Eduardo Mateo. Foto: Horacio Bonilla

Se estrena Amigo lindo del alma, documental de Daniel Charlone sobre Eduardo Mateo

Tersura de mi candil

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Nº2034 - al de Agosto de 2019
Javier Alfonso

“Genio es una palabra muy especial. Creo que nadie sabría definir bien qué es”, dice Fernando Cabrera. Guilherme de Alencar Pinto agrega: “Tener ideas poco comunes, tan buenas, y tantas. Eso es la genialidad. Era un talento fuera de lo común”. Y aparece Jaime Roos para cerrar: “Una cosa es ser un talento y otra cosa es ser un genio. Un genio hace cosas inexplicables”. En apenas 23 segundos, Daniel Charlone logra presentar el personaje demostrando buen dominio del montaje. Apenas pasaron los diez minutos de Amigo lindo del alma y ya hubo de todo. Estela Magnone ya cantó Siestas de Mar de Fondo en versión electrónica junto al Colectivo Remezclación y ya contó una anécdota que une una guitarra prestada (y no devuelta) con el aterrizaje de un plato volador. Ya sonó Y hoy te vi, esa increíble balada errática y alienada, pero transformada por La Triple Nelson en una furibunda descarga rockera.

El formato es atípico: se lo podría definir como un documental periodístico-musical. Tras más de ocho años de trabajo (el proyecto ganó el primer premio en el FONA en 2011) y después de 30 años con la idea en la cabeza de su realizador, hoy jueves 22 se estrena Amigo lindo del alma, filme que en 75 minutos recorre la vida y el legado de Eduardo Mateo, a través de testimonios periodísticos y de 12 versiones de sus canciones arregladas y grabadas especialmente, e interpretadas por más de 40 músicos. Y el equilibro entre información biográfica, opiniones subjetivas y emoción es óptimo.

Es el debut de Charlone tanto en la dirección como en la producción. Trabaja desde hace más de 25 años en publicidad, en Uruguay y en la región, y ocasionalmente desempeñó tareas de producción en filmes como El viaje hacia el mar y Ceguera, de la cual su hermano, César Charlone, fue director de fotografía. Pero ahora sabemos que es un caballero guiado por un muy buen gusto musical, que lo llevó a dedicar más de medio metraje a la notable banda sonora, que en breve se publicará en CD y plataformas. Y lo bien que hizo. Porque allí radica gran parte del valor del filme: la herencia que Mateo dejó en la música uruguaya, con excelentes estándares audiovisuales, en sesiones grabadas en salas teatrales y estudios de grabación, con una cuidada puesta de luces, al estilo de un recital. Consecuencia: los intérpretes se entregan como si estuvieran en el Solís, comprometidos con la posteridad que les ofrece esta obra.

Charlone detalla los rasgos contradictorios del personaje, que lo embarcaron en esta nave. “Muchas personas hablaban de Mateo como un gran creador e innovador, y por otro lado incomodaba a otros tantos con sus actitudes, que no se ceñían a lo que cabría esperar de un músico consolidado. Esa tensión entre la leyenda de su talento y el enigma de su personalidad, en el contexto de un presente poco auspicioso, lo hacían un personaje sumamente atractivo de observar”.

Muchos de los testimonios, como los antes mencionados y los de Alberto Mandrake Wolf, Macunaíma, Diane Denoir y su hermana Teresa, coinciden en el perfil desajustado de Mateo a la vida en sociedad y al mismo tiempo su obsesión por la perfección y la pureza en su búsqueda musical. Ese proceso de alienación se fue acrecentando con el tiempo y el filme no esquiva el bulto al reflejar los avatares que lo llevaron a pasar sus últimos años como un mendigo errante.

En Amigo lindo del alma vemos a Fernando Cabrera solo con su guitarra en Lo dedo negro; Hugo Fattoruso al piano en La casa grande; una versión de Quien te viera por Litto Nebbia —gran logro—; Jacinta por el chileno Joe Vasconcellos; La chola por Urbano Moraes; Nene, a cargo de Mateo x 6; Nombre de bienes en versión de Alberto Wolf y Los Terapeutas, y Cuerpo y Alma, por Mariana Ingold (otro hallazgo, ya que actúa muy poco), con la enorme presencia del guitarrista Leonardo Bolsa Amuedo.

Párrafo aparte merece la versión colectiva del tema que da nombre al documental, cantada a coro por una docena de los músicos participantes en el filme. Es una excelente elección porque encierra gran parte de la dimensión insular de Mateo. A más de 40 años de su grabación, en Mateo y Trasante, su llevada de guitarra sigue siendo uno de los grandes misterios de la música uruguaya.

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