El desafío de un gobierno sin Talvi

El desafío de un gobierno sin Talvi

Editorial

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Nº 2082 - 30 de Julio al 5 de Agosto de 2020

Que triunfó la vieja política, que ya quedan muy pocos dispuestos a transformarla en nueva, que nadie puede con los líderes históricos de los distintos partidos, que Uruguay no está preparado para un cambio profundo en la forma de manejar la cosa pública. Esos y otros argumentos fueron repetidos hasta el cansancio durante los últimos días, luego de que Ernesto Talvi renunciara a la Cámara de Senadores y a cualquier otro cargo electivo futuro.

El problema que tienen esas conclusiones es que parten de la premisa equivocada de que hay varias políticas diferentes que compiten entre sí. No, la política es una sola. Vieja, nueva, de liderazgo, de asamblea, todas esas son solo formas de ejercerla, pero la política es única y siempre —tarde o temprano— se termina imponiendo.

Así parece haber ocurrido con Talvi. A Talvi le pasó por arriba la política como si fuera una ola gigante y lo dejó sin aire y casi sin posibilidad de reacción. Él mismo lo reconoce en su carta de renuncia, pero muchos de sus seguidores o defensores prefieren aprovechar la oportunidad para criticar a los que quedan.

Pero la política no es para todos. Los que se dedican de lleno a ella lo saben mejor que nadie. Implica dedicación, diálogo, negociaciones de las fáciles y también de las complicadas y algunas zancadillas que hay que saber eludir o superar. Además, es necesaria muchísima paciencia para poder abordarla de la mejor manera, algo que claramente Talvi no tuvo ni tiene.

No es el único. Lo mismo ocurrió con Edgardo Novick antes, que apresuró sus tiempos y quedó luego a la intemperie. Quizá si Novick hubiera elegido seguir construyendo su candidatura a la intendencia de Montevideo hoy tendría chances de ganar, pero prefirió ir por el premio mayor y se quedó sin nada.

Otra vez: la paciencia es fundamental en política, y la falta de ella destruye. También es importante conocer al detalle las reglas de juego y con ellas planificar metas a corto, mediano y largo plazo. Escalón por escalón, batalla por batalla, aliado por aliado y adversario por adversario. Nadie que intente llevarse todo eso por delante logrará tener éxito.

Después, con la paciencia y estrategia correspondientes, es imprescindible ser carnívoro para acceder a los principales lugares. Como dice el expresidente Luis Lacalle Herrera, los políticos se separan entre carnívoros y herbívoros. Hace más de 20 años que recurrió a esa división para ubicar a su entonces competidor interno Juan Andrés Ramírez en el grupo de los herbívoros y vaticinar que duraría poco en la actividad política. El tiempo le dio la razón. Al igual que Ramírez, Talvi jugó desde un lugar de herbívoro y reivindicando su condición de tal. La historia está llena de ellos, y siempre quedan por el camino.

Su salida prematura deja heridas importantes, a los que creyeron y confiaron en él y a los que se asociaron políticamente con él para concentrar un gobierno de coalición, que todavía transita por su primer año. También a los que desde la vereda de enfrente valoraron su manera de hacer política o sus ideas de centro. Y principalmente a los que estaban descreídos de los políticos y pensaron que Talvi venía a hacer las cosas de otra manera. Ahora siguen desconformes con los políticos y ni siquiera tienen a Talvi.

Por eso, el desafío que se abre para el gobierno, con el presidente Luis Lacalle Pou a la cabeza, es crucial y urgente. De los cinco dirigentes políticos firmantes del acuerdo previo al triunfo de la coalición multicolor, Talvi y Novick ya dieron un paso al costado. Ningún espacio queda vacío, y está en Lacalle Pou y sus aliados cómo llenarlo.

Es cierto que el presidente, que tiene su cuota de responsabilidad en la situación actual, puede ver aumentado su poder con la salida de Talvi. Ya no está su principal socio para hacerle contrapeso desde dentro del gabinete. Pero, a más poder, más responsabilidad. Por eso, la difícil prueba para el joven gobierno de coalición es encontrar rápido un sustituto de Talvi o a lo que él representaba desde el punto de vista ideológico. Y uno que dure.