Manuela da Silveira, Diego Delgrossi y Marcel Keoroglian hablan de hacer humor en Uruguay, el papel de las redes sociales y cómo incide la política en sus intervenciones

Vivir de la risa

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Nº2016 - al de Abril de 2019
Escribe Elena Risso. Fotos: Adrián Echeverriaga. Locación: Esplendor Hotel Cervantes

Las redes sociales cambiaron la forma de hacer humor. Un político dice algo desafortunado y al instante empieza a circular un chiste o su imagen modificada a través de Twitter o WhatsApp. Por eso los humoristas tienen que buscar la forma de romper con esa inmediatez, y elaborar propuestas de largo aliento.

También cambiaron algunos temas sobre los que se hace humor. Hoy, en 2019, es difícil que haya un espectáculo que se ría de un homosexual. El público exige y se hace notar; si no le gusta lo que escucha o ve, va a querer que el humorista lo sepa. Esas fueron algunas de las reflexiones que plantearon Manuela da Silveira, Diego Delgrossi y Marcel Keoroglian en una charla conjunta con galería a mediados de marzo.

Manuela da Silveira

37 años.

Durante abril presenta el espectáculo de stand up Crecer o reventar, dirigido por Victoria Césperes, los jueves a las 21 horas. 

Junto a Pablo Aguirrezábal, Federico Castiglioni y Ana Melazzi crearon el colectivo Venteveos, para impulsar una propuesta de humor sostenible, que incluya juegos, yoga y terapias alternativas.

Marcel Keoroglian

47 años.

Tiene un espacio en el programa Desayunos informales de Canal 12 y otro en el programa Las cosas en su sitio de radio Sarandí, donde uno de sus puntos fuertes son las imitaciones de políticos.

En el último Carnaval integró la murga Doña Bastarda.

Diego Delgrossi

47 años

Participa en el programa Consentidas de Canal 10.

Hasta junio presenta el espectáculo Nos vemos en las urnas, con libreto de Fernando Schmidt. Si bien Diego Delgrossi es reconocido por hacer imitaciones de políticos, aclara que en esta oportunidad no las hará porque está “harto”.

¿Es difícil hacer reír a los uruguayos? ¿Hay diferencia entre el público de Montevideo y el del interior? ¿Existe un límite para el humor? ¿Los humoristas se autocensuran? Sobre esas y otras preguntas conversaron estos tres referentes del humor uruguayo, en una entrevista en la que no faltaron las risas estridentes y los chistes como forma de responder rápido. 

¿Cuál es el límite para el humor?

MDS: Es como la libertad, cuando empieza la del otro. El barómetro mío es hasta dónde puedo hacerme cargo. Tato de imaginarme el escenario real: si digo algo o manejo determinado humor o temáticas que pueden generar que alguien me espere afuera, si luego me encuentro con él, ¿puedo sostener esa conversación con salud? Ese podría ser como el gran medidor. Me ha pasado de ir por un camino y que eso a través de las redes tomara otra dimensión. El otro día estaba hablando de “alejame la panera” como concepto, porque cualquier cosa que uno pone en la panera se devora y me empezaron a decir “no pensé que eras gordofóbica”. Fui diabética, la panera para mí tiene un concepto mucho más difícil. Entonces te genera que decís “no pongo ni una frase más”, porque sino todo es interpelado. 

DD: La abuela alemana de un amigo decía “¡A ustedes les hace falta una buena guerra y se les van todas las pavadas!”. Estamos en un estado de volatilidad que yo creo que en la pirámide de Maslow no estamos en el cuarto, estamos en el quinto escalón. El primero es poder respirar, estar bajo un techo y comer todos los días. El segundo es comer, vestirse y salir al entorno. El tercero es tener una casa digna. El cuarto es un yate, me voy a un avión a otro país  a comprar. Estamos en el quinto.

¿A usted lo han ido a esperar al canal?

DD: Me ha pasado que se haya generado un pequeño intercambio. Irónicamente lo hace la misma gente o muchos de los que luchan por igualdad, equidad, dejemos los rótulos, dejemos de decir gordo, dejemos de decir pelado, dejemos de decir puto. Toda esa gente o muchos de ellos son los que primero te caen a la hora de segregarte. O porque opinás distinto, o porque dijiste una cosa en tono de humor. Napoleón tenía una frase que decía: “Los bufones tienen libertades que los hombres de Estado no tenemos”. Podemos decir cosas que la gente no puede. No he tenido problemas porque no los he buscado. Pero el entorno es el que te condiciona, somos seres pensantes. Si te contrata la Asociación de Minusvalorados Motrices del Uruguay no vamos a empezar el monólogo con el famoso chiste del rengo y el león. La gente a veces nos sobreestima y al sobreestimarnos nos pone en la picota. Y somos artistas: a los artistas los vas a ver o no. Tenés derecho a opinar si pagaste la entrada, pero si no te gusta Les Luthiers no lo vayas a ver. Si no te gustan las malas palabras, no vayas a ver a Cucuzú o a Jorge Corona. “No me gusta el cubismo”, no vayas a ver a Picasso. “No me gusta ver gordos”, no vayas a ver a Botero. Es un artista, si no te gusta no lo mires.

MK: Mi ética es mi límite. No hago chistes para ofender a nadie. Después hago y digo lo que quiero. Sé que hay cosas que a veces van por el lado picaresco y de repente hay gente que quiere una intelectualización del humor y lo exige. A mí no me gusta mucho, hago lo que puedo hacer y en la televisión y la radio más que nada enfocado en lo popular, para la gente. No al que va a analizar un chiste, al que se va a reír.

¿Qué es lo que hace reír a los uruguayos?

DD: Depende del entorno y la hora.

MK: Y el uruguayo. Hay distintos ángulos. Las imitaciones pegan bien.

DD: Es tirar y gol. Pegan siempre. Nos gusta la sátira.

MDS: Hay una tradición de parodia, lo hizo Cacho (De la Cruz) en la tele.

DD: Sí, las parodias. Vienen amigos míos de Argentina a ver parodias. 

¿A ustedes qué los hace reír?

MDS: Tengo risa fácil. Lo que más me hace reír son los niños. Me parece que no tienen la intención de hacerlo, nosotros estamos trabajando en un chiste y viene un niño y lo crea. Son un manantial muy puro. También voy a ver a otra gente o compañeros, un poco sublimando porque no estoy arriba sufriendo yo (risas). 

DD: A mí me gusta mucho ver a colegas, me pongo el chip de lo que voy a ver. Si vas a ver Carnaval no estás yendo a ver una opereta. No le pido al artista que se adapte a mí, yo me adapto al artista. 

MK: Yo me río mucho con mi mujer, Patricia Tardi. Es arquitecta, pero también escribe. Escribe guiones, escribimos la comparsa juntos. Nos reímos mucho. Y con los niños, no hay forma de que guiones como ellos. La otra vez en el Teatro de Verano cuando nos dejaron afuera la gente gritaba “nos robaron”, “ladrones”, “chorros”. Y Matilde, la de siete, le dijo a la madre “parece que le robaron mil pesos” (risas). No hay forma con eso.

MDS: Otra cosa que me hace reír mucho es el humor gráfico que circula enseguida sobre temas de actualidad, ya sea con memes o fotos. Es muy difícil competir con eso. Y a veces hay periodistas o cronistas que son muy humoristas. Entonces no está el lugar para el humorista bufón. Hay gente que anónimamente dispara esos memes, ni siquiera tiene que tener cuidado de que alguien se ofenda porque se pierde en el anonimato. A veces agarrás el celular de mañana en la cama, en pijama, ni siquiera te lavaste los dientes, y ya estás consumiendo humor. Y te reís de cosas que después decís “cómo se fueron de mambo”.

La corrección política ha ganado terreno. Muchas veces no se pueden hacer chistes de mujeres, gordos, negros, judíos. Hubo una intendencia que premiaba a quienes hicieran humor inclusivo. ¿Eso complica las creaciones de ustedes?

MK: A mí, sinceramente, no mucho, porque nunca basé el humor que hago en eso. Si bien no me cuido de eso, si tengo que jorobar con eso no me traumo. Es también cómo lo digo. Partiendo de la base de que nunca va a ser un couplé para reírte siete minutos de un gay, nunca lo hice desde los quince años hasta ahora, tampoco parto de esa base para decir me están tijereteando todos. 

DD: Es normal un siento prejuzgamiento. Yo siempre he hecho humor políticamente correcto, no incluyo chistes xenófobos, racistas, homófobos o clasistas. Depende del contexto. Cuento historias, no chistes. Todo tiene introducción, desarrollo y conclusión. Estás describiendo una situación así que nadie se va a sentir ofendido. Las nuevas generaciones vienen ya formateadas. Para mis hijos es inconcebibles que haya chistes sobre negros.

¿Es más fácil hacer humor de actualidad que de otro tipo asuntos?

MDS: Una de las cosas con las que me parece que el uruguayo disfruta mucho es con la identificación en torno a lo cotidiano. Esos momentos de “sí me llamaba la atención lo lento que hablaba la operadora del taxi”. O determinados momentos de la cotidianidad de uno, cuando estás de vacaciones y hay un momento en que querés tirar a tu pareja por la ventana. No es que pase todo el tiempo, pero es un segundo que hay que abrazar. Y me parece que el uruguayo está re-atento y te celebra ese tipo de humor. Yo por lo general voy por ese humor pero tengo siempre un pedacito en el que dejo abierto para lo que hablo con el noticiero. Cuando sos chico hablás con la tele y cuando sos adulto le hablás al noticiero. La gente está gozada con que hables de las cianobacterias, el chip de los perros. Hay temas y temas. Obviamente la campaña este año va a estar permanentemente y siempre va a haber tela para cortar, pero la gente celebra eso. Hoy por hoy los programas de radio y televisión tienen material todos los días. 

MK: Yo hace siete años que hago humor diario en la tele y casi en la radio. Para mí es muy difícil salir del día a día. Me quiero tomar unas horas para pensar en otra cosa en el fin de semana y termino leyendo los diarios. Termino siempre en el mismo lugar, no puedo mirar más lejos. Estoy chipeado para el día hace tanto tiempo. Antes era al revés, estaba chipeado para mirar con más distancia. Cuando entré en este mundo no pude salir. 

DD: Yo también. Son los gajes del oficio. Sos médico, te vas de licencia y viene un mozo a traerte el vermouth y le decís a tu esposa “este tipo está mal del hígado porque tiene medio amarillento lo blanco del ojo”. O si sos arquitecto y decís: “Mirá la viga está corrida qué bien hecha, qué rústica”. Tenemos eso.

¿Cómo los condiciona el humor político en un año electoral?

DD: Mucho. Más a mí que me he decantado como partidario de una de las minorías más odiadas políticamente (porque respalda la precandidatura de Julio Sanguinetti).

MK: La zarzuela verbal (risas).

DD: ¡Claro! ¡Totalmente!

MK: Pero (los colorados) ahora están allá arriba, están subiendo  (risas).

DD: La otra vez (Sanguinetti) me dijo (y lo imita en el tono de voz): “Ya te tengo en la fórmula, según El Armenio (Keoroglian)” (risas).

MK: Es que para mí la fórmula tiene que ser Sanguinetti-Delgrossi.

DD: Pero como estamos en época de inclusión tiene que ser Delgrossi vestido de mujer.

MK: Hablando con Patricia decíamos “es la mejor fórmula”. Te juro que es.

DD: Me dijo “tiene nombre de rematador: Sanguinetti y Delgrossi rematadores”.

¿Esa identificación partidaria le jugó en contra?

DD: No, porque el uruguayo tiene una madurez política que no la tiene el argentino. Argentina es lo que más nos llega, en Brasil no sabemos cómo fue la carrera del Payaso Tilirica, o de Pepe Grillo en   Italia. En Argentina hubo una grieta entre escritores, artistas, historiadores, fulano está acá, Nito Artaza está de aquel lado. Por suerte aquí no hay eso. El año pasado cuando se suscitó un problema con Franklin Rodríguez, en el mismo elenco que Franklin estaban Nacho Cardozo, Gabriela Iribarne que se identificaba con Casa Grande. El problema no es entre nosotros, el problema viene de afuera. No hay lugar más tolerante que el ambiente artístico.

Franklin Rodríguez no diría eso.

DD: Franklin no diría eso más que nada por reacciones puntuales que tuvo hacia él. Pero los primeros travestidos de la historia fueron estudiantes de abogacía, La Troupe Ateniense, cuando en algunos lugares del mundo vestirse de mujer era un delito, en México, Argentina, Chile, Brasil. En Centroamérica hasta el día de hoy representan a un gay como lo representaba Almada en los años 60, con lentes negros grandes estilo Brigitte Bardot y un pañuelo turquesa, eso no existe más. Uruguay siempre está a la vanguardia, en tolerancia también. Las redes son un submundo.

MDS: En las redes por un comentario podés ser progresista o fascista.

MK: Acá también hay eso pero es más leve. Estamos en que todo se juzga, o a quién votás, o estás defendiendo a este, no naciste en tal barrio o naciste en tal otro. Hay mucho de eso también, lo reflejan las redes sociales pero si lo reflejan es porque está. De repente das una opinión de algo que te pareció y si no coincidís con que eso que dijiste lo defiende un partido o el otro, no podes ser un libre pensador. Entonces es “ah, quiere decir que estás con este, y estás en contra de todos estos”. A veces no es eso, a veces querés opinar de ese tema y en todo lo otro estás de acuerdo con él. Pero no vas a decir “estoy de acuerdo con todo esto, decís no me gusta esto”.

¿Ustedes dos están identificados con algún partido?

MK: Yo estoy con Diego (risas).

DD: La ley de cuotas es dos cristianos, una mujer y un armenio.

MK: Yo no estoy identificado con ningún partido. Porque también en mi laburo cotidiano de andar hablando y jorobando con todos los partidos está bueno que sea así porque algunos dicen “este debe ser blanco”, “este debe ser del Frente, si es del Carnaval”. “No, este es tremenda foca”, “no, este es tremendo facho”. A veces dicen esas cosas pero por igual.

MDS: A mí no me dicen mucho, pero sí me doy cuenta que de un tiempo a esta parte más allá de la política partidaria hacemos política, en nuestro cuerpo somos políticos. No se limita a lo partidario. Para apoderarte de tu propio cuerpo, determinado género, también está bueno qué lugar tomás. Política partidaria me cuesta mucho tenerles fe a los políticos.

DD: Cuesta. Yo hago humor político, no político-partidario. Incluso le doy al Partido Colorado de canto, también a Sanguinetti. Hay un chiste gráfico estupendo que mete a Sanguinetti hablando por teléfono cuando habló con (el venezolano Juan) Guaidó, que lo cortaron y pusieron a Susana Giménez al lado. Y el chiste decía “Su, me tiro a presidente”. Y Susana decía “¿estás vivo?”. Lo retuité y algunos colorados y batllistas me decían: “Che, ¿estás con nosotros o no?”. Yo me río de lo que me da gracia. 

MDS: Está bueno eso.

MK: Es como reírte de vos mismo.

DD: Yo hago humor para todos.  A mí me fue a ver el Flaco (Oscar) de los Santos, (Mario) Bergara me quiso contratar para el lanzamiento de la campaña, (Daniel) Martínez también. No pude ir por motivos de agenda, pero me hubiera encantado. También me llamó (Edgardo) Novick, ese día pude ir. Soy un profesional. Tengo mi opción política. Es como el médico: cuando va a operar no te pregunta qué sos. Ahí es cuando hay que ser profesional. Si voy a un evento empresarial de cien personas, de acuerdo a la última encuesta, 43 son del Frente, 28 del Partido Nacional, 18 del Partido Colorado, hay ocho del Partido Independiente, otros de Novick y otros del Partido Verde, Unidad Popular. Y vos hacés humor para todos. Ahí está el profesionalismo.

¿Qué hacen cuando se dan cuenta de que no están haciendo reír?

MDS: Yo estoy tratando de ser más gentil conmigo mismo, eso me devuelve más gentileza con el público. Cuando era más chica de repente me enojaba. Ahora soy más gentil, le doy un par de chances más a esa ocurrencia que tuve a ver si eran las condiciones del momento, o capaz lo dije distinto. Sino trato de moverlo. Por lo general siempre tengo a alguien que le muestro: Angie Oña y Emilia Díaz, mi familia artística. El público es impresionante, es implacable lo que te dice con el silencio.

DD: Tengo tres o cuatro amigos que son mis Torquemada. Me dicen esto sí, esto no, una vez uno se levantó y me dijo “avisame cuando termine”. Cuando estás en el escenario y la gente te va a ver a vos ya los tenés. El tema es cuando vas a una fiesta. Yo voy cambiando la munición, veo para que lado tiro. Tengo grageas que uso. Claro que me pasó, alguien que hace cuatro o cinco fiestas por mes, a lo largo de 120 fiestas al año, no voy a decir que las metí todas, estoy mintiendo.

MK: Yo las metí todas (risas). En el caso de las fiestas tengo un monólogo de imitaciones que empezó hace años con Manu en el Bar Tabaré, cuando hicimos un espectáculo juntos. Es la masa madre, le voy agregando alguna cosa más, con cuplés y cantos. Están las imitaciones. Eso más o menos sé que funciona. Hay veces que te encontrás con situaciones en las que hay que remar. Ahí le buscás la vuelta. Tampoco tengo 16 repertorios.

MDS: También eso está incluido en lo nuestro, viene con el combo. Te pagan por el momento adecuado para entrar, te pagan  por frustración porque tenés que adaptarte a lo que hay. A veces no es esta gragea ni esta sino charlar un poquito con la gente y empezar a ver desde ahí.

DD: Una vez estábamos con Maxi de la Cruz en un teatro del interior. Éramos solo nosotros dos. Empezamos el tête à tête y nada, nada. Y Maxi me dice: “La segunda mano se la damos en media hora”. “Sí, ya debe haber secado”, le dije. Y seguimos porque ya estaba, nadie se enteraba. Antes me amargaba horrible. Ahora es Rambo, cuchillo en la boca, apretás play y seguir, no te podés guiar por esa o ese. La otra vez fue el cumpleaños de la Armada Nacional. Estaban todos los oficiales, el ministro de Defensa. Me contrataron para ir.

MK: A mí también.

DD: Estaban los Fusileros Navales que se ríen de Cucuzú y estaban los oficiales que son de Carrasco y se ríen con Les Luthiers. Yo estaba en el medio de eso. El que más se rió fue el agregado militar de la Embajada de Brasil. Se metió en la primera fila y estaba a las risas. Estaba todo el cuerpo diplomático y los que más se reían eran los extranjeros.

¿Es distinto el público de Montevideo al del interior?

MK: Sí, es distinto. El del interior te da de comer, agradece que vayas, está mucho más predispuesto a reírse. 

MDS: Yo me he dejado sorprender. He ido con una expectativa de público y después pasa todo. Por ejemplo, te dicen que en Rivera como es frontera no van a entender tanto tal cosa, y te pasa algo increíble. En Montevideo podés tener el público más estridente y agradecido un día y vas a un lugar al interior y tenés una noche difícil. 

Muchos consideran que con la llegada del Frente Amplio al gobierno hay artistas que se volvieron oficialistas. Ustedes, en lo que respecta al humor, ¿lo ven así?

MK: No. Eso lo escucho sobre el Carnaval, que las murgas casi no critican o critican menos. Yo no lo veo, y menos en lo personal. A mí me gusta ser crítico, hacer humor político crítico y pienso que el que está en el gobierno recibe más palo porque está en el gobierno, porque toma las decisiones.

¿No nota que las murgas suavizaron su discurso?

MK: No.

Cuando estaba Sanguinetti en el gobierno todas las murgas le pegaban.

MK: Y cuando vino el Frente Amplio ya no. Hay un cambio más profundo y es que por suerte, como hay humor todos los días, las murgas no te citan el hecho político porque eso no divierte a nadie, porque tenés el humor todos los días en las redes. Entonces, se busca hacer cosas que tengan más vuelo o que sean más duraderas o más universales. Cuando pasa eso hay gente que interpreta “ah, no quieren criticar al gobierno y por eso hacen el cuplé del consumismo”. A veces no es eso, a veces le dan palo más fuerte que si lo nombraran.

DD: Es bravo, estuviste 30 años o más bregando por un cambio político con el que te identificaste. A mí siempre me gustó Araca y La Reina de La Teja. No me olvido más de estar en 1986 en un tablado y cuando termina Araca dice “muchas gracias Frente Amplio del Goes”. Y yo pensé “¿cómo Frente Amplio del Goes? Acá habemos de todos los partidos”. Entonces, cuando ese grupo cultural ve que ahora está en el gobierno, algo por lo que ellos lucharon, como que se deben sentir cohibidos de nombrar. Tal vez ahora no tanto porque pasaron 15 años de gobierno y es inevitable. Pero me ha pasado atrás de cámaras en Consentidas que personas no vinculadas pero sí muy identificadas con el Frente Amplio te reconocen que está fallando esta política de cultura, esta política de educación, esta política económica, pero después cuando se prende la cámara no lo dicen. Te dicen “sí, soy frenteamplista crítico”, pero la dejan ahí. No hablan con la libertad por distintos motivos. Los entiendo, porque hay que parar la olla. Si yo tengo una radio y mi radio depende de la publicidad oficial, basta que un director de Antel se caliente para que a mí me saquen 200.000 pesos de publicidad. Desgraciadamente es así, pasaba con los colorados, con los blancos, y pasa con el Frente Amplio. Hemos visto que son humanos, todos yerran y, desgraciadamente, la expresión libertad condiciona a los periodistas. Una cosa es que condicione a un cómico, que es entretenimiento. Pero hay periodistas condicionados, hay periodistas que no pueden decir cosas porque el dueño de la radio o del diario o del canal le dice “che, ¿qué dijiste?”. A mí me pasó.

¿Qué le pasó?

DD: Una vez critiqué una política de una de las empresas en las que estaba trabajando y recibí un mail. No voy a decir cuál es porque ya pasó. Si hubiera sido motivo de despido sí. Fue motivo de reproche y yo le contesté. Pasa, y más en un país chico.

MDS: Comparto lo que dice Marcel: hoy por hoy las formas de hacer humor inmediato son tantas que vos llegás con ese chiste tarde. Porque ya lo hicieron, lo tuitearon, lo pusieron en las redes.

MK: Mi espacio de noticias en la tele es porque es en la mañana. Si fuera por la tarde no existe, porque otro ya lo hizo. 

DD: Fernando Schmidt me decía que las murgas que tienen cuplé y bajada deberían dejar una estrofa en blanco y poner un papel adelante con algo que pasó en la semana. Porque el libretista lo hizo en julio de 2018 y vos tuviste Teatro de Verano en enero de 2019. Es un desafío. 

Políticos imitables

¿Cómo preparan las imitaciones de políticos?

MK: Muy simple: veo cómo lo imita Diego y lo copio (risas).

MDS: Yo me crié con ellos dos, fueron mis referentes. Entré a Canal 12 y las primeras reuniones de producción eran Cacho (de la Cruz), (Jorge) Giordano, (Andrés) Tulipano, Dieguito Delgrossi, Marcel y Maxi (de la Cruz) que iba y venía. Año 2005, más o menos. Empecé a ver en ellos hasta dónde ir con el humor. De repente (José) Mujica se dejaba seguir por Marcel por el canal. Estaba Código País al aire y Marcel le pedía permiso para seguirlo, para observar cómo caminaba. Yo veo que de mañana todos los políticos se cruzan con Marcel, creo que esa es la libertad que tiene.

Mujica o Jorge Larrañaga parecerían ser más “fáciles” de imitar por cómo hablan. ¿Es más difícil imitar a quienes no tienen un estilo tan particular?

MK: Sí, hay algunos que te quedan más fáciles en tu registro de voz. Mujica queda fácil, (Diego) Lugano, Daisy (Tourné) y (Sergio) Puglia también.

Juan Sartori debe ser complicado.

MK: Nunca me lo puse a ver para hacerlo. Tabaré Vázquez me costó porque toda esa tranquilidad al principio me costaba. Trabajando llegás a todos; unos los vas a hacer mejor que otros.

¿Si le cuesta los elimina?

MK: Sí, o hablan menos. 

DD: A mí me decían “¿por qué no imitás a Raúl Sendic?”. ¡Porque no sabía cómo hablaba! Nunca lo pude imitar.

MK: Yo tampoco.

DD: Los políticos jóvenes son menos histriónicos que los viejos.  Por una cuestión de que ahora los actos masivos casi no se usan más. La otra vez Daniel Martínez hizo un acto en el que pasó con una volanta saludando. Después se bajó y saludó a tres o cuatro, ahí tenés un acto político.

¿A Lacalle Pou lo imitan?

DD: Es muy difícil de imitar, a no ser que tengas el tono de voz. Pedro Bordaberry es dificilísimo de imitar también, Oscar Andrade. Son tipos que si no tenés la voz muy parecida marchaste. Wilson no, Seregni, Sanguinetti, Jorge Batlle. Los viejos tenían un histrionismo que los jóvenes no tienen.

MDS: Hay una crisis de expresión.

DD: Totalmente. 

MDS: Toda la actuación, el realismo Polka, hace que todo el que se acerca a las artes escénicas cree que tiene que minimizar todos los actos y todos los gestos.

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