Juan Sartori. Foto: Nicolás Der Agopián

Los militantes no son “como ovejas a las que se las mueve de un corral a otro” y los millones no garantizan votos, porque “la plata no define a quién sigue la gente”, dice el precandidato blanco

Sartori confía en que puede ganar las elecciones porque las “estructuras” partidarias no son “tan importantes como antes”

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Nº1999 - al de Diciembre de 2018
entrevista de Federico Castillo y Guillermo Draper

Cuando uno lo escucha hablar, se hace difícil encontrar el origen de su acento. Parece sacado de ningún lado o de muchos a la vez. Una voz neutra. Pero Juan Sartori, el multimillonario empresario que quiere ser presidente, dice que tuvo la “inmensa suerte” de nacer en Uruguay, que a pesar de residir la mayor parte de su vida en el extranjero hizo “patria” a su manera y que ahora quiere ser “útil” a su país. Aunque admite que nunca votó al Partido Nacional, dice que eligió esa colectividad como plataforma política porque es la que está más en sintonía con su proyecto y visión. Aun cuando sabe que tuvo una bienvenida hostil, su foco programático lo pone en el trabajo. O mejor dicho en el desempleo. Dice que es el tema que más le preocupa y exhibe recetas y modelos empresariales para dinamizar la economía, atraer inversiones, y sacar del pozo a la clase media que “vive con lo justo”. Confiado en que inicia un cambio de vida que terminará en la política, destaca que en los últimos meses vendió 10 empresas para sentirse libre en una nueva etapa a la que dedicará el cien por ciento de su tiempo. “Es una decisión seria. Y lo hago porque estoy convencido de que es un momento bisagra y crítico para el Uruguay”.

Lo que sigue es un resumen de su entrevista con Búsqueda

—¿Por qué un millonario que ha vivido la mayor parte de su vida en el exterior decide lanzarse como candidato a presidente?

—Hay temas ahí personales y de mi historia. Mi actividad siempre fue empresarial y a veces las cosas le funcionan a uno mejor de lo que tenía pensado. Entonces llegué relativamente más rápido que otra gente y empecé a preguntarme ¿y ahora qué sigue? ¿Por dónde sigo? ¿Cómo puedo ser más útil? Trabajar por Uruguay es una cosa que siempre hice, desde lo empresarial, y ahora en lo político. No es que haya un cambio muy grande. Siempre traté, cada vez que pude, de hacer patria a mi manera, entonces armé empresas acá, traje inversiones acá, generé empleos acá. Y pasé gran parte de mis últimos 15 años en Uruguay. No vine de un día para el otro. Para mí fue juntar un momento personal de mi vida, donde lo otro ya era satisfactorio para mí, y dedicarle más tiempo a mi país, a los demás. Y seguramente sea el resto de mi vida más en ese ámbito. Por supuesto que lo empresarial me da la experiencia, pero también la libertad de poder dedicarme a esto sin comprometer ideas, sin algunas de las presiones que a veces precisan un cargo…

Dice que lo que lo mueve es eso de devolverle algo al país. ¿Uruguay le ha dado mucho a usted?

—Yo tuve la inmensa suerte de nacer en Uruguay. De tener mi familia acá. Me dio siempre mucho el país. Y siento adentro de mi corazón que al final de mi vida lo más importante es lo que haya hecho para Uruguay. Y no cuántas empresas, cuánta plata haya hecho. No fue una decisión fácil. Porque seguramente más tranquila era la otra vida, y aprender algo de cero nunca es fácil. Estoy en esa fase.

—¿Por qué eligió al Partido Nacional como su plataforma política?

—Hasta hace poco nunca había militado en política. Tenía ciertas ideas, pero cuando decidí participar, vi que en el Partido Nacional me sentía más en sintonía con el proyecto y visión de país. Estudiando la historia me parece que el Partido Nacional era el que me atraía con más convicción. Estudiando el momento histórico del país, creo que el Partido Nacional está en un buen momento para implementarlas ahora con las amenazas que estamos viendo.

También hay quienes dicen que eligió al Partido Nacional porque es el que tiene más chance de ganar en la oposición.

—Hay gente que dice muchas cosas. Yo cuando estudié cómo hacer este proyecto fue donde me sentí mejor. Ya sabrán que en el pasado he apoyado al Partido Nacional también…

"Hasta hace poco nunca había militado en política. Tenía ciertas ideas, pero cuando decidí participar, vi que en el Partido Nacional me sentía más en sintonía con el proyecto y visión de país".

—¿Lo votó alguna vez?

—No, no voté porque estaba en el exterior. Siempre me tocó ver el partido por televisión el día del voto. Pero sin el voto apoyé al Partido Nacional en el pasado, tenía un vínculo.

—¿A nivel económico lo apoyó?

—Sí, sí, a nivel económico o de ideas, de tiempo, de documentos, de contactos. Siempre traté de aportar algo.

Hay otros que tienen pasado empresarial y han iniciado la aventura política, como Edgardo Novick, pero que decidieron formar su propio partido. ¿Eso le parecía inviable?

—No, yo respeto la posición de cada uno. Y tengo mucho respeto por los partidos políticos en Uruguay. Hasta tengo respeto por los políticos en sí. No planteo un discurso antisistema, que hay que terminar con todo eso. Los partidos tienen mucho valor en la democracia uruguaya. Entonces, nunca me imaginé eso de armar un partido o hacer algo por fuera del sistema. Para mí era muy importante ser parte de una estructura que tiene valores, historia y tradición. Y aportarle a eso una visión nueva, un empuje. Si puedo aportar con lo que pueda para que el Partido Nacional crezca y sea gobierno el año que viene... es mi ambición. Por supuesto que estoy en la interna para ganarla y vamos a competir en buena ley. Si no estamos unidos y nos andamos peleando durante seis meses, va a ser muy difícil ganar la batalla que viene después. He tratado de evitar, y no siempre ha sido fácil, no ofender, no agredir.

—Eso no condice con la hostilidad con la que lo recibieron en el Partido Nacional.

—Solo puedo controlar mi propia vida, mi propia visión y mi propia propuesta. Creo que hasta ahora se ha visto que es una propuesta que respeta a todos y que no hace política dañando. Cada uno puede decir lo que quiera, pero mis instancias de diálogo y formales con el Partido Nacional siempre fueron buenísimas. Más allá de comentarios de dirigentes, que son dueños de sus palabras, nunca sentí que el Partido Nacional tenía otra visión que la de apertura a cualquier candidatura que cumpla con los requisitos. No vivo enfocado en los que hablan mal.

—¿Se sintió bienvenido cuando se presentó en la sede del Partido Nacional?

—Sí, muy bienvenido. Creo que en ese momento era muy importante para mí plantear que yo tenía ciertas instancias, y que siempre las cumplí sin faltarle el respeto a nadie y sin ánimos de hacerlo sin el acuerdo del partido. Yo estaba en una instancia personal —que entre paréntesis se aceleró porque ustedes sacaron la información de mi precandidatura— pero yo quise cumplir con mi etapa personal y después validarla con la agrupación que me representaba y con el proyecto definido presentarlo en el Partido Nacional y hablar con los otros precandidatos.

—Alguna de las hipótesis que se manejaron cuando Búsqueda anunció que usted quería ser precandidato fue que todo era una maniobra del expresidente José Mujica para complicarle la existencia al Partido Nacional. Incluso lo dijo públicamente la senadora Carol Aviaga.

—Sí, se dijo eso y cien cosas más. Escuché cualquier historia de complots y conspiraciones...

Que los rusos están detrás su candidatura, por ejemplo.

—De todo.

"No creo en esa idea de las estructuras sólidas y eso de los militantes como ovejas a las que se las mueven de un corral a otro. Hoy la gente decide. No sé si las estructuras son tan importantes como antes".

–¿Pero con Mujica qué pasó? ¿Hubo una charla?

—Soy de escuchar mucho y pedir muchos consejos. A cualquier persona con la que me encontré le pregunté qué le parecía. Porque es una cosa nueva, distinta. Entonces, cuando tuve la oportunidad de reunirme con Mujica y preguntarle qué le parecía como expresidente y conocedor de la vida política uruguaya, lo hice, y me contestó, y fue una instancia que a mí me sirvió mucho. Pero a esta altura de mi vida, con las cosas que he logrado, no me presto a maniobras de nadie. Es una decisión independiente, que no depende de nadie más que de lo que yo tengo ganas de hacer.

—¿Le fue a pedir un consejo a Mujica?

—Me lo crucé ahí en Italia…

No, bueno, lo fue a buscar en avión.

—Bueno, estaba por ahí, en Europa, y lo fui a ver.

—¿Y le quedó algo sustancioso de ese diálogo, algo que pueda aplicar en su incipiente vida política?

—Y el consejo principal fue que si me gustaba y sentía que era importante, tenía que hacerlo.

Siguiendo con el tema de los ataques que recibió de sus nuevos correligionarios, el diputado Jorge Gandini dijo en una entrevista en En Perspectiva que usted llegó y empezó a comprar dirigentes de otros sectores, que les ofreció pagarles la campaña.

—De vuelta, no puedo opinar sobre lo que dice la gente. Cada uno dirá lo que quiere. Llegué y recorrí todo el país porque me interesaba escuchar a la gente, sean dirigentes o no. En la recorrida me reuní con muchos dirigentes, a ninguno le planteamos un tema político. Fue para escuchar. No quiere decir que ya haya agrupaciones a las que les gustaría apoyarnos, incluso antes de que oficializara la precandidatura.

—¿Ya se han sumado dirigentes que pertenecían a otros sectores?

—Y se van a sumar muchísimos más. No creo en esa idea de las estructuras sólidas y eso de los militantes como ovejas a las que se las mueven de un corral a otro. Hoy la gente decide. No sé si las estructuras son tan importantes como antes. Por suerte en Uruguay hay libertad total. Nadie es dueño de nada ni debería sentirse dueño de eso, ni dirigentes de electores ni agrupaciones de dirigentes.

—En ese sentido, el temor que hay entre los políticos, y que quizás ocurrió con Novick, es la billetera: que venga alguien con plata y que seduzca no por ideas, sino por dinero.

—Pero eso no funciona en ningún rubro del mundo. ¿Cuántos equipos del mundo tienen más plata que cualquiera y no ganan nunca nada? En cualquier rubro, y aún más en la política, la plata no define a quién sigue la gente. Yo sí tengo libertad personal de hacer esto sin buscar un cargo o acomodarme para mañana terminar en cierto lugar. Eso me da más libertad. Pero es en el marco del juego que tenemos todos los partidos. No creo que sea una ventaja competitiva de nadie. Si no, ganaría siempre el que tiene más recursos.

"Creo que habría que hacer muchísimos acuerdos comerciales con más países en el mundo. No todo es aplicable, pero Suiza está en el espacio económico europeo pero tiene más de 120 acuerdos bilaterales de comercio que le sirven. Uruguay debería estar haciendo eso".

—Otra cosa a la que se apuntó fue a su relación con el exprosecretario de Presidencia Diego Cánepa.

—No, ahí misma historia. Imagínense una empresa que yo armé y fue de las más grandes de Uruguay. Con más facturación, con más empleados, con más actividad. En mis empresas nunca discriminé por ideología política, nunca. Se contrataron los profesionales que eran necesarios para cumplir un trabajo sin conflicto de interés ninguno y sean de la ideología que sean. No creo en esa discriminación, me parece malísimo. Entonces que sea Cánepa o quien sea. Aquí se contrató a un profesional y no tiene ningún vínculo más que ese.

—¿Él trabajó durante 2017 y nada más?

–No sé, pregunten a… yo en casi ninguna de las empresas estoy ni en el directorio ni el management. Entonces, no soy el que toma las decisiones de contratar o no contratar o mantener o no mantener.

—¿A Cánepa no lo contrató usted entonces?

—¿Y trabajo para mí personalmente? No. Esa es la otra, es como decir que yo tengo deudas. Hay que diferenciar: las empresas, las entidades jurídicas, los accionistas y quién trabaja para qué, de qué manera, como empleado, como asesor puntual. No tengo problema con que se siga usando cualquier información para hablar de mi políticamente. Pero me parece que es injusto. Si algo he tratado de hacer es que casi todas mis empresas cotizan en bolsa, por ejemplo. No existe control o transparencia más grande que eso. Estoy acostumbrado a la transparencia.

—¿Se puede delinear un poco su proyecto político? ¿Qué contenido tiene?

—Uruguay tiene una potencialidad enorme. Tenemos todo para vivir mucho mejor. Hay problemas para resolver. Yo no digo que todo está mal, pero hay cosas para mejorar. Está claro que hay un problema con la inseguridad, con la educación. Creo que en general hay un problema que me preocupa más que es el del trabajo. Después de unos momentos muy buenos donde se generó una clase media, pero que ahora que la economía está enlenteciéndose vive con lo justo. Hubo 60.000 trabajos perdidos en el último año, un Estadio Centenario entero. Por eso para mí la prioridad es la de dinamizar el país para generar más trabajo.

—El diagnóstico está claro, pero ¿cómo se soluciona?

—Y ahí es donde yo tengo experiencia. Porque creo que una economía que funciona, con inversiones, con un país conectado al mundo, tiene muchas más posibilidades de crecer. Lo veo a veces en nuestra actividad empresarial, que viene una inversión, armamos lo que sea, una fábrica de lo que sea, son 200 empleos, y un pueblo entero levanta con eso. Y a nivel del Uruguay hablamos de inversiones que vienen cada 20 años y nos cambian todo. ¿Por qué no podemos generar, con la ventaja competitiva de Uruguay que es la seguridad jurídica, que es la confiabilidad, muchísimas más inversiones que respeten las leyes del país pero que generen trabajo?

—¿Su principal apuesta es atraer inversiones?

­—Bueno, eso es lo que conozco.

—¿Hay que aplicar cambios en la economía? Porque el gobierno actual se promociona como que hace justamente eso: un país abierto al mundo…

—Creo que habría que hacer muchísimos acuerdos comerciales con más países en el mundo. No todo es aplicable, pero Suiza está en el espacio económico europeo pero tiene más de 120 acuerdos bilaterales de comercio que le sirven. Uruguay debería estar haciendo eso. Una política exterior más dinámica.

"Todos los gastos y las actividades del Estado, aunque sean empresas privadas del Estado, tienen que estar a la luz de todos. Y tienen que poder medirse con métricas. Y es relativamente fácil saber si es eficiente, si está haciendo las cosas bien comparado con sus comparables".

Se habla de la necesidad de un ajuste fiscal al comienzo del período porque los números están complicados.

—Ahí veo una diferencia con los proyectos que hay hoy en la mesa. Por un lado, como los números están complicando porque la economía baja, sigamos subiendo los impuestos, que termine de matar todas empresas y que se terminen de matar todas las empresas y no hay más actividad económica y no queda plata ni para repartir. Hay un momento en que ese modelo se tranca. Que es el que veo de la continuación de las políticas del Frente Amplio. Después hay otro modelo que dice “como no hay plata, empecemos a recortar”; ese modelo puede funcionar en una empresa, pero no es aplicable a un país. Se arregla por tres lados: o creciendo los ingresos, o bajando los gastos o seguir redistribuyendo. Mi visión es la de que crezca el país y darle más dinámica. Eso permite levantar todos los barcos. Una economía que funcione seguramente tenga impacto positivo sobre la inseguridad, sobre la infraestructura.

—¿Y los monopolios de las empresas públicas hay que tocarlos?

—Hay un tema ahí que es la transparencia. Yo creo que todos los gastos y las actividades del Estado, aunque sean empresas privadas del Estado, tienen que estar a la luz de todos. Y tienen que poder medirse con métricas. Y es relativamente fácil saber si es eficiente, si está haciendo las cosas bien comparado con sus comparables.

—¿Hay que desmonopolizar empresas para atraer inversiones?

—Creo que si funcionan bien no es necesario. Depende cuál. Hay casos muy distintos. Ancap creo que es obvio y no tengo ni que mencionarlo. Tener un monopolio que pierde plata, que le cuesta plata a todos los uruguayos, y que además genera ineficiencias enormes en todos los sectores, no hay ninguna duda. Estoy estudiando cómo se puede reorganizar eso para que funcione. Creo que se pueden implementar sistemas de transparencia como si estuvieran cotizadas en bolsa.

Sobre el tema de la seguridad: hay quienes proponen, por ejemplo, aumentar las penas. ¿Cuál es su postura?

—Me reuní mucho con policías. Y hoy hay temas prácticos que les hacen difícil su trabajo. No todo es cuestión de equipamientos o de cantidad de policías. Se ha perdido la motivación de la fuerza policial. Y parte de eso está asociado al sistema judicial, que no funciona muy bien. Hay problemas estructurales que se puedan trabajar de manera pragmática.

—¿Es partidario de la reforma que propone el precandidato Jorge Larrañaga, que haya militares patrullando las calles?

—Lo estuve estudiando. Creo que hay propuestas que pueden ser buenas. Tengo pendiente reunirme con él, me interesa ver en detalle las propuestas. No tengo todavía una visión clara.

"No todo es cuestión de equipamientos o de cantidad de policías. Se ha perdido la motivación de la fuerza policial. Y parte de eso está asociado al sistema judicial, que no funciona muy bien. Hay problemas estructurales que se puedan trabajar de manera pragmática".

—¿Cuándo tiene previsto lanzar un plan o programa más concreto?

—Alrededor de marzo.

Está en un partido que ha cuestionado la agenda de derechos. ¿Cómo se para usted frente a las leyes del aborto, la marihuana, el matrimonio homosexual?

—En eso puedo ser muy claro. Es una agenda que correspondió a un momento de progreso social, está bien, ya está, fue votada, es ley y no pienso perder el tiempo en cambiarla. Para mí, las prioridades están en otro lado.

—¿Qué va a ser de la vida política de Sartori si queda a mitad de camino en las internas?

—Primero, que yo hago esto para ganar. No lo hago para conseguir un senado o un cargo. Voy a darlo todo para ganar las internas y después la presidencial. Después puede pasar cualquier cosa. Lo que quiero es ser útil al Uruguay. Ya me dirán o diré yo cómo. Si la manera más útil es siendo senador, seré senador. Si es trabajando en el partido, lo haré.

—¿Se ve como senador?

—Por mi perfil sería algo en donde tendría la menor experiencia. La experiencia la tengo a nivel ejecutivo. Eso es algo que debería aprender de cero. Pero quizás lo aprenda y sea bueno en eso.

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