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    miércoles 12 de junio de 2024

    Pruebas PISA: desempeños y actitudes

    Nº 2255 - 14 al 20 de Diciembre de 2023

    Los resultados de las pruebas PISA 2022 fueron publicados la semana pasada y ofrecen una información muy rica para entender cómo se ubica Uruguay en aprendizajes y competencias en relación con otros países. PISA es el Programa para la Evaluación Internacional de los Estudiantes de la OCDE y mide la capacidad de los jóvenes de 15 años en lectura, matemática y ciencia para resolver desafíos de la vida real. Las pruebas se administran cada tres años, aunque en la pandemia se pospusieron por un año. Uruguay se incorporó por primera vez en 2003, en la segunda ronda de aplicación.

    Hay varios aspectos de los recientes resultados que merecen ser destacados. En primer lugar, los mejores lugares en desempeño se los siguen llevando, y con buen margen, algunos países o regiones del este asiático como Singapur, Macao, Taipei, Hong Kong, Japón o Corea. Respecto a Europa, Irlanda y Estonia alcanzan niveles muy destacados en las tres pruebas y Suiza, Países Bajos, Finlandia y Bélgica se posicionan en buenos lugares al menos en alguna de ellas. Uruguay está de mitad de tabla para abajo, ubicándose en matemática en el lugar 53 entre 81 países y un poquito más arriba, aunque sin pasar la mitad de la tabla, en lectura y ciencia. Si bien se ha resaltado la ubicación de Uruguay en relación con el resto de los países latinoamericanos (segundo luego de Chile), considero que es con otros países que debemos medirnos para entrar verdaderamente en carrera.

    Las pruebas permiten identificar el nivel de suficiencia mínimo que se necesita para poder enfrentar con cierta solvencia problemas de la vida diaria. En Singapur, Japón, Estonia, Korea e Irlanda más del 80% de los estudiantes alcanzan o superan el nivel 2, el mínimo nivel de suficiencia en matemática, y más del 85% están al menos en el nivel de suficiencia en lectura. En Uruguay, menos de la mitad de los estudiantes (44%) muestran desempeños suficientes en matemática y 59% los alcanzan para lectura. Estos resultados siguen corroborando lo que ya observábamos para otras pruebas y otros niveles educativos: alrededor de la mitad de nuestros jóvenes tiene carencias importantes en al menos una de las competencias fundamentales para la construcción de conocimiento. En particular, PISA 2022 muestra que, de todos los jóvenes de 15 años en el país, 25% tienen baja performance en las tres asignaturas testeadas y otro 27% tienen performance insatisfactoria en al menos una. Esto sin contar el 15% de jóvenes de 15 años que está fuera del sistema educativo.

    Las pruebas también permiten identificar a los estudiantes con mayores desempeños. En los países asiáticos que lideran las pruebas al menos 25% de los jóvenes de 15 años alcanzan los mejores niveles de desempeño (5 o 6) en matemática y en los países de la OCDE 10% logran estos niveles. En Uruguay apenas 1% llega a los niveles 5 y 6, lo que indica que tenemos un problema no solo en la cola inferior de la distribución, sino que nuestro sistema no logra potenciar las habilidades de los que tienen mayores capacidades.

    En segundo lugar, la evolución de los resultados PISA entre 2018 y 2022 permite hacernos una idea de cómo impactó la pandemia en los aprendizajes. En promedio, los países de la OCDE redujeron sus desempeños en 15 puntos en matemática (de 475 a 460) y en 11 puntos en lectura (de 487 a 476) y no se observaron cambios en ciencias. Para poner estos números en perspectiva, 20 puntos es lo que aprende un joven de 15 años en promedio a lo largo de un año escolar, lo que significa que para muchos países la pandemia fue equivalente a perder más de un año. Uruguay, en cambio, redujo el desempeño en matemática en nueve puntos (la mitad de la caída de los países de la OCDE), no registró cambios significativos en lectura y aumentó el desempeño en ciencias en 10 puntos. Aunque no se puede establecer causalidad, este menor impacto para Uruguay parece reflejar el mejor manejo de la pandemia, con una mayor apertura de los centros educativos y un mayor acceso a herramientas de enseñanza híbridas (a través del Plan Ceibal) que en otros países.

    En tercer lugar, las pruebas PISA nos permiten evaluar el grado de equidad o inequidad en el sistema. En Uruguay los que están en el 25% superior de la distribución socioeconómica tienen resultados en matemática de 460 puntos, mientras que los que están en el 25% inferior tienen resultados 90 puntos por debajo. Esta diferencia es más de cuatro veces lo que un alumno promedio de PISA mejora en puntaje en un año lectivo. En Uruguay, las características socioeconómicas de los estudiantes inciden en los desempeños más que en otros países. También se observa una inclusión social baja con relación a otros países: los alumnos con menores desempeños tienden a concentrarse en ciertos centros educativos. Debido a estos dos factores, inequidad socioeconómica y baja inclusión social, el informe de PISA recomienda que un país como Uruguay debería focalizar sus esfuerzos en aquellos centros educativos con menor nivel socioeconómico, por ejemplo, aumentando el horario de enseñanza, generando mayor contacto de los estudiantes con los profesores o buscando atacar problemas que se extienden más allá de las aulas, sea a través de almuerzos gratis u otros apoyos de recursos.

    El informe de PISA también recaba aspectos que tienen que ver con las actitudes de los estudiantes y no solo con sus desempeños académicos. Me interesa destacar tres. Primero, el ambiente en los centros educativos uruguayos no parece ser el mejor. Vinculado a columnas anteriores, en las que hemos hablado sobre la violencia en los liceos, la sensación de inseguridad en los centros educativos uruguayos parecería ser mayor que en otros países. Por ejemplo, casi uno de cada tres participantes de las pruebas manifiesta haber sido testigo de una pelea dentro del centro educativo en la que alguien resultó herido, un porcentaje sustancialmente mayor al que se observa para el promedio de la OCDE. También se reporta mayor frecuencia de estudiantes que llevan armas al liceo o amenazan con lastimarse. Los estudiantes uruguayos manifiestan en mayor medida haberse sentido asediados y no sentirse seguros en el centro educativo.

    Segundo, después de Argentina, Uruguay es el país en el que más estudiantes (52%) mencionan distraerse con los celulares en casi todas las clases. También es el país que menos prohíbe el uso de celulares dentro del liceo. Solo 6% de los estudiantes asisten a centros educativos en los que el uso del celular no está permitido. Sumado a una creciente literatura que reconoce que el uso indiscriminado de celulares afecta negativamente los rendimientos, estos resultados dan pie para pensar en políticas que controlen su uso.

    Tercero, solo 50% de los estudiantes uruguayos creen que la inteligencia es algo que se puede cambiar, frente a 70% en los países que lideran los desempeños PISA, como Japón, Estonia o Irlanda. Esta actitud se conoce en la literatura como “mentalidad de crecimiento” y ha sido relacionada con menor ansiedad en los aprendizajes y mejores trayectorias educativas y laborales. Queda latente la pregunta de cuántos de los resultados de nuestros estudiantes responden a expectativas bajas (suyas, de sus padres y de sus docentes) sobre la posibilidad de mejorar sus capacidades a partir de la educación. Quizás es por este motivo también que 56% de los jóvenes uruguayos reportan haberse salteado al menos una clase o un día del liceo en las dos semanas previas a las pruebas PISA (frente a 31% para el promedio de la OCDE). O que dos de cada tres reporte haber llegado tarde a clase en las últimas semanas, el tercer país peor ranqueado en puntualidad.

    Quizás sea momento de trabajar más en las actitudes.