Tiempo de reformas

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Nº1986 - al de Septiembre de 2018
por Pau Delgado Iglesias

La Iglesia católica viene enfrentando, desde hace tiempo, fuertes acusaciones de diversa índole que resultan cada vez más difíciles de negar. En los últimos meses han tenido lugar una serie de acontecimientos a escala internacional que desestabilizan fuertemente la credibilidad de la institución eclesiástica.

Tanto en su visita a Chile en enero de este año, como en su visita a Dublín el 25 y 26 de agosto, el papa Francisco se enfrentó a las críticas de miles de víctimas de abuso sexual por parte de curas católicos en esos países. A pesar de que en ambas ocasiones el Papa “imploró perdón” por las agresiones cometidas por los sacerdotes, las víctimas dicen no sentirse satisfechas: siguen esperando que, además de palabras, haya acciones.

Algunos días antes de la visita del Papa a Irlanda, el martes 14 de agosto, se había dado a conocer en Pensilvania, Estados Unidos, una investigación judicial que acusa de pedofilia a más de 300 curas e identifica a más de 1.000 víctimas (niños, niñas y adolescentes) por abusos ocurridos desde 1947 en seis diócesis de la Iglesia católica en ese Estado. En el informe se habla de un “encubrimiento sistemático” de estas situaciones por los líderes de la Iglesia (tanto de Pensilvania como del Vaticano), quienes priorizaron siempre “proteger a los abusadores” y mantener “limpia” la institución. Como consecuencia de tantos años de encubrimiento, la mayoría de los casos ya no pueden ser juzgados, por ser demasiado antiguos.

Por otro lado, el 26 de agosto, el exarzobispo norteamericano Carlo María Viganò, hacía pública una carta en la que pedía la renuncia de Bergoglio, por el encubrimiento en el caso McCarrick (el cardenal acusado de abusar de un adolescente mientras se desempeñaba como sacerdote en Nueva York, a comienzos de la década de 1970). Las acusaciones a McCarrick —que renunció en julio de este año— fueron hechas públicas en junio por el actual arzobispo de Nueva York, pero según Viganò, Bergoglio estaba en conocimiento de esto ya desde el año 2013.

La cantidad abrumadora de casos de abuso sexual por parte de curas católicos, así como su repetido encubrimiento, hacen evidente la necesidad de repensar las estructuras de poder autoritarias imperantes en el Vaticano. Tal vez no sea casualidad que la Iglesia católica sea de las instituciones occidentales que mejor conservan una estructura patriarcal a rajatabla, en la que las mujeres son prácticamente invisibles.

En relación a este tema, es interesante mencionar la publicación del suplemento mensual Mujeres, Iglesia, Mundo, del diario oficial del vaticano L’Osservatore Romano, que en marzo de este año reveló la situación que viven muchas mujeres dentro de la estructura eclesiástica: describiendo las condiciones de “semiesclavitud” que sufren las monjas, tratadas como “sirvientas” por obispos y cardenales, y forzadas a cocinar y a limpiar a cambio de prácticamente ningún pago. Aunque sorprende que una publicación oficial del Vaticano haya osado hacer pública la explotación sistemática de las monjas en la Iglesia, probablemente el fortalecimiento del movimiento feminista a escala global haya servido de estímulo para denunciar esta enorme desigualdad a la interna de la institución.

Está claro que cambiar estas estructuras de poder anquilosadas no es tarea sencilla. Como explica Silvia Martínez Cano (2018), presidenta de la Asociación de Teólogas Españolas, el cambio es muy complejo porque: “las transformaciones en la Iglesia suelen venir desde la jerarquía, es muy difícil cambiar desde abajo. Y el acceso de la mujer a la jerarquía es... ninguno”. Efectivamente, en la Iglesia católica las monjas no pueden acceder al sacerdocio ni a ningún órgano de poder, por más capaces que sean y por más formadas que estén.

Mientras los escándalos por pedofilia se multiplican y los abusos de poder patriarcal al interior de la Iglesia se hacen evidentes, la institución católica sigue perdiendo fieles: solamente en Uruguay, el porcentaje de católicos bajó de 60% en 1995 a 37% en 2015, según datos del Latinobarómetro. Además, diversas investigaciones muestran un “distanciamiento” de católicos y católicas de América Latina en lo relativo a las “normas de moral sexual impuestas por el Vaticano” (Miskolci & Campana, 2017). Un ejemplo claro de esto último es la situación que actualmente se vive en Argentina: después de haber visto a la Iglesia oponerse al proyecto de ley de divorcio en 1987, a la ley de matrimonio igualitario en 2010 y a la legalización del aborto en 2018, miles de personas bautizadas se han sumado a la reciente campaña de apostasía colectiva, con el fin de desvincularse totalmente de la Iglesia católica y pidiendo por la urgente separación de la Iglesia y el Estado.

Así las cosas, parecería que estamos frente a un momento excelente para que la Iglesia católica empiece a plantearse un proceso de reformas profundo, que le permita lentamente volver a ganarse la confianza de miles de fieles que, por todas las razones mencionadas, se sienten cada día un poco más alejados de sus instituciones.

✔️ La insistencia en atrasar

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