Tiene nombre cervantino y engranajes de la Revolución Industrial. Se llama La Galatea, como la novela que Miguel de Cervantes publicó en 1580. Y es lógico que sus propietarios, la poeta Amanda Berenguer (Montevideo 1921-2010) y el investigador y narrador José Pedro Díaz (Montevideo, 1921-2006), la hayan bautizado con ese nombre literario porque el matrimonio dedicó su vida a la literatura y a los libros. La pesada imprenta de hierro fundido marca Liberty, con filetes de oro en sus bordes, tiene 120 años de antigüedad. Desde 2013 pertenece a la Biblioteca Nacional (BN) y en este momento está en proceso de restauración para volver a funcionar. En pleno mundo digital, la vieja maquinaria a tracción humana y tipos móviles hará su magia e imprimirá nuevos libros de poesía, de narración y de ensayos breves a mediados de año.
Unos años después de fallecida Berenguer, su hijo Álvaro Díaz donó a la BN una parte importante del archivo de sus padres. “Por una parte, donó la papelería personal que está en el archivo literario y se conserva como una sola colección. Quiere decir que el matrimonio, incluso en sus papeles, se mantiene unido. Por otro lado, también donó su biblioteca y algunos objetos. El más voluminoso es La Galatea”, explicó Valentín Trujillo, director de la institución. Díaz y Berenguer habían adquirido la imprenta en 1944, año en el que se casaron, y la instalaron en su casa de Roberto Koch casi San Martín. La hoja inaugural de La Galatea tuvo textos de la pareja y de Stéphane Mallarmé. El matrimonio mantuvo activa la imprenta hasta los primeros años de los 60.
En 2021, con motivo del centenario del nacimiento de ambos escritores, la BN les rindió varios homenajes y comenzó a difundir el legado que contiene su archivo. Digitalizaron varios de sus documentos y descubrieron algunos tesoros, como la rica correspondencia con la poeta Circe Maia. Por su parte, Alfredo Alzugarat, investigador de la BN que fue muy cercano a la pareja y un gran estudioso de la obra de Díaz, empezó a trabajar en uno de sus ensayos sobre “el otro” en la literatura.
En octubre, junto con el Instituto de Letras del Ministerio de Educación y Cultura (MEC), la BN organizó una feria de editoriales independientes en el Museo Zorrilla que se llamó La Galatea. A la feria asistió la poeta Ida Vitale, Premio Cervantes de Literatura 2018, cuyo primer libro de poesía, La luz de esta memoria, se imprimió en La Galatea en 1949. También de allí surgieron los libros de Berenguer y Díaz y de otros autores como Jules Supervielle o Carlos Denis Molina.
“Estamos investigando la historia de la imprenta, qué vamos a publicar, y cómo llegó a Berenguer y Díaz. Con La Galatea ellos respondieron a una necesidad, a la ausencia de un ambiente editorial que publicara lo que ellos estaban escribiendo”, dice Trujillo y muestra la primera edición de El habitante, la primera nouvelle de José Pedro Díaz. Para los parámetros de hoy, es un libro rústico, de tapa simple, pero con una tipografía y un diseño amigables. “Ellos eran obreros y artífices de la palabra. Eran los editores que a la vez escribían, imprimían y después distribuían”, agrega el director.
Parte de la historia de La Galatea se encuentra en el libro Diario de José Pedro Díaz 1942-1956; 1971; 1998, con edición, prólogo y notas de Alzugarat, que se publicó en Banda Oriental en 2011. Para Trujillo, el diario es formidable por la sinceridad con la que Díaz habla y cuestiona a la generación del 45 con la que tuvo sus discrepancias. “Acá hubiera habido un gran novelista, que escribió dos novelas y después no escribió más, o eventualmente un cineasta, que es lo que rescata Aldo Garay en el documental El filmador, sobre el viaje que hicieron a Europa Amanda y José Pedro con la beca Gallinal”.
Minerva restaurada
Ubicada junto a la sala de ediciones especiales, La Galatea luce resplandeciente después de que Gabriel Pasarisa comenzó a limpiarla y restaurarla. Pasarisa es diseñador gráfico desde mediados de los 80 y en 2012 se empezó a interesar por los primeros sistemas de impresión con letras de metal: los tipos móviles.
“Siempre me había gustado ese tipo de impresión y lo había conocido en imprentas comerciales en los 80. Entonces me enganchó el romanticismo de imprimir textos a mano. Hace unos años empecé a rescatar algunas máquinas y letras de diferentes imprentas uruguayas. Con eso fui armando el taller Caja Baja, que en principio arrancó como una forma de rescate de esa vieja técnica, pero después les fui buscando otros significados y empecé a usarla en diseños nuevos”, contó Pasarisa a Búsqueda.
Así, lo que había surgido como un proyecto personal y casi como un hobby, sin interés en crear un taller ni una imprenta, se fue convirtiendo en un lugar de enseñanza, apareció gente interesada en cursar talleres y desde hace diez años el diseñador se dedica prácticamente a esa tarea.
Docente de diseño gráfico en la Universidad ORT, Pasarisa dice que hay jóvenes que más allá de la pantalla, se interesan por el contacto con el papel, la tinta, por algo más tangible.
“Por lo que tengo entendido, La Galatea es el único modelo acá en Uruguay, por lo menos que esté en condiciones. Es una imprenta de 1902 y un modelo Minerva, bastante único, el primero en la evolución de estas máquinas después del estilo que usaba Gutenberg, que era horizontal, de madera, con una palanca grande con la que se hacía fuerza para imprimir”.
Este modelo se patentó en Estados Unidos en 1860, en plena Revolución Industrial, y las últimas se construyeron en Berlín hasta 1920.
Pasarisa destaca la imponente ingeniería mecánica de La Galatea. “Todo lo que ves se puede reparar a mano. Si hay una pieza quebrada, se puede rehacer con un tornero. Tiene algunas cicatrices, pero lo que queremos es mantener todas las piezas originales”.
La tipografía es difícil de conseguir porque ya no se fabrica más, salvo en algunos lugares del extranjero para coleccionistas y a precio prohibitivos. Pero cada tanto se encuentran algunas letras viejas. Pasarisa tuvo el privilegio de recibir tres cajas con las letras originales de La Galatea, donadas por quienes compraron la casa de Díaz-Berenguer.
Cuando se hizo la feria de editoriales independientes en el Museo Zorrilla, el MEC invitó a Pasarisa para que instalara un stand y explicara cómo se imprimía con la vieja técnica. “Hice una pequeña exposición y un día nos visitó Ida Vitale con la directora de Cultura, Mariana Wainstein, y se fue generando un vínculo. Ida me contó cómo había armado sus primeros libros letra a letra y estaba muy emocionada”, recuerda.
A partir de esa experiencia fue a ver La Galatea a la BN y se le ocurrió comentarle a Trujillo que sería bueno que volviera a funcionar. “Trujillo tuvo la sensibilidad y receptividad de ese planteo, que fue solo una posibilidad que se me ocurrió en el momento. En poco tiempo nos reunimos, hablamos y salió el proyecto de restauración”. Él calcula que en marzo ya podrá hacer alguna prueba de impresión.
Movimiento coreográfico
Tiene una plataforma parecida a la de una máquina de coser y se impulsa con dos ejes: de un lado los rodillos entintan las letras; del otro, el papel en blanco. Se maneja con un pedal y al mismo tiempo exige una sincronización de movimientos: agarrar el papel con la mano derecha y colocarlo para que la máquina lo entinte. “Es un movimiento coreográfico. Sin dudas es artesanal por la manualidad, pero es una máquina que responde a los cánones de la Revolución Industrial, de hierro fundido, con su ingeniería de poleas y ruedas dentadas. Es una pieza de museo, pero cuando vuelva a funcionar, se mostrará su esencia”, comenta Trujillo.
El director está manejando dos posibles fechas para inaugurar con nuevos libros La Galatea. Una es el 24 de junio, día de nacimiento de Berenguer, cuando piensa que ya se tendrá la investigación sobre la historia de la imprenta y arreglado el lugar donde se instalará, que debe ser acondicionado para que funcione como un taller. “Hay que cuidar el piso, habrá tinta, será un espacio para trabajar con delantal”, dice. Otra posible fecha es el 26 de mayo, el Día del Libro.
Pero antes, se habrá hecho un llamado a escritores de poesía, cuentos o ensayos breves que quieran imprimir sus textos en La Galatea. Para ello, se constituirá un jurado y un consejo editor para la edición de algunos volúmenes que tendrán una edición limitada y numerada. Después serán digitalizados y se podrán leer en la página web de la BN.
“Es una especie de puente en el tiempo. Una vieja Minerva alemana que pasó por las manos de Díaz y Berenguer, que imprimió a muchos autores que en ese momento aún no tenían un nombre. Que esa misma máquina en 2022 vuelva a publicar a otros autores uruguayos es el mejor homenaje para ellos. Es reivindicar el papel del papel”, agregó Trujillo.