Facultad de Odontología. Foto: Nicolás Der Agopián

Profesor grado 5 de Odontología fue recontratado por la facultad tras renunciar por una denuncia de acoso sexual a una pasante

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Nº2024 - al de Junio de 2019

A fines de octubre de 2014, Dahiana trabajaba como pasante en un espacio de comunicación de la Facultad de Odontología de la Universidad de la República (Udelar), mientras Alfredo Machado, profesor grado 5, se desempeñaba como asistente académico del entonces decano, Hugo Calabria. Debido a sus funciones —organización y difusión de eventos—, la pasante trabajaba en estrecho contacto con la oficina del Decanato. En ese contexto, Machado solía dirigirle comentarios del tipo “qué linda que sos” o “qué lindo te queda eso que te pusiste”. A veces también le dedicaba “piropos” con doble sentido, “subidos de tono”. Pero ella, aunque incómoda, le restaba importancia.

El doctor era entonces un odontólogo jubilado, de 74 años de edad, con extensa trayectoria en la facultad y cargo de confianza del decano. La pasante, que entonces estudiaba Relaciones Públicas, tenía 22.

“Yo no le prestaba mucha atención porque era muy joven, no tenía mucha experiencia y tampoco imaginaba que una persona de setenta y tantos me fuera a llevar la carga así, tan descaradamente”, contó Dahiana a Búsqueda. La joven, que pidió la reserva de su nombre completo, pasaba por una situación familiar complicada y el doctor “se mostraba atento” y tenía “detalles” con ella. “Él siempre me decía que lo tomara como un abuelo protector, que solo me quería ayudar”.

Un jueves de octubre de aquel 2014, ella se encontraba trabajando sola en su oficina cuando el doctor la abordó y “del piropeo injustificado” pasó al contacto físico. “Me arrinconó y se me tiró encima para darme un beso”, relató ella, que, a la fuerza, logró apartarse. “No pasó a mayores porque yo reaccioné en el momento; lo empujé y me lo saqué de arriba”. Enseguida, “él reconoció que había estado mal; pero fue algo muy chocante”. Y ella no sabía qué hacer.

Aún shockeada, se dirigió al cuarto piso de la facultad para contarle lo sucedido a Ema Montes, directiva sindical de la facultad, que integró comisiones de acoso. Según dijo Montes a Búsqueda, la situación de Dahiana “encuadra en una clara situación de acoso sexual”. Pero en ese momento no lo denunció en el gremio de los funcionarios no docentes, a la espera de la “responsable” del departamento de Comunicación, María Cosentino, que se encontraba fuera del país.

Montes confirmó el relato de la joven y dijo que “sufrió un daño muy grande”, por lo que recibió asistencia psicológica.

“Quedé un tiempo bloqueada por esto. Aprendí que después de un caso de acoso sexual, además una debe soportar el hostigamiento social: el entrar a la cantina y que te miren como bicho; o someterte a los comentarios en los corredores, porque ‘algo habrá hecho’, porque ‘se viste de tal manera’ o porque ‘es muy simpática’… Fue horrible. Me costó recuperarme. Y si ahora cuento esta historia es porque pude rehacer mi vida, pero también para que otras personas no tengan miedo y se animen a hablar, o por lo menos se sientan menos solas”, dijo Dahiana.

Machado negó haber acosado sexualmente a la joven. Al ser consultado por Búsqueda, el profesor dijo que se trató de un “malentendido”, luego del cual renunció al cargo de asistente del decano y se desligó “totalmente” de la facultad. Antes, desmintió la versión de la joven y le restó relevancia al caso. “Por suerte eso lo recuerdo bien, y estoy seguro de que no pasó absolutamente nada. Ni siquiera ella planteó... nada. No hubo ningún problema. No intenté besarla. ¡De ninguna manera! Yo respeto muchísimo a las mujeres. Hubo un malentendido”, insistió.

Dijo que su renuncia se debió a “cosas privadas”, ya que “nadie” le pidió que lo hiciera. “Yo hacía años que estaba jubilado de la facultad y, bueno, me encontré con ese malentendido y, para no hacernos mala sangre… se aclaró todo; la facultad aceptó la renuncia y yo me desvinculé”, contó.

Y luego agregó: “Si mi versión de los hechos sirviera para algo... pero no sirve para nada. Yo tengo la conciencia totalmente tranquila y doy por terminado esto. Ella necesitaba ayuda y yo la apreciaba mucho. Y bueno, malentendió el caso”.

El caso llegó a oídos del decano. Calabria se mostró “muy afectado”, por tratarse de un colega suyo y persona de confianza. Fue una situación “delicada” que tomó a la facultad “por sorpresa”. “El Consejo lo manejó bien y decidió lo que tenía que hacer en estos casos”, comentó Calabria a Búsqueda: “Ante la mínima duda, se resolvió expeditivamente, y ninguna de las partes reclamó nada: él presentó su renuncia al cargo y no trabajó más en la facultad; y ella siguió hasta que cumplió su ciclo” en el servicio.

El 13 de noviembre de 2014, el Consejo aceptó la renuncia de Machado por unanimidad (9 en 9), a partir del 1º de diciembre de 2014. Según el expediente, los consejeros agradecieron al profesor los servicios prestados a lo largo de su “excelente” trayectoria universitaria.

A Dahiana le venció el contrato de la pasantía el 15 de marzo de 2015.

Un mes después, el mismo Consejo de la facultad designó a Machado para integrar un “grupo de trabajo interórdenes”, con representación del Decanato, a fin de “avanzar en el estudio del proyecto de Modificaciones al Estatuto del Personal Docente de la Udelar, en decisión también aprobada por unanimidad.

Pese a haber sido designado, Machado no se integró a la comisión honoraria, según confirmó Calabria.

Dahiana afirmó que lo que hicieron con ella “no fue justo ni ético”. “Primero taparon todo el episodio para evitar el escándalo público. Me dijeron que me quedara tranquila, que él no iba a trabajar más ahí; y por eso no denuncié el caso. Pero a los meses lo llamaron para ocupar otro cargo de responsabilidad” en la institución, cuestionó.

Cosentino, la exfuncionaria del departamento de Comunicación de la facultad, ratificó la versión de Dahiana, y dijo más: “En aquel momento hubo confesión de parte del doctor. Él mismo confesó el hecho ante el Consejo de la facultad”.

Según Cosentino, “eran otros tiempos”, no existía la “sensibilidad” que existe hoy por las situaciones de acoso laboral o sexual; tampoco se la quiso “exponer” a la joven, y “se acordó con ella dejar el tema por ahí”. No obstante, valoró como “ejemplarizante” la decisión de la facultad de apartar al asistente personal del decano. Agregó que Dahiana recibió ayuda de La Casa de la Mujer de la Unión, dirigida por la psicóloga y especialista en violencia de género Mabel Simois, y de Mujeres de Negro.

Calabria, que recientemente cesó como prorrector de Gestión Administrativa  —donde se ocupó de la Comisión de Prevención de Acoso de la Udelar, que desde 2013 recibió más de 150 denuncias de todos los servicios—, señaló que “se está trabajando fuerte en este tema” y que “por suerte” se decidió darle más rubros a la comisión especializada y conformar un equipo técnico, como anunció el rector Rodrigo Arim, el martes 4, durante la última sesión del Consejo Directivo Central de la Universidad.

En Odontología se denunciaron cuatro casos de acoso en estos años, según el informe de la comisión. “Recuerdo un par que se resolvieron; otras denuncias no se plasman y algunas se acomodan con el tiempo, porque la gente acuerda y deja de ocasionar problemas y para la institución el tema queda solucionado”, explicó Calabria.

La asamblea general del Centro de Estudiantes de Odontología reclamó el 8 de marzo al decano Raúl Riva la puesta en marcha “de manera legítima” una comisión y un protocolo de acoso en la facultad. Los estudiantes expresaron su “profundo rechazo con las reiteradas situaciones de violencia y de acoso que perjudican la vida diaria institucional”. 

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