Así nació Taxi Driver

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Nº 2111 - 18 al 24 de Febrero de 2021

escribe Pablo Staricco

I

Paul Schrader atravesaba un año difícil en 1972. A sus 26 años, el cinéfilo empedernido y estudioso de Yasujiro Ozu y Robert Bresson se había separado de su esposa, había perdido su trabajo como crítico de cine y había abandonado sus estudios en el American Film Institute. Bebía y dormía en los cines de Los Ángeles o en su auto. Pensaba en la pornografía y en las armas, dos pasiones.

Tras ser internado por una úlcera y conversar con una enfermera, se dio cuenta de que hacía un mes que no hablaba con otra persona. Pensó entonces en una metáfora: la de un taxi, un “ataúd de metal” que se mueve por la noche con alguien adentro. Alguien al borde de la sociedad. Sin formar parte de ella ni poder escaparle. Alguien solitario.

Schrader se obligó a escribir un guion sobre esa figura bajo un propósito terapéutico: no convertirse en esa persona. Tras salir del hospital, se alojó en lo de una exnovia y comenzó a teclear en su máquina de escribir. Inspirado en la novela La náusea de Jean-Paul Sartre y en la película Más corazón que odio de John Ford, demoró una semana en escribir el primer borrador. El guion, titulado Taxi Driver, presentaba a Travis Bickle, un solitario excombatiente de Vietnam que, ante un insomnio irremediable, decide trabajar como taxista de medianoche en una Nueva York degenerada. Una posible redención ante la crisis existencial de Travis, provocada por su alienación, llega a través de dos mujeres: una trabajadora política a la que intenta impresionar asesinando al candidato para el que trabaja y una niña prostituta a la que busca liberar de su proxeneta.

Pasó algo de tiempo y otros borradores. También pasaron nuevos trabajos para Schrader. Luego de hacer buenas migas con el director Brian De Palma tras una entrevista, Schrader le pidió un favor: una partida de ajedrez entre ambos. Quería que leyera su guion. De Palma aceptó leer Taxi Driver. Le fascinó. También declinó dirigirlo. No imaginaba cómo hacerlo.

II

Martin Scorsese conoció a Schrader por Brian De Palma en la ciudad de San Diego, donde el director neoyorquino había ido a visitar al crítico de cine y pintor Manny Farber.

Los tres realizadores quedaron en verse para una cena. Scorsese se perdió camino al restaurante y llegó tres horas después de lo previsto. Para ese entonces, De Palma y Schrader ya habían concebido una nueva película en conjunto, luego conocida como Magnífica obsesión.

Todos los integrantes de esa mesa buscaban algo en el otro. De Palma quería que Scorsese, quien para ese entonces había filmado dos películas no consagradas (el drama independiente Alguien golpea a mi puerta y el crimen romántico Pasajeros profesionales), leyera el guion de Taxi Driver. Scorsese quería que Schrader adaptara una versión de El jugador de Dostoievski para él. Schrader quería hacer cine.

El guion de Taxi Driver ya tenía a sus primeros mecenas: la pareja de productores Julia y Michael Phillips, este último otro compañero de ajedrez de De Palma. En su venta a varios estudios, la reacción siempre era similar. A todos parecía gustarles. A nadie le convencía financiar el proyecto.

En su propia lectura, Scorsese sintió que sí entendía a un personaje como Travis y sus sentimientos. Los había tenido y quería explorarlos. Conocía la soledad, el rechazo y el no poder hacer que las relaciones duraran.

Scorsese se convenció de querer dirigir Taxi Driver. Le mostró Pasajeros profesionales a Schrader, solo para encontrarse con el desdén del guionista, quien ahora estaba en alza tras vender otro guion, titulado The Yakuza, al estudio Warner Bros. Los Phillips, productores del proyecto, tampoco se vieron convencidos por Scorsese y su carrete profesional en ese momento.

Descorazonado, el cineasta siguió con su carrera, no sin recordar en cada fiesta en la que se encontraba con los Phillips o con Schrader que seguía interesado en el proyecto. De hecho, fue en una de esas fiestas que les habló de su película más reciente: Calles peligrosas.

III

Robert De Niro y Martin Scorsese se conocieron en una fiesta de Navidad en 1972, donde fueron presentados por De Palma. O más bien, se reconocieron, ya que ambos habían compartido andanzas y amistades en Nueva York como dos jóvenes integrantes de la comunidad italoamericana.

De Niro encontró en Scorsese una persona igual de pasionaria por el arte que los unía. Scorsese, a su vez, encontró un actor dispuesto a participar de un proceso de creación colaborativa entre actor y director, con lugar para la improvisación.

Calles peligrosas, en la que De Niro interpreta al problemático maleante Johnny Boy, convenció a Schrader y a los productores de dos cosas. La primera: Scorsese sí era el indicado para Taxi Driver. La segunda: Robert De Niro debía interpretar a Travis Bickle.

Al igual que Scorsese, De Niro descubrió que él también podía relacionarse con Travis y el arco que atravesaba. De hecho, anteriormente el actor había desarrollado un guion propio sobre un asesino político, pero lo descartó al admirar el trabajo de Schrader.

IV

Schrader trabajó en el guion de Taxi Driver desde 1972 hasta 1976. En su relación con Scorsese y De Niro encontró que todos habían atravesado sensaciones similares viviendo en Nueva York y Los Ángeles, desde la alienación urbana experimentada desde un pequeño apartamento en ruinas hasta el peso psicológico que una educación religiosa había tenido en cada uno de ellos como jóvenes adultos.

Con el trío creativo afianzado, solo quedó esperar. Ese tiempo de desarrollo significó que cada uno de los integrantes pudiera destacarse dentro de sus rubros. Schrader ya había vendido el guion de The Yakuza, escrito el de Magnífica obsesión y los Phillips se habían consagrado como productores gracias a El golpe. Scorsese, por su parte, dirigió Alicia ya no vive aquí, recibida con loas por la crítica.

Fue De Niro, sin embargo, quien cambió por completo su carrera al ganar el premio Oscar a Mejor actor secundario por su papel como Vito Corleone en El Padrino Parte II. Dado que se encontraba filmando la película 1900 de Bernardo Bertolucci en Italia, la estatuilla fue aceptada por el director Francis Ford Coppola, quien le expresó a Scorsese que el reconocimiento del actor sería “algo bueno” para Taxi Driver.

Finalmente, fue el productor David Begelman de Columbia Pictures quien decidió aceptar financiar la película por 1,5 millones de dólares. Debido a que la génesis del proyecto había significado un compromiso emocional en cada uno de sus impulsores, el director, el guionista y el protagonista decidieron bajar sus salarios en comparación con lo que estaban ganando en otros proyectos. Scorsese aceptó trabajar por US$ 65.000, mientras que Schrader lo hizo por US$ 30.000 y De Niro por US$ 35.000.

V

De Niro y Schrader no dudaron en abrazar la paranoia que el rol de Travis exigía y, en preparativos para la película, se reunían en bares y cafés de mala muerte a lo largo de Nueva York. El actor, ya consagrado, se cambiaba de mesa si creía que alguien estaba a punto de reconocerlo.

Schrader entendió que De Niro buscaba que Travis se viera influenciado por la figura real del guionista, por lo que decidió darle sus propios jeans y botas para el papel. El resto de la imagen icónica del personaje fue complementada por la chaqueta verde de Vietnam y un andar y sonrisa inquietantes, producto de los manierismos de De Niro. El porte y las manifestaciones que el actor buscó en Travis son los de un enfermo, pero también el resultado de una sociedad moderna devastadora.

Tras regresar a Estados Unidos del rodaje con Bertolucci, De Niro trabajó a lo largo de diez días como taxista, gracias a una libreta falsificada. El gesto hoy es celebrado como una hazaña de la actuación de método, un conjunto de técnicas que el intérprete busca para aspirar a la construcción minuciosa de un papel. Una vez, mientras conducía, fue reconocido por un pasajero que le preguntó si era Robert De Niro, el ganador del Oscar. El actor respondió con una broma, aunque al día de hoy no la recuerda.

VI

Cuarenta y cinco años después, la obra maestra de Scorsese, Schrader y De Niro sigue más vigente que nunca. Durante varias décadas sentó una base sin precedentes sobre la profundidad en la discusión crítica y académica que el cine puede generar, y su influencia cinematográfica sigue presente hasta el día de hoy, donde los grandes estudios buscan recontextualizar relatos redituables como Guasón bajo la sombra de clásicos como Taxi Driver.

Cinco años atrás, en la celebración de los 40 años del estreno que Robert De Niro organizó en su clásico festival de cine de Tribeca, Schrader resumió, de todas formas, otra de las características que Taxi Driver ha sabido mantener. Es, en su cualidad de inclasificable, un producto de su tiempo y solo de su tiempo. “La causalidad juega un papel crucial en las películas”, explicó el autor entonces. “Tres jóvenes se sincronizaron y compartieron una especie de patología conjunta. Y lo vieron. A veces uno simplemente tiene suerte”.

Vida Cultural
2021-02-17T20:19:00