Otra novedad de lo viejo

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Nº1984 - al de 2018
por Facundo Ponce de León

Ya lo sé: necesitamos entender el futuro inminente. Ya lo sé: si no proyectamos hacia adelante, el presente pierde sentido. Ya lo sé: la mayoría de los trabajos van a desparecer en los próximos 10 años y la expectativa de vida sigue en aumento. Gente con un futuro laboral incierto, pero que seguro vivirá más años. Meditar y actuar sobre todo esto es necesario. Pero también hay que estar atentos a un tiempo antiguo que sigue operando. No hablo de nostalgia, no hablo de priorizar el pasado, hablo de algo más básico y fundamental: está lleno de cosas antiguas que son esenciales hoy.

Piensen en un chofer, uno de esos puestos de trabajo que tienden a desaparecer. Piensen en un cuaderno y una lapicera, dos cosas que hoy casi todos sustituimos por celulares y tablets. Piensen en el orden y la meticulosidad, algo que se valoraba, pero hoy se diagnostica como TOC (trastorno obsesivo compulsivo) y sobre el que se discuten terapias y medicamentos. Piensen, por último, en las tres cosas juntas. Tendrán así el puntapié inicial para descubrir la mayor trama de corrupción de la historia argentina.

Oscar Centeno llevaba a su patrón, Roberto Baratta (asesor del exministro Julio De Vido) de aquí para allá por Buenos Aires. Mientras lo hacía, tomaba notas. Su primera anotación fue el 2 de febrero de 2005. La última la hizo el 22 de octubre de 2015. Entre una y otra se completan 810 acciones descritas en ocho viejas cuadernolas que pueden cambiar la historia reciente del país vecino.

No puedo dejar de imaginar lo simple y antiguo de la tarea: abrir un block de notas y escribir una línea de lo realizado. En esas largas esperas que tienen los choferes, nada de chat, ni de YouTube ni de redes sociales: abrir el cuaderno y escribir. No hay innovación, ni empoderamiento, ni tecnología. La acción de Centeno marca toda la novedad de la Justicia argentina actual y lo que hizo no tiene nada de nuevo.

Hace 5.000 años que inventamos la escritura. El papel, tal cual lo conocemos y usamos, es un invento chino del siglo I. Choferes hay desde la época de los carruajes, aunque el término actual viene del francés y refiere a los que calentaban las locomotoras en el siglo XIX. Todas estas viejas prácticas llegaron al señor Centeno, que las seguía practicando igual que hace cientos y cientos de años.

Centeno era un ignoto funcionario público, había sido oficial de Ejército y ahora chofer asignado a un ministerio. Ningún visionario, ningún Robin Hood; un hombre sentado al volante que, mientras espera, escribe lo que ve. Ninguna estatura moral superior. No estamos ante un adalid de la justicia. Con las propinas de esos viajes compró una flota de siete autos que puso a nombre de su exmujer, también empleada del ministerio. Esa mujer se enojó con él y Centeno se asustó y le llevó los cuadernos a un amigo, que a su vez se los dio a un periodista. Miren todo lo antiguo que hay en la frase anterior: amor, ira, miedo, amistad y confianza.

Tampoco es nuevo el método del periodista Diego Cabot. Recibe la caja con los ocho cuadernos a inicios de 2018. Las estudia junto a otros colegas del diario La Nación. A pesar de todos los avances tecnológicos, para investigar se necesita tiempo, equipo y método. No hay atajos. Hoja por hoja, fecha por fecha, cotejar nombres, cargos, matrículas, direcciones. Ocho meses después: empezar a publicar y seguir ajustando. Otra vez: las viejas prácticas que siguen funcionando en la actualidad.

El 1º de agosto Buenos Aires amaneció con una orden del juez Claudio Bonadio de realizar 51 operativos simultáneos de allanamientos, dentro de los cuales había 34 inmuebles pertenecientes a empresas. Reparemos en toda la maquinaria estatal que se requiere para la operación: personas, vehículos, cajas, guantes, cofres, fotógrafos, peritos, máquinas... todo a raíz de las hojas escritas a mano por un empleado de poca monta.

Las ramificaciones de los cuadernos son tan tupidas que es casi imposible delimitar todas sus implicancias. Setiembre será un mes importante para avizorar cuán cerca estamos de conocer todas las piezas. Se necesitan también máquinas para procesar tanta información. Inteligencia artificial, algoritmos que ayuden a ir más rápido y descubrir más corruptos y coimeros. Bienvenida toda esa tecnología que surge por un hombre que escribía a mano en un cuaderno.

Dejo para el final otra cosa vieja: amistad y verdad. Cuando Oscar Centeno se asusta va a la casa de un amigo: Jorge Bacigalupo. Le entrega la caja y le dice que son anotaciones de cuando era chofer del ministerio. Nada más. Como en las amistades genuinas, Bacigalupo no pregunta. Silencio y confianza. Un amigo pide un favor y se hace. Punto y aparte.

Pero al poco tiempo, cuando Baratta es indagado por la Justicia, Bacigalupo le sugiere a Centeno que hago públicos los cuadernos. Centeno no hace caso al consejo del amigo, aunque le deja la caja. Entonces vuelve a suceder lo que le pasó a Aristóteles con su maestro Platón: elegir entre la amistad o la verdad. El estagirita en sus argumentos iba contra las enseñanzas de su mentor. Cuando se lo hicieron notar, dijo que lo importante es el compromiso con la verdad. “Amigo es Platón, pero más amiga es la verdad”, es lo que concluye en el libro VI de su Ética a Nicómaco.

Lo mismo, exactamente lo mismo que le pasó a Aristóteles en Grecia hace 2.367 años, le sucedió a Jorge Bacigalupo. Tuvo que optar. Y optó. Con sus 73 años a cuestas, en pleno verano porteño, el 8 de enero de 2018, cargó y entregó la caja con los cuadernos de su amigo. Lo hizo con una convicción: en los tiempos que corren es fundamental acercarse más a la verdad.

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