres de libros apiladas contra la pared hay ejemplares de historia, música, ensayos, y recortes de diarios, que se encuentran en el espacio del apartamento que funciona como living y comedor. Cabrera dice que en otros cuartos tiene muchos más.

Entre esos libros hay una antigua guitarra de 1907 que conserva como una reliquia, un par de púas, y decenas de CD que están casi que de adorno, porque dice que hoy no escucha música. Es un salón amplio, con una mesa de madera que funciona como escritorio, donde hay hojas sueltas con versos escritos a mano. Al primer golpe de vista, el apartamento de Cabrera en la calle Juan Carlos Gómez parece más la casa de un escritor que la de un músico. Tal vez eso responde a que, en los hechos, Cabrera es un poeta. No solo porque escribió versos que vieron la luz en un par de libros, sino porque muchas de sus letras pueden leerse como poemas musicalizados.

A los 61 años sigue siendo uno de los músicos más prolíficos del Uruguay, con un repertorio de canciones que se destacan por la amplitud de sus temas, un vocabulario tan vasto que es difícil encontrar en otros artistas locales, y un dominio instrumental que le permitió componer más de una docena de discos como solista y antes como integrante de los grupos MonTRESvideo y Baldío.

El martes 7 de agosto, en el Auditorio del Sodre, Cabrera presentará 432, su último trabajo, un disco tan breve —dura poco más de 27 minutos— como contundente, que fue muy bien recibido por la crítica. El nombre del disco remite al número de puerta de la casa de sus abuelos maternos —los Seijas— en la calle Molinos de Raffo. Ahí nació su madre, después él y sus siete hermanos. Era un hogar en el que no había libros, discos, “ni contacto con ningún arte”, según contó en el libro Cabrera según Fernando, de Andrés Pampillón y Jorge Temponi.

El punto de inflexión entre aquella casa sin libros y la de hoy, en la que los textos se multiplican en los rincones, fue la adolescencia. En esa etapa se acercó a las letras, las artes y la música, y su vida cambió. Pensó en ingresar en el IPA o en Facultad de Humanidades, pero a último momento optó por el Conservatorio de Música. Hoy, buena parte del día de Cabrera transcurre en ese apartamento, leyendo o componiendo en un lugar que, según dice, a veces le resulta demasiado grande. Ya no están con él una expareja con la que convivía, ni su madre, que murió hace unos años y a la que rinde homenaje con Pollera y blusa, en su último disco. Allí pasa horas, rodeado de papeles, algunas viejas fotos familiares en sepia o blanco y negro, caricaturas, y cuadros de artistas, como Hugo Nantes —uno de ellos regalo de Eduardo Darnauchans—, Mario Giacoya o Gustavo Serra.

Una gélida mañana de julio, Cabrera recibió a galería para hablar de su nuevo disco y su carrera. Después accedió a posar para las fotos dentro y fuera de su casa, con una salvedad: no quiso sacar una guitarra a la calle para que no la afectara el frío. Dice que las bajas temperaturas inciden en las moléculas del instrumento, algo que podría desafinarla o incluso romperla.

Mientras Cabrera caminaba por Juan Carlos Gómez un auto se detuvo a su lado. Le preguntaron la dirección del lugar para sacar la cédula. Ni ellos ni los peatones con los que se cruzó dieron señales de reconocerlo. Está acostumbrado. Dice que a pesar de que lleva años en la música —donde tiene seguidores incondicionales—, para buena parte del gran público sigue siendo un desconocido.

En Uruguay y Argentina su disco 432 tuvo muy buenas críticas. ¿Cómo evita repetirse después de tantos años? No me preocupa, o quizá sí me preocupe en un plano más inconsciente. En el momento de hacer las cosas, de estar escribiendo, de estar poniéndole música a un texto, trato de no repetirme. Pero también llegué a la conclusión de que eso es imposible. No sé si la palabra es repetirse. Creo que hay, y es lógico, un estilo, que lo vas a tener a los 20 años o a los 60.

El disco comienza con la frase “Llegó el experto de la emoción” de la canción Malas y buenas...Me arrepentí de esa frase.

¿Por qué? Muchos medios lo identifican a usted como ese experto de la emoción.Hay una confusión, no leen la estrofa entera. Yo quise escribir sobre una manera medio sarcástica, como burlándome de mí mismo. Dos o tres versos después dice: “Nos analiza con su rosario, perlas de inútil poema”. Como diciendo que esa emoción es inútil a veces frente a determinadas circunstancias. Todo el mundo entiende como que me estoy haciendo un autohomenaje.

¿A usted qué lo emociona?Todo. Soy de lágrima fácil. Cosas que suceden en la calle, un episodio en cine o en televisión. Siento congoja casi hasta al borde de las lágrimas casi todos los días.

¿Cómo es su proceso creativo?Es imposible de describir. Espero un chisporroteo en mi cabeza. Tengo una actitud de espera, de ver cuándo me viene a la cabeza algo que me emociona o sacude. Y ahí, automáticamente, desde los 12 o 13 años, cuando algo me conmueve, trato de escribirlo. Son frases muy breves, no son la letra. Cuando tengo el punto de partida, más racionalmente trato de convertirlo en algo más largo, en un poema o una canción. El proceso intelectual puede llevar días, semanas, meses o años.

¿Cuál fue su mejor creación? Varias. Ahora estoy haciendo un trabajo de remezcla de un disco antiguo, porque el sello Ayuí quiere sacar un vinilo. Es Fines, de 1992. Me tiene asombrado, lo digo con toda modestia, lo interesante y lindo que quedó ese disco. Tenía tantas ideas en esa época, no solo las canciones, los arreglos para varios instrumentos: oboes, fagots, violonchelos, flautas, las baterías, las líneas de bajo que también las escribía yo, los músicos que tocan. Es una maravilla ese disco. Me tiene recontraorgulloso, lo considero una de mis mejores obras. También me gustan El tiempo está después y Viveza. Me gusta el primero, El viento en la cara, con una frescura única, juvenil, valiente. Yo encuentro a mis discos, capaz que no es un valor musical, valientes. Es coraje, tirarse al agua o no, con cosas que no están en el mainstream. Me asombra que a los 20 años haya tenido ese “me importa un comino que sea popular o no, yo soy músico y voy a hacer la música que siento que tengo hacer”. Eso está claro en mis grabaciones antes de ser solista, en MonTRESvideo o Baldío.

En los últimos diez años su figura creció en Argentina, aparece con frecuencia en los grandes medios, y tiene conciertos en varias provincias. ¿Cómo se abrió camino? No sé por qué no pasó antes porque con otros colegas sí pasaba. Leo Maslíah rápidamente tuvo una inserción en Argentina; Los que iban cantando, las murgas, Jaime Roos. Conmigo eso no sucedía. Pasaron como 30 años, yo me preguntaba: “¿Por qué pasará esto?”, “¿no podré tener nunca nadie, un productor argentino interesado en contratarme?”. De un momento para otro, después del 2005,  generosamente Jorge Drexler, consciente de este divorcio que había entre el público argentino y yo, se tomó el trabajo —sin yo saberlo siquiera— de empezar a hablar de mí en cada nota que le hacían. Hablaba de mí a colegas, a productores, a discográficas. Cuando iba a hacer su primer Grand Rex me dijo: “Tal día del mes que viene tengo un recital en Argentina, te quiero invitar”. Se encargó de todo, pasaje, hotel. Me dijo: “En el medio voy a parar, vas a cantar dos canciones y te voy a presentar”. Él mismo había pensado las canciones, tal vez las más adecuadas: Te abracé en la noche y Viveza, con la cajita de fósforos. Y me dijo: “Traé la guitarra negra que tenés”, una Gibson. Me acuerdo que le contesté: “¿Para qué querés que lleve esa guitarra —que aparte es pesadísima— si una canción no lleva guitarra y en la otra hago dos notas?”. Me dijo: “Traé esa guitarra que es muy linda”. Pensó todo. Ese para mí fue un punto de partida. Después, Liliana Herrero grabó un tema El tiempo está después, en un disco suyo. Y otros músicos empezaron a cantar canciones mías. No solo yo empecé a ir sino que otros empezaron a cantar canciones mías. Hoy en día, si te metés en YouTube es asombroso. Debe haber 200 o 300 tipos haciendo cosas mías en las provincias. Es una emoción tremenda, es una cosa que no termino de comprender. Me siento inmensamente agradecido y feliz.

¿Cómo es el público argentino? El comportamiento es el mismo: un silencio absoluto. Hoy es muy común ir a un recital y el público canta, hace pogo, se sube a los hombros, lleva banderas. En mis recitales no pasa eso, no se dio esa modificación de las conductas. Se sientan, quedan en silencio, escuchan con suma atención y luego me dan por suerte unas ovaciones tremendas y unos aplausos divinos. Esa  actitud no debe ser confundida con pasiva. Estar sentado, conectada tu mente con algo que estás observando, escuchando, es muy activo.

Muchos consideran que su música es depresiva, gris y para unos pocos. ¿Por qué cree que esa imagen cambió y que hoy lo escucha más gente? La gente a veces es lenta. Todos lo somos. Frente a determinadas manifestaciones sociales o lo que fuera, o de pensamientos, o políticas, o una costumbre, o una moda, a veces tardo años en adoptarla. Tal vez es una característica del uruguayo en general, no sé. Yo soy lento. Por ejemplo, una novedad tecnológica la adopto ocho años después de los demás. De repente, con lo que yo hago pasó lo mismo. Yo lo que hago es lo mismo que hace 40 años, no se modificó. Se modificó en que las canciones son distintas, pero la actitud creativa, la forma de concebir la canción, la música, es la misma. La gente se tardó.

¿Le costó cargar con esa imagen de músico depre? ¿O sabía que tarde o temprano iba a llegar a más gente? No, no lo sabía. Todo fue muy azaroso. Desde siempre hubo una cantidad de gente que disfrutaba de lo mío y eso me hacía muy feliz. Que eso se haya multiplicado me hace más feliz. No es que antes me molestara, lo aceptaba. No reunía lo que otros músicos, que llegan más fácilmente a muchos sectores. Yo no, llegaba a menos. Soy así, no es culpa de nadie. Porque uno puede caer en la ligereza de decir “ah, la sociedad es así” o “los medios no me apoyan”. Eran las características de mi producto. Eso no iba a tener modificación por más que las radios me pasaran más.

¿Qué opina de la ley que obliga a las radios a pasar un porcentaje determinado de música uruguaya? ¿Ayudó a la difusión de su música? No sé, porque no lo estoy midiendo. Tengo una posición extraña frente a la ley porque tiene resultados positivos indudables, hay antecedentes históricos en otros países que demuestran que eso fue muy bueno para la industria local y los músicos del lugar. Sin ir más lejos en Argentina en la década del 50, con el peronismo. Eso catapultó a Los Chalchaleros, Los Fronterizos, Mercedes Sosa, Yupanqui, a los tangueros. Pocos años después también catapultó a El club del clan. Varias décadas después pasó con el rock con la guerra de las Malvinas. La dictadura militar prohibía pasar cualquier tema que fuera en inglés. Ahí se beneficiaron Charly García, León Gieco, se hicieron megafamosos. El resultado de una ley así para los artistas locales es positivo. Dicho esto, y no sé bien cómo decirlo, tiene también una ley de este tipo un olorcito impositivo, fascista.

¿En qué sentido?En el sentido de obligar a pasar algo concreto. Tiene un airecillo a totalitarismo. Por un lado me parece positivo; por otro, me pregunto: ¿no será mejor que no haya ninguna ley y que el ser humano se maneje como quiera? Es una pregunta, no lo estoy afirmando. No me queda claro. Por un lado veo lo positivo y también me pregunto esto: ¿está bueno que el Estado se meta así en la vida privada? No lo sé. Tengo dudas.

Le van a decir que se ha puesto liberal con esa posición. No me he puesto liberal, para nada. Soy estatista. Considero que las tareas que ejerce el Estado ningún privado las haría. Son ultranecesarias para el natural equilibrio de una sociedad, para poner un poco de freno a los privilegios y proteger un poco más a los desprotegidos, perdón por la redundancia. Creo en una participación activa del Estado, pero puedo permitirme algunas dudas.

En general, los músicos de Montevideo hablan de la realidad de la capital y los del interior de sus pagos. Usted es montevideano pero tiene muchas referencias al interior, incluso un disco entero, que es Viva la patria. ¿Cómo logró ese equilibrio? Ese tema no es solo de los músicos y los artistas sino de la población en general. La gran mayoría que nació y vive en Montevideo rara vez tiene contacto con el interior, salvo que provenga de allí y esté viviendo en Montevideo, o que sea de una familia que tenga campo. Mi padre tuvo una pequeña empresa de camiones, con la que recorría todo el interior. Yo lo acompañaba en mis vacaciones de verano; cuando terminaba las clases, en diciembre, hasta marzo no me bajaba del camión. Entre los 11 y los 17 años, un período lindo de la vida donde uno absorbe cosas, percibí un contacto permanente, no romántico, no de postal, con el interior. El tipo que tiene un tallercito para arreglar las pinchaduras de las gomas de los camioneros en el medio del campo, el hotelito recontramodesto en Cerro Chato donde pasábamos la noche a veces, el empleado de la estación de servicio, las arroceras, los empleados de la Ancap de Paysandú, los otros colegas camioneros. Eso lo mamé durante años y me quedó impregnado un gusto por la carretera. Después mi padre se fundió y mientras pude hacerlo siempre iba al interior. Tenía un fin de semana o una tarde libre y arrancaba para afuera con mi autito, cuando lo tenía, a conocer caminos.

¿Por qué no tiene auto ahora? Hace unos diez años, cuando compré esta casa, lo vendí porque precisaba la plata. Al cabo de un par de años me acostumbré a no tenerlo. No sé si es un tema de ser más civilizado, de que es mejor utilizar el transporte público, de la locura del tránsito, y de tener que pensar dónde dejarlo en Ciudad Vieja. Ando en taxi, en ómnibus, en remise. Tengo hermanos que si se me antoja un día me prestan el auto; si no, alquilo uno. Es enorme la libertad que te da. Y también, esto es un comentario un poco más tacaño, es un ahorro.

¿Es salidor? No, lo fui hasta hace 10 o 15 años. Vivía en la noche. Me acostaba todos los días a las seis de la mañana, vivía en boliches, viendo a colegas, escuchando música.

¿Ahora está más ermitaño? Sí. Perdí el gusto por la situación social de estar en un lugar con mucha gente.

¿Por qué? No sé, creo que son procesos de la vida que tienen que ver hasta con lo biológico y con la etapa en la que estás. Cuando sos más joven te encanta conocer gente, bolichear, flirtear. Después llega un momento en que eso no te atrae.

Usted se considera de izquierda y comenzó a hacer música en la dictadura. Sin embargo, su trabajo no está identificado con el canto de protesta de aquella época. ¿Fue una elección estar ajeno?Ajeno no. Me voy a permitir corregirte un poquitito: creo haber sido un activo participante con mis ideas y mis canciones de ese furor, de esa necesidad social. Te puedo citar varias canciones mías que hablan de cosas riesgosas para la época, algunas incluso fueron prohibidas.

¿Por ejemplo?Desbordando barrios, Agua, El loco, Cuando toque tu espalda. Muchas de las canciones de MonTresvideo y Baldío, que existen hasta que se acaba la dictadura. Con la recuperación de la democracia yo saco mi primer disco como solista. Quizá en ese momento no era tan necesario hacer canciones que reclamaran, que plantearan. Pero toda mi vida y luego después, en todos estos años, siempre he tenido canciones que opinan, que hablan de problemáticas sociales complejas. No de ahora, porque no es de ahora que hay inseguridad, que hay marginación, que hay pobreza. Nunca quise ser, esto fue consciente, panfletario, o abaratar la cosa, como muchos que tenían esa posición. Que no critico, esa es la posición de otros. Abaratar o rebajar determinados parámetros para que la cosa sea sencilla, fácil, y llegadera de inmediato, y plantear cosas sin sutileza. No era esa mi forma de escribir, mi propósito, pero creo haber contribuido a esa lucha que fue general de buena parte de la sociedad que pretendíamos sacar la dictadura. 

En su último disco con Alarma toca el tema de la inseguridad. ¿Por qué?Es un tema que me toca y me conmueve. El Uruguay está viviendo un momento muy difícil, donde todos estamos sensibilizados con una cantidad de cosas. Pero te agrego: en ese tema lo que intento mostrar no es solo la inseguridad, no es solo que ahora puede haber gente que te mata y te roba, la canción también plantea otro tema que sería bueno debatir, que es el famoso avance tecnológico. Una persona que no terminó el liceo, que lo único que puede hacer en su vida es trabajar en un trabajo muy elemental, ¿qué va a hacer? Ese tipo va derecho a un asentamiento. Eso plantea la canción. La famosa tecnología, ¿es capaz de solucionar este problema?

En Cabrera según Fernando decía que los grandes temas a resolver por la izquierda al llegar al gobierno eran la reforma del Estado y la educación. Ahora que pasó un tiempo, ¿qué balance hace de eso?Ninguno de los dos se ha modificado mucho. Tampoco tengo la respuesta de cuál es la solución. En un principio se decía “la madre de todas las reformas” a la reforma del Estado. Bienvenido, decía yo. No pasó. Hay un tema de idiosincrasia también, no solamente de la dirigencia. El ciudadano, ¿colabora? ¿O sigue trabajando a desgano, con cero productividad? ¿Cómo somos los uruguayos? No es solamente el político que quiera hacer esta reforma, también el pueblo tiene que acompañar y estar dispuesto a formar parte de esa reforma del Estado. Otro tema complejísimo es la reforma de la educación. Ahora, ¿es agarrar y decir junto una cantidad de pedagogos, los meto dos años en un lugar y que me elaboran una reforma como si fuera un nuevo Varela? ¿Es tan sencillo como eso? ¿O primero habrá que ver qué rol y qué función van a cumplir las distintas corporaciones que hay dentro de la educación con un poder increíble y que hacen lo que quieren? Todo esto tiene dificultades de todo tipo y es muy amplio.

¿Y por qué cree que no se acompaña? ¿Por comodidad?Porque somos así. Indolentes, cómodos, con poco ánimo de renovación. Yo me incluyo.

Usted es de izquierda pero no está alineado políticamente. Por ejemplo, no apareció en los avisos de campaña del Frente Amplio. ¿Por qué tiene esa distancia? No es distancia. Yo me manifiesto tanto en mis canciones como en entrevistas, de mil maneras. Pero no quiero ser explícito, no quiero defender ninguna bandera en particular, no quiero formar parte de un grupo político, de un sindicato, de un cuadro de fútbol. No quiero formar parte de un colectivo. Soy un individuo que tiene el privilegio de poder manifestarse, de poder hacer arte, en este caso canciones, que la gente compre mis discos, me escuche, vaya a los recitales. Y hago eso con mucho cuidado, con mucho compromiso, porque pretendo comunicarme con toda la sociedad. Y no que venga uno y diga “a este no lo escucho porque es de derecha, porque es de izquierda, porque es de Peñarol, porque es católico”.

¿Qué opina de las políticas culturales del Frente Amplio?Se han hecho cosas buenas que antes no existían. Apoyos económicos a músicos, teatros, cine, a la plástica. Cosas buenísimas, como recuperar salas en muchas ciudades, cines que estaban abandonados, teatros derruidos. Hay cursos y becas de todo tipo, auspicios. Es una gran cosa.

En toda su obra hay influencia de artistas, como Osiris Rodríguez Castillo, Aníbal Sampayo, Alfredo Zitarrosa, Ruben Lena, muchos homenajeados en Canciones propias. ¿A quién considera una referencia hoy?No lo sé.

¿Hay alguien con quien le gustaría tocar?Martín Buscaglia.

Eso se dio el gusto de hacerlo en su último disco. ¿Cómo observa la música uruguaya?Yo qué sé. No es la música uruguaya en particular sino la música del mundo, del ser humano, que está un poco previsible. Entonces me despierta menos interés y curiosidad que antes porque es previsible. Las melodías, las letras, todo. Capaz que hago mal en decir esto, porque no estoy del todo informado y están pasando cosas increíbles que yo no me enteré. Por otro lado, tengo contacto con muchísima música uruguaya porque soy invitado a infinidad de discos. Eso me hace un bien bárbaro porque me salgo de mi proyecto musical, porque hace 40 años que no tengo una banda, soy yo que compongo, canto, y decido.  Ahí me tengo que ajustar a otro funcionamiento que ya existe. Eso me gusta, es muy refrescante y educativo. 

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