El restaurante coreano Arariyo, en Ciudad Vieja, es uno de los mejores exponentes de la gastronomía de esa comunidad

Un sabroso escondite

4min
Nº2024 - al de Junio de 2019
por Marcela Baruch Mangino. Fotos: Camila Montenegro

Sung Ja Kim o Sofía Kim, como se hace llamar en español, llegó a Uruguay hace ocho años para encontrarse con su marido Duk Gyu Kim, que desembarcó desde Corea del Sur con una agencia marítima. Si bien en su país Sofía tenía una taller de costura y solo cocinaba en casa, lo primero que hizo la pareja en Montevideo fue abrir Arariyo, un restaurante en el que ella prepara, a la vista del público, las recetas que aprendió de su madre y su suegra, y él atiende las mesas. “No tengo recetas escritas, están en mis manos, en la cabeza, grabadas en mi memoria”, confiesa. Durante años solo los visitaron coreanos, pero lentamente empezaron a aparecer turistas y locales para probar sus platos. 

Duk Gyu Kim y Sung Ja Kim.
Duk Gyu Kim y Sung Ja Kim.

El menú está lleno de fotos de los platos, como es común en Asia, y las descripciones están en coreano y en español. La mesa de dos de galería llegó un mediodía con una comensal experimentada que vivió más de dos años en Seúl. Al ver la carta, dijo: “Hay que tomar sopa de fideos, probar la sopa de kimchi y los mandu”. Duk Gyu, sorprendido gratamente ante el pedido, enseguida reconoció en esta clienta a alguien que conocía su cultura. En los restaurantes de extranjeros siempre se tiene la sensación de que si uno conoce su cocina o su lenguaje la atención cambia. En el caso de Arariyo, la amabilidad y la sonrisa de los Kim son las mismas para todos, lo que cambia es que se eleva el nivel de picante de los platos. En un español escaso ambos explicaron que los uruguayos comen más picante que antes, pero que la comida coreana no lo es tanto como la tailandesa, por ejemplo. Poder apreciar el sabor es muy importante para ellos. “80% de la carta no es picante”, afirmó el señor Kim.

A la una y media de la tarde el público del restaurante es uruguayo. “Los coreanos almuerzan a las doce y cenan a las seis”, dijo Duk Gyu. A esa hora también puede haber algún turista de origen variado, alojado o de visita en el hostel contiguo al restaurante, que lleva adelante el hijo de la pareja. 

La sopa de fideos es uno de los platos más comunes en Corea, se come en la calle, se lleva a casa como delivery”, explica la invitada de galería. Este plato consiste en un caldo sabroso, en el que flotan fideos más o menos gruesos hechos con harina de arroz. Sofía los trae de su país en un contenedor, junto a otros tantos ingredientes que utiliza en sus recetas. Es una preparación reconfortante, reparadora. 

Durante el almuerzo de galería, como es costumbre en la cocina coreana, incluso en la familiar, lo primero que llegó a la mesa es el banchan o panchan, que consiste en cinco o seis platitos pequeños con distintos bocados, vegetales cocidos, kimchi (repollo fermentado en ajíes y especias) y vegetales encurtidos. Este detalle es importante de recordar cuando se piensa en qué platos se ordenarán después, pues en esta gastronomía es común que las preparaciones sean abundantes, como para compartir entre dos o más personas. En las casas, por ejemplo, primero se toma sopa y después se preparan tres o cuatro recetas distintas todos los días y se sirven al mismo tiempo en la mesa acompañadas de arroz. 

La mayoría de los vegetales se comen salteados o cocidos al vapor, las carnes al wok con vegetales, y los cerdos y pollos muchas veces se sirven fritos con salsas agridulces. “Cocino con muchos vegetales”, afirma Sofía. A lo que su marido agrega: “A los uruguayos no les gusta la sopa. Los coreanos tomamos mucha sopa”. Se hacen a base de caldos, y pueden tener vegetales y/o fideos. En la carta también hay variedades de arroz frito, carnes cortadas en láminas finitas y salteadas con ají o verduras, salsa de soja y demás condimentos. Los fideos de mandioca salteados con verduras, según los Kim, también son un clásico, así como los platos con mariscos y el pescado.

Durante aquel mediodía que los visitó galería se probaron la sopa de fideos y la kimchi, los wantán al vapor (o mandu, pequeñas empanadas de cerdo y vegetales envueltas en una fina masa de harina de arroz), y una carne con vegetales y arroz blanco. “No servimos postres porque en mí país después de la comida solo tomamos té y comemos fruta fresca”, dice la señora Kim, por lo que solo ofrecen té o café al terminar la comida. Todos los platos de la carta que se probaron desbordan sabor, la frescura de una ciboulette recién picada, la salsa de soja, los ajíes. En palabras de la invitada de galería: “Este es el mejor restaurante coreano en Montevideo hasta ahora, y creo que los recorrí todos”.

Consejo

- Si le gusta la comida picante, avise al ordenar su plato, y si el picante no fue suficiente pida más, que le comparten una salsa casera.

- Si le gusta conversar con los dueños o los cocineros en los restaurantes con cocina a la vista, vaya con paciencia, el español de los Kim es bastante escueto.

- La puesta en escena de Arariyo no es distinta a la de otros restaurantes coreanos: ambientes muy blancos, mesas y sillas forradas en plástico e iluminación de tubo lux. No es el lugar para una cita reservada ni romántica.

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