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    El plástico y la naturaleza: Diego Cotelo y su banda junto a Fernando Cabrera en la Sala Zitarrosa

    El guitarrista y cantante de Bolsa de Naylon en la Rama de un Árbol cuenta su derrotero musical

    Es el nombre de banda más raro en la historia de la música uruguaya: Bolsa de Naylon en la Rama de un Árbol. Lo suficientemente extraño como para ser, en sí, tema de conversación cada vez que se habla del grupo, y pregunta obligada a su creador, Diego Cotelo.

    Bolsa (así se llaman ellos mismos y su público) hará realidad lo que sus integrantes definen como “un sueño lúcido”: tocar canciones de Fernando Cabrera en un concierto del Flaco de Paso Molino. Estarán juntos este sábado 13 en la Sala Zitarrosa, con 550 localidades agotadas hace ya varias semanas. La consigna es muy concreta: tocarán solo temas de Cabrera, esos que rara vez suenan, los que tienen arreglos complejos, orquestales, experimentales. Canciones que incluso nunca llegaron al escenario. Canciones que serán versionadas en lenguajes atípicos en la escena local como art pop, free jazz y glitch digital. Canciones que son parte del ADN de los miembros de la banda. Cotelo contó a Búsqueda su extenso derrotero musical, que lo llevó a buena parte de Latinoamérica y Europa, antes de volver a casa, fundar una banda y ser el aparcero estable de Cabrera.

    Nació hace 32 años en Montevideo y creció entre Pocitos y Punta Carretas. A los 8 años comenzó a tomar clases de guitarra y asegura que desde ese momento la música es el centro de su vida. Pese a ser hijo de Emiliano Cotelo y Alexandra Morgan —y nieto del emblemático crítico literario Rubén Cotelo—, nunca sintió atracción por el periodismo ni la comunicación. Al terminar el liceo pasó un par de años “boyando” entre Bellas Artes, la gastronomía y talleres de danza y teatro. Pero ninguna vocación fue tan fuerte como la música. En la adolescencia comenzó a explorar la mezcla de instrumentos análogos y digitales. La guitarra y las computadoras y otros artilugios como secuenciadores, pedaleras y plugins. A los 13 o 14 años entró en el rock con Guns N’ Roses, y siguió con bandas del mismo palo como Motley Crüe y Skid Row. De ahí pasó al grunge noventero con Alice In Chains y Stone Temple Pilots, y en eso estaba cuando se topó con la electrónica, que comenzó a emular en su casa, con sus primeras máquinas. “Hacer música en la computadora pasó a ser algo integral en mi proceso creativo”. El círculo comenzó a cerrarse cuando los instrumentos digitales lo llevaron a redescubrir la guitarra, el bajo y especialmente el teclado.

    Diego Cotelo en Bolsa de Nylon en la Rama de un Árbol. Foto: Javier Calvelo, adhocFOTOS

    “Estaba en cosas como jazz, free jazz, rock, posrock cuando apareció Radiohead en mi vida y ahí me quedé. No sé si salí todavía”, explica para ilustrar el impacto que tuvo en él la banda de Thom Yorke. “En Radiohead se unen el rock, la electrónica y la música clásica contemporánea. Y con ellos conocí el gusto por el error como ejercicio estético. Me di cuenta de que dejaban en sus discos errores analógicos y digitales que después emulaban en los conciertos en vivo. Y esa posibilidad me voló la cabeza”.

    A los 21 años Cotelo recibió una invitación que cambió su vida: se unió como guitarrista a la banda argentina Perotá Chingó, surgida en Cabo Polonio en 2011, liderada por las cantantes y compositoras Dolores Aguirre y Julia Ortiz, y dedicada al folclore alternativo (indie folk). “Fue un viaje musical increíble, que me llevó a irme de mi casa, a viajar por toda la Argentina, América y Europa, y me permitió vivir de la música”. Reconectó con la guitarra y conoció mucho del inmenso mundo folclórico argentino. Paradójicamente (o no tanto), estando fuera de Uruguay se metió más a fondo con la música uruguaya, desde Los que Iban Cantando a Buenos Muchachos, pasando por Leo Maslíah y Abuela Coca. “El famoso tuco de Abuela Coca no era otra cosa que fusionar estilos, algo que en esa época era mala palabra en el rock y que se transformó en la norma. Hoy es lo que hace todo el mundo”.

    Al volver a Uruguay, en 2018, comenzó a dar clases de guitarra para pagar las cuentas y puso en marcha Bolsa de Naylon… en la que Cotelo es el único compositor y arreglador. Por su formación parecen un conjunto de jazz o una orquesta pequeña: bajo, batería, teclados, clarinete, saxo, guitarra y voz. Bolsa practica una evolucionada fusión de géneros y en su propuesta, una guitarra o un bajo pueden “armonizar” con un sample de un instrumento cualquiera (la voz humana incluida) procesado digitalmente y transformado, por ejemplo, en el sonido que emerge de un teclado. El resultado es pura psicodelia y recuerda a pioneros de la fusión como Frank Zappa, o del rock progresivo como King Crimson. Esta expresión de vanguardia magnetiza el oído con sus sonidos inesperados. Por momentos, lo que suena puede ser chirriante, o bien desagradable en términos pop, pero rápidamente el oyente puede emprender un viaje sonoro distinto a todo lo que suena localmente.

    Diego Cotelo y Fernando Cabrera. Foto: Santiago Mazzarovich, adhocFOTOS

    La pregunta por el nombre era obligatoria y la respuesta tiene que ver con la mirada ecologista de una generación que creció escuchando como una alarma la expresión calentamiento global: “Estaba en una playa en Chile, en un viaje con mi familia, y me quedé un rato sentado en la arena. Cuando se fue todo el mundo quedó todo lleno de basura. Y me vino esa frase como postal de la escena. Después me di cuenta de que la frase era una síntesis de mi música: lo análogo y lo digital, el plástico y la naturaleza”.

    En estos años Bolsa de Naylon… ha tocado tanto en espacios under como en las principales salas de Montevideo y en festivales como Jazz a la Calle de Mercedes. Uno de esos conciertos fue visto por Fernando Cabrera, cuando se presentaba solo con su guitarra. Entonces hizo algo que Cotelo ni soñaba. Lo invitó a acompañarlo en un recital en el Auditorio del Sodre, en plena pandemia. “Conocía bien la música de Cabrera y luego de la primera charla me puse a estudiar minuciosamente lo que él hace en la guitarra. Pero me dijo que me olvidara de lo que estaba en los discos, que hiciera lo que la canción me inspirara. Me dio libertad total y eso es invaluable. Por eso además de la guitarra toco el clarinete bajo”. Cotelo cuenta que entró a la música de Cabrera por Viveza, disco que para él es la columna vertebral en la obra de Cabrera. De hecho, recientemente Bolsa… hizo una versión de Bandera amarilla, una de las canciones de ese álbum de 2002 que hizo conocer a Cabrera en Argentina. El vínculo entre ambos músicos se afianzó y se extendió después a toda la banda.

    La propuesta que anunció el cantautor en sus redes es tocar un repertorio que rara vez fue interpretado en vivo por la complejidad de los arreglos y la lógica dificultad para ser interpretados en vivo. Cotelo adelanta que la interpretación transitará por todo el espectro de abordajes: desde las profundamente respetuosas de los arreglos originales a las relecturas libres de la instrumentación. Así, la lista estará integrada por rarezas en vivo como Lisa se casó, Bandera amarilla, Décimas de prueba, Generación, Un par, Querido amigo y Los Eduardos.

    Cotelo detalla el modo en que versionarán una de las canciones, Décimas de prueba, y lo que dice funciona perfectamente como sinécdoque de su forma de entender y practicar la música, sin fronteras entre mundos aparentemente lejanos: “Es la versión más alejada de la original, es el arreglo más loco, es todo computadora, pero a su vez está construido con samples de la guitarra que toca Rubén Olivera en la original, la que está en el disco. Todo recorte y pegue”.

    Vida Cultural
    2024-04-10T20:45:00

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