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    ‘Dedos’, ‘Biafra’, ‘Heloísa’, ‘Negro’ y así sucesivamente: el emocionante ‘Homenaje a Totem’... y al Negro Rada

    Lucila, Matías y Julieta Rada, junto con el bajista Daniel Lobito Lagarde, encabezaron un vibrante tributo a una página fundamental de la música uruguaya y encarnaron la inolvidable voz de su protagonista

    Un vendaval de música arrasó el Sodre este último fin de semana. Solo seis semanas después de la muerte de Ruben Rada, su familia musical se reunió para homenajear a Totem, un concierto que había sido anunciado por el músico, seis meses atrás, incluso antes de la muerte de Mario Chichito Cabral, el percusionista de la legendaria banda que fusionó rock, candombe e influencias centroamericanas fallecido en mayo. Fueron dos noches plenas de rock, de candombe beat, de emoción arriba y abajo del escenario, de gritos, aplausos, baile espontáneo y largas ovaciones.

    Apenas se levantó el telón y se pudo ver ese hermoso piso de damero que emula el arte de Carlos Palleiro para el disco Descarga, un puñal se clavó en la retina de las casi 4.000 personas que asistieron al Homenaje a Totem, tal como se tituló este concierto. Sonó el ta-ta-ta-tannn en la guitarra, el riff tan arquetípico de Dedos, que influyó a decenas de canciones posteriores, y no estaba Rada en el escenario. Aparecieron todos, se encendieron las luces y el sonido a pleno, y no estaba el Negro sentado detrás de las congas. Vamos a necesitar años para asimilar el incandescente brillo de su ausencia.

    Julieta, 'Lobito', Lucila y Matías

    Julieta, 'Lobito', Lucila y Matías

    Como se tituló la nota previa de Búsqueda sobre este concierto, fue un doble homenaje: a Totem, por supuesto, como estaba planeado, y al Negro Rada. Fue el primero de, seguramente, muchos. Cuando su familia y el resto de los músicos decidieron mantener la fecha programada, todo se resignificó. Todos sabían que serían dos noches de gran emoción. Las primeras de tantas, seguramente, pero también las más difíciles de afrontar por la cercanía temporal con la partida del Negro. Solo pasaron 45 días. No debe haber sido nada sencillo mantener la compostura emocional al interpretar este gran cancionero sin quebrarse en ningún momento. Entre todos se sostuvieron en pie y la música prevaleció, triunfante.

    En el escenario del Auditorio del Sodre, bien al frente, estuvieron Lucila, Matías y Julieta Rada, que se alternaron en el liderazgo vocal del repertorio y armonizaron en todas las variantes posibles, cantando a tres, a dos y a una voz y armonizando con otros instrumentistas para generar, junto con el permanente vértigo instrumental, momentos de alta intensidad coral.

    Daniel 'Lobito' Lagarde

    Daniel 'Lobito' Lagarde

    El talento vocal de Julieta y Lucila no es novedad. Las dos hermanas ensamblan sus voces con gracia y precisión. Julieta dispone de una amplia paleta tímbrica y de recursos vocales, mientras que Lucila es más sobria y elegante. Matías ya había insinuado sus buenas condiciones en el concierto Parte de la historia, en el que Rada compendió temas de El Kinto, Totem y Opa, entre 2018 y 2020 (su registro en vivo está, afortunadamente, publicado en plataformas, y es un valioso documento de los últimos años de Rada en los escenarios).

    Ahora, el guitarrista asumió el sitial de voz líder y demostró la evolución de su caudal vocal, con un timbre más dulce que el de su padre, pero con una notoria calidez interpretativa. No es una imitación del Negro, no están los firuletes, las acrobacias y demás trucos de magia que construyeron la leyenda del Negro Rada. Pero Matías tiene su propia personalidad vocal, que está comenzando a aflorar y que será la base, junto con sus hermanas, para sostener, de aquí en más, el inmenso cancionero de su padre.

    Lucila y Julieta Rada

    Lucila y Julieta Rada

    Junto con ellos, dio cátedra en las cuatro cuerdas el bajista Daniel Lobito Lagarde, un histórico de la música uruguaya, único sobreviviente de la formación original, que tuvo aquí un rol coprotagónico con los tres hermanos. Lo suyo fue una clase magistral de swing groovero y de rock fusión. Y además se dio el gusto de cantar Chévere, una de sus autorías en Totem, en la que musicalizó el célebre poema de Nicolás Guillén.

    En las teclas estuvo, al fondo a la izquierda, como siempre desde hace más de 25 años, Gustavo Montemurro, el gran socio de Rada en vivo y el estudio en todo lo que va del siglo; el arquitecto sonoro de, al menos, los últimos 20 discos del Negro en sus múltiples proyectos y facetas. El hombre detrás de la consola del estudio Las Manzanas, donde se fabricó un inmenso stock de discos y canciones, entre ellos, una decena de títulos aún inéditos, que seguirán alimentando la obra de Rada durante los próximos años.

    Matías Rada

    Matías Rada

    El resto, todos percusionistas: en la batería, Santiago Tato Bolognini, baterista de Rada en sus proyectos más recientes, que sustituyó al histórico Nelson Cedrés, quien solo subió al final, a tocar el bis fuera de programa. Junto con él, Coby Acosta, el hombre que tuvo la misión casi imposible de tocar las congas, el instrumento de un ícono que durante el último medio siglo se recortó siempre junto con la silueta del Negro.

    Y, por último, la quijotesca figura de Fernando Lobo Núñez, el tamborero, el amo y señor del tambor piano, el hombre con las manos llenas de cuero y madera, tocó el tambor piano, junto con Sergio Martínez en el chico y Noé Núñez en el repique. La cuerda coronó con su mantra candombero las canciones construidas en torno al ritmo que otorga una identidad unívoca a esta ciudad en el mundo de la música. La lluvia cae para todos igual, Todos, Biafra y el final a todo rock tribal con Descarga, con una minillamada final con toda la banda tocando los tambores, fueron grandes momentos de clímax candombero.

    Totem, nombre acuñado por Chichito que significa “todos tenemos música”, fue la gran banda de rock que copó la escena montevideana en los tempranos años 70 y que, si bien fue fundada y liderada por el guitarrista y compositor Eduardo Useta, contó con Rada como cantante y frontman rebosante ya de carisma y virtuosismo no solo vocal, sino compositivo. Publicó tres discos: Totem (1971), Descarga (1972) y Corrupción (1973).

    Completaron la formación el guitarrista Enrique Gordo Rey y el baterista Roberto Galletti. Su sucesor en los parches, Santiago Ameijenda, no pudo participar del tributo, según se comunicó, por razones de salud.

    'Homenaje a Totem' llenó dos noches el Auditorio Adela Reta

    'Homenaje a Totem' llenó dos noches el Auditorio Adela Reta

    El concierto fue contundente. No fue un set larguísimo, sino que los 16 temas fueron suficientes como para coronar un tributo ajustado a la historia de una banda fundamental. No me molestes, Pacífico, De este cielo santo, Mañana, Todo mal, Días de esos, Manos y el final a todo rock con Heloísa y Negro completaron este paseo temático por la historia de un nombre fundacional de la música uruguaya.

    'Homenaje a Totem'

    'Homenaje a Totem'

    Colaboró con la alta emotividad del show el estupendo diseño de visuales de Lucas Carrier, que jugó con el archivo de fotos y con el universo visual estampado en las portadas de los tres discos de Totem. Fuera de programa y luego de los agradecimientos de rigor, Lucila Rada se despojó de la contención emocional que los tres hermanos ostentaron durante todo el concierto y pronunció: “¡Ahora sí, un aplauso para el Negro Rada!”.

    Mientras el teatro se caía abajo, y Julieta emulaba a su padre con un tímido “¡A ver ese grito de locura!”, la despedida fue con Quién va a cantar. Una vez más, pareció inverosímil no verlo ahí ni escuchar su voz. Costará acostumbrarse.