Vázquez quería crear el Centro de Izquierda de Base Artiguista Latinoamericanista (Ceibal) con frentistas, blancos y colorados

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Nº 2101 - 10 al 16 de Diciembre de 2020

escribe Gabriel Pereyra

Entre julio y setiembre de 2011, cuando el gobierno frenteamplista de José Mujica estaba en su segundo año de mandato, mantuve alrededor de una decena de encuentros con Tabaré Vázquez en su residencia del Prado. La idea original era dejar plasmadas esas conversaciones en un libro que, con base en su testimonio, diera cuenta de cómo y por qué se habían gestado algunas políticas durante su primer mandato (2005-2010). Por diversas causas el proyecto no cuadró. Pero esas declaraciones, aún inéditas, allí quedaron y algunas de ellas toman estado público ahora, tras su muerte.

Aquí el resumen de algunas de aquellas charlas.

El Filtro

—La mañana del 24 de agosto hubo una reunión de la mesa política donde se iba a discutir si los dirigentes, yo ya era candidato a la presidencia, íbamos al Filtro y nos opusimos terminantemente a eso con (Liber) Seregni y Danilo (Astori). Danilo, Seregni y yo nos opusimos a que fuéramos, porque ya veíamos que se iba a armar un problema enorme. Perdimos antes de la mesa política y Seregni dijo: “Lo que se resuelva se acata”. Entramos a caminar del monumento a Luis Batlle hacia el Filtro… vámonos porque esto… pido paz, pido calma, que no haya violencia, eso está grabado. Ese día cuando se desarrollaron los acontecimientos yo estaba en la Cámara de Industrias, dándoles una charla a los industriales que terminó en la noche. Cuando vine para mi casa me enteré de todo, me quería morir.

Menos mal que empezamos a salir en abril, porque si empezábamos a salir en setiembre, después de esto, la gente nos mata…

La próxima salida fue el 27 o 28 de agosto, pasando Minas, el segundo pueblo. Y la reunión se hacía en un galpón. “¿Me pueden explicar por qué fueron al Filtro?”. Esa fue la primera pregunta. Expliqué como pude. Y seguimos trabajando, empezamos a remontar. Vino aquella polémica con Sanguinetti, ¿se acuerda?

Él ganó en retener a los votantes de derecha del Partido Colorado que se le iban para el Partido Nacional, y los pudo retener y eso le alcanzó para ganar.

Tabaré Vázquez junto a Jorge Batlle. Foto: AFP

Los derechos humanos

—En el congreso del Frente se definió que si se llegaba al gobierno, se iba a cumplir con la ley de caducidad, en su artículo cuarto. Y como es lógico presencié la ponencia sobre las dos posiciones, que se plantearon en el congreso: la de intentar eliminar por las vías que fuera la ley de caducidad, que la defendió Hugo Cores, y cumplir con la ley de caducidad, con el artículo cuarto de la ley de caducidad, que la defendió Eleuterio Fernández Huidobro. En el congreso triunfó esta última posición. Por tanto, durante toda la campaña electoral estuve anunciando en todo el país, en cada uno de los actos que hice, que íbamos a cumplir con el artículo cuarto de la ley de caducidad, investigando —como está establecido administrativamente por parte del Poder Ejecutivo— los hechos de desaparición de ciudadanos uruguayos en el territorio nacional. Esto yo lo tenía muy claro.

El 1º de marzo, usted el otro día me lo decía, en mi discurso de la escalinata del Palacio Legislativo anuncié que en pocos días íbamos a entrar a los cuarteles a investigar donde había denuncia de que podía haber enterramientos clandestinos. Pero entre el congreso y la campaña, y el discurso del 1º de marzo del 2005, ocurrieron cosas.

Esto que le voy a decir no se sabe. Tenía absolutamente claro y conciencia de que la etapa de transición desde que se ganaron las elecciones hasta el 1º de marzo era de capital importancia para muchos temas, pero especialmente para este tema. Porque sabía que era un enorme desafío para la izquierda uruguaya encarar este tema. Desafío y de una gran sensibilidad. No nos olvidemos de que veníamos del gobierno del doctor Jorge Batlle, donde se gestaba la Comisión para la Paz. Allí donde está usted estuvo sentado el doctor Batlle el 17 de enero antes de asumir su presidencia, me vino a visitar acá a mi casa y hablamos de varios temas. Y sobre el tema derechos humanos me planteó: “¿Y qué hacemos con el tema de derechos humanos?”. Y ahí surgió la idea de crear una comisión, que fue primero —él mismo lo plantea— la comisión de la verdad; yo le propuse: comisión de la verdad, comisión para la paz, etcétera.

Mano a mano ahí sentado, el doctor Batlle y yo el 17 de enero, me acuerdo porque era el día de mi cumpleaños, antes de que él asumiera el 1º de marzo siguiente. Y entonces en la misma conversación me dijo: “Y bueno, un representante suyo, doctor Vázquez. ¿Qué le parece el doctor Gonzalo Fernández?”. “Me parece estupendo. Yo lo puedo llamar”. “Sí, cómo no, ningún problema”. Así surge la idea.

Pero cuando ganó, tuve una reunión con los comandantes en jefe de las Fuerzas Armadas por separado, con autorización, con conocimiento del doctor Batlle. Yo quería hablar con los comandantes en jefe. Y hablé con los tres. Les dije que yo iba a aplicar… a hacer funcionar el artículo cuarto de la ley de caducidad. Que íbamos a trabajar dentro de lo que establecía el artículo cuarto en cuanto al tiempo de aplicación, cuándo comenzaba a aplicarse y cuándo dejaba de aplicarse. A la territorialidad de la ley. A que no protegía delitos económicos o de otros tipos que se hubieran producido. Y a la responsabilidad que tenían los mandos del momento, de aquel momento. Que estaba decidido a llevar eso adelante. Estuvieron completamente de acuerdo con el plan.

Hubo solicitud de algunas personas de que se protegiera su identidad porque dieron información. Y aplicamos la ley que hay al respecto y mantuvimos en absoluta reserva la identidad. La conoce a la identidad, las identidades, las conoce algún juez que actuó en alguna causa.

—¿Usted manejaba la posibilidad de que alguno se pudiera retobar al ser detenido?

—Ah, sí. En más de una oportunidad me planteé, antes y después del discurso del 1º de marzo: qué sucede si la ministra de Defensa va a un cuartel para comenzar las investigaciones y alguien se para en la puerta y dice: “Usted no entra”.

Y lo iba a destituir inmediatamente; y si alguien lo respaldaba de la oficialidad superior, también. Yo sabía que podía terminar en una cuestión institucional.

Y con el caso de Macarena García, viene el comandante Ángel Bertolotti, en quien yo confiaba y le pregunto: ¿Pero está seguro? Sí, estoy seguro. ¿Pero está bien seguro? Sí, estoy bien seguro. ¿Qué seguridad tiene? 99,9%.

—¿Volvería a anunciarlo igual?

—Sí, porque pienso que la gente cuando actúa… yo creo que actuó con honestidad el comandante Bertolotti, con total honestidad. Lo que pasa es que lo engañaron y que lo engañaron a propósito. Se le dio información de manera errónea a propósito, y él la creyó. Y yo le creí a él. Creo que fue idea de Gonzalo esto de decirle a la nieta de Gelman de ir, a Macarena, de ir a mostrarle dónde estaba esa información que creíamos que era verdadera y después fue falsa. Que se tuviera cuidado de no lastimarla porque no es una cosa menor, llevarla al lugar donde eventualmente estaba enterrada la madre, después de todo lo que había pasado y el daño que se le podía producir a Macarena en una situación de ese tipo. Por eso me dolió enormemente cuando después se hizo la excavación y no se encontró nada, porque me imagino lo que debe haber sufrido esa chiquilina.

La reelección

—Se pasan rápido los cinco años.

—Se pasan muy rápido. Usted me pregunta hoy que estoy fuera de la conversación, cuál es el modelo ideal, y yo creo que el que tiene Brasil. Cuatro años, para presidencia, con posibilidad a una reelección. Y creo, además, y aquí ya me traslado al modelo americano, que nunca más. Cuatro años, cuatro años, señor, muchas gracias y a otra cosa. Porque cuatro años es muy poco. Cinco años es poco, pero 10 años sería mucho. Creo que lo ideal sería cuatro y cuatro.

—¿Y por qué no se animó a proponer la reforma? ¿Porque lo involucraba?

—Porque me involucraba. Se podía pensar que lo hacía para mí.

—Vamos a suponer que hubiera surgido de otro partido. ¿Usted lo hubiera apoyado porque cree en ese modelo?

—Claro, sí, señor; lo hubiera apoyado porque creo en ese modelo.

—Usted habla de la reelección como concepto. Pero si lo planteaba como presidente, iba a ser un daño al Uruguay.

—Partía al Uruguay en dos y dije que al Frente Amplio también en dos. Y no me equivoqué.

—Partía al Frente Amplio en dos. Usted dice que no lo dividía como con cualquier otro tema. O a usted le parece que era un tema…

—Creo que lo dividía fuertemente.

—El Frente tuvo divisiones.

—Sí, pero las hubiera tenido y mucho más fuertes.

—¿Una ruptura como la del PGP en aquella época?

—Y de repente.

—¿Usted temía eso?

—Sí. Por una razón que me parece que es elemental. Dividía al país sin duda, reeleccionistas y no reeleccionistas. No reeleccionistas iban a estar los partidos tradicionales.

—Pero usted podía ganar, ¿no? Los números decían que podía ganar.

—Si llegaba a la reelección; el tema era llegar a la reelección. Se iba a partir antes.

—No entiendo. ¿Cómo si llegara a la reelección? ¿Se iba a partir en el debate?

—Y no iba a haber votos necesarios.

—Tenía en mente que iba a haber una traba antes de llegar, que no se iba ni siquiera a aprobar el instituto, que iba a fracasar.

—Sí, le voy a decir por qué y eso iba a dividir fuertemente a la izquierda, previo a la puesta en consideración de la población de reforma. ¿Por qué partía al país? Porque los no reeleccionistas blancos y colorados, y algunos de izquierda también, iban a confrontar con los reeleccionistas. Íbamos a estar discutiendo reelección sí, reelección no, que esto y lo otro, que Pacheco lo había propuesto y lo que pasó después. Caos dentro de la izquierda. Supongamos que yo hubiera aceptado que se planteara exponer a la población ir a una reelección. Y se iba a hacer en el mismo acto eleccionario donde se eligiera por primera vez en la primera ronda, al presidente de la República. Podía suceder que en esa elección no saliera la reelección. Por tanto el Frente Amplio, que me tenía a mí como eventual —yo no lo acepté nunca— reeleccionista, iba a tener también que presentar una lista con otro candidato a la presidencia, y otro candidato a la vicepresidencia por si la reelección no salía. ¿Quiénes iban a ser esos candidatos? Pepe Mujica y Danilo Astori, Astori y Mujica, era la lógica. Por tanto la gente del MPP y la gente de Asamblea Uruguay iban a votar por sus candidatos. Si salía la reelección, no podían votar por sus candidatos. Por tanto, aunque no lo dijeron, era muy factible que votaran contra la reelección. Y la reelección no iba a salir y yo iba a sumir al país durante seis meses en una discusión violenta de si reelección sí o si reelección no. Y no tenía derecho a hacer eso.

Foto: Javier Calvelo / adhocFOTOS

El Ceibal

—Yo recibí una carta de los maestros, de las asambleas técnico-docentes, al principio cuando lancé la idea del Plan Ceibal, que me decían de todo. Que primero me ocupara de tapar los agujeros de los techos, ponerles los vidrios a las ventanas, destapar los waters, escuelas nuevas, arreglar los pisos, las veredas, que el barro, los chiquilines. Me decían que era un plan antidemocrático el Ceibal, que iba a gastar dinero y me decían que, además, si alguien lo tenía que haber ideado, instrumentado, eran los docentes. Que yo me metía a hacer cosas que no tenía que hacer. Y abajo les puse la fecha y a mano, no le pedí a nadie que lo escribiera en la computadora: “Se devuelve por improcedente, Tabaré Vázquez, presidente de la República”, y se lo mandé al sindicato. Y seguí adelante con el Plan Ceibal.

Después les mandé decir, además: ¿Saben una cosa? Ustedes a mí como presidente me tienen que exigir que tape los agujeros de los techos, que ponga los vidrios, que destape los waters, que haga las veredas, que haga escuelas nuevas, todo eso y además que haga el Plan Ceibal. No que deje de hacer el Plan Ceibal para hacer esto, ni que haga el plan y deje de hacer. Ustedes me tienen que exigir todo.

—Usted lo hizo por el costado, no lo hizo por el sistema. Sabía que si lo metía dentro del sistema, lo mataban de un tiro a los tres primeros pasos.

—Sabía. Y que si lo hacía por afuera, iba a tener confrontación. Y lo hice por afuera. ¿Evité la confrontación? Cuando terminamos de entregar las últimas computadoras, las entregaron representantes de los sindicatos.

El otro Ceibal y una posible fractura

—En la izquierda tenemos asumido, creo que la mayoría de los que pertenecemos a la izquierda uruguaya, que la toma de decisiones involucra siempre un proceso de discusión pensado, largo, cuidadoso, que a veces uno dice: “Caramba, estamos perdiendo el tiempo”. Yo creo que no se pierde el tiempo, se va solidificando un basamento con fundamentos. Y aquel proceso y el proceso con el que ha seguido la izquierda en el Uruguay es un proceso de discusión amplia y de ir viendo los caminos, cómo se avanza, cómo cambia el mundo. El mundo cambia y si nosotros quedamos en una rigidez, terminamos quebrados como cualquier cosa rígida. Además, la vida es cambio y hay que aprender de esas cosas. Sé que hay compañeros, y yo los respeto enormemente, que siguen aferrados a aquellos paradigmas o a aquellos pensamientos y piensan que lo que de repente sucedió es que no se llevaron bien las cosas adelante y que son válidas las metas que se planteaban. Está bien, es respetable. Yo creo que esa fue una historia de fin de siglo XX, mediados de la segunda mitad del siglo XX, y que ahí el mundo cambió y no va a volver a ser el mismo de antes. La historia no va para atrás, el mundo no va para atrás.

—¿Usted piensa que la izquierda, desde el punto de vista de la organización política, de las estructuras políticas, tiene márgenes para seguir abriéndose?

—No solo tiene margen. Desde mi modesto punto de vista, y es una posición absolutamente personal, lo tiene que hacer.

—¿Tiene que seguir en ese proceso?

—Tiene que retomar ese proceso.

—Retomarlo.

—Lo tiene que retomar. Mire, cuando nosotros discutimos aquel tema, la posición que teníamos los que defendíamos al Encuentro Progresista era que el Frente Amplio había llegado a un techo y que como Frente Amplio no crecía más. Y que había actores políticos fuera del Frente que podían votar un programa de izquierda progresista, de centroizquierda, pero que no iban a entrar al Frente, por eso decía lo de espacio mayor. Y ahí hubo ingresos y ahí la izquierda se reconstruyó, y ahí la izquierda creció. Después, desde mi punto de vista, fue un error y creo que fue producto de un error ocasionado por la emotividad, y es malo pensar, razonar desde las emociones, volvimos al Frente.

—¿Usted lo ve hoy como un retroceso?

—En aquel momento también, se lo dije a Rodolfo (Nin). Rodolfo, emocionado en el acto de cierre de campaña, dijo: “Yo me siento frenteamplista”, y dije: “Bueno, si somos todos frenteamplistas, vamos todos para el Frente Amplio”. Ahí se cometió un error. Yo ya estaba en el gobierno y no podía ocuparme de ese tema. Pero hoy creo que el Frente Amplio tiene que abrir sus puertas, sus ventanas, tiene que pensar nuevas formas organizativas como lo hicimos con el Encuentro Progresista. Tiene que hacer una actualización ideológica, tiene que hacer una actualización programática, tiene que discutir en profundidad políticas de alianza, de relacionamiento del Frente con los empresarios, con los trabajadores, el relacionamiento internacional. Esto no quiere decir que abdiquemos de principios y de valores. Quiere decir que tenemos que aggiornarnos. Cuando se habla de la renovación de los partidos políticos en el Uruguay, yo a veces lo leo con asombro. Es unidireccional ese pensamiento, se piensa que la renovación se da porque se van los viejos y vienen los jóvenes. Ese es un aspecto y está muy bien y hay que hacerlo, pero yo creo que la renovación es multidireccional, en el sentido de ver cómo está constituida hoy la sociedad, cuáles son sus estructuras, cuáles son las líneas de relacionamiento dentro de la propia sociedad, cómo el actor político puede llegar a esa sociedad e insertarse en ella y cómo puede interactuar con las redes que se han formado. Ojo que yo creo que fue muy inteligente lo de los militantes de izquierda de base, con las redes que formaron entre ellos, eso es modernidad, es renovación y creo que el Frente tiene que apostar a eso y también, si no es el Encuentro Progresista, a alguna otra forma. Tiene que haber apertura.

—Me quedo con estas dos ideas que después las desarrollaremos, que son actualización ideológica y actualización programática. Pero desde el punto de vista organizacional…

—También.

—¿Usted cree que seguir avanzando no es volver al Encuentro Progresista, sino a una forma de organización similar, que sería una etapa superior del Frente Amplio?

—Sí, señor, y le puedo dar la explicación más profunda hoy. Retomando el pensamiento de Seregni yo creo que en Uruguay en muchos aspectos, también en el político, prima en el subconsciente de todos los uruguayos, generación a generación, la bipolaridad, en este caso político, el bipartidismo. Creo que inevitablemente se va siempre allí, por lo que es la historia de Uruguay y desde la llegada de los anarquistas, Pepe Batlle, Herrera hasta nuestros días, Wilson, Seregni, la izquierda en su conjunto, el movimiento sindical. Tenemos una sociedad envejecida, una pirámide invertida, conservadora, tanto en la derecha como en la izquierda, así que los extremos políticos e ideológicos no tienen futuro en el país. Va a haber una derecha y va a haber una centroizquierda, la derecha va a ser incapaz de actuar en el centro. Va a haber una centroizquierda. Yo no creo en la centroderecha en el Uruguay. En la derecha, sí. Le doy dos ejemplos personificados: Pedro Bordaberry y Luis Alberto Lacalle. Pedro Bordaberry en el Partido Colorado revivió el coloradismo de Rivera. Y los batllistas, muchos batllistas, no estoy hablando de dirigentes, estoy hablando de votantes batllistas, se sienten incómodos en esa situación. Creo que en el Partido Nacional Larrañaga dio lo que tenía para dar. No le veo mucho más futuro a Larrañaga. Lacalle está al frente de un pensamiento de derecha dentro del Partido Nacional. Los que son wilsonistas y tuvieron en Wilson un líder tremendo, inteligente, carismático, no lo encuentran en Larrañaga, sinceramente, ni en nadie del Partido Nacional hoy en día. También hay sectores de votantes que están muy complicados en cuanto a su ubicación dentro del Partido Nacional.

Entonces creo que hay que generar un espacio político de centroizquierda que recoja a la izquierda, si no a toda la izquierda, a una buena parte de la izquierda, aquella que conforma el caudal de la izquierda, no las corrientes marginales, y votantes de batllistas que no están cómodos en el Partido Colorado y wilsonistas que no están conformes. Y consolidar la centroizquierda.

Estoy pensando en el movimiento Ceibal: Centro de Izquierda de Base Artiguista Latinoamericanista.

Yo creo que no hay con qué darle a un posicionamiento de ese tipo. Sé que va a haber algunos sectores de izquierda que se van a intentar desprender como ya se desprendieron. Y sé que otros sectores de izquierda van a acomodar el cuerpo de forma tal de estar en la gran correntada central. A veces a quienes nos toca jugar un papel de ese tipo, no peco de inmodesto porque evidentemente tuve que liderar una fuerza política, nos mata el cortoplacismo y los problemas del momento. Entonces usted no tiene tiempo de sentarse a pensar. Cuando quiere acordar se le vino todo encima y ya está.

Información Nacional
2020-12-09T21:02:00