Sus datos biográficos son escasos, y por eso los artículos periodísticos que surgieron cuando se supo que la escritora canadiense Anne Carson (Toronto, 1950) había ganado el Premio Nobel de Literatura 2026 han citado una frase que figura en las solapas de sus libros: “Nació en Canadá y se gana la vida enseñando griego antiguo”. Esas reservas sobre su trayectoria van en paralelo con las apariciones públicas de Carson, en las que se muestra algo distante y misteriosa, además de escueta, en sus respuestas.
Una de esas apariciones fue en 2020, cuando en plena pandemia ganó el Premio Princesa de Asturias a las Letras. La ceremonia de entrega del reconocimiento fue por videollamada, y Carson dio un discurso que duró poco más de tres minutos. En la pantalla apareció una mujer sin sonrisas, y justamente sobre la sonrisa habló al comienzo: “El rostro español es un rostro serio, un rostro severo; no sonríe sin una razón para hacerlo. Hasta que me acostumbré a ello, me preocupaba todo el tiempo estar haciendo algo mal. Los rostros norteamericanos, como saben, sonríen continuamente, con todos los dientes, sin motivo alguno. Pero una sonrisa española es difícil de ganar. Por eso es de especial importancia para mí que hayan elegido sonreírme hoy con la entrega de este asombroso y extraordinario premio, auspiciado por la princesa de Asturias. Quería expresar mi gratitud y también decir algo sobre la gratitud, porque es una palabra interesante”.
A pesar de lo breve, su discurso dijo mucho, por ejemplo, sobre su deleite por las palabras, por su historia y su significado. Finalmente, esbozó una discreta sonrisa dirigida hacia los espectadores, después de hacerlos participar en un extraño juego poético.
Ahora la Academia Sueca la acaba de distinguir con el Nobel por su “obra audaz e inventiva que, en diálogo lúdico con la tradición clásica, ha creado nuevas formas para la literatura contemporánea”. Y es justamente con su obra, híbrida y difícil de clasificar en los géneros tradicionales, que se pueden llenar (o intuir) algunos de los vacíos biográficos de la misteriosa Carson.
Cuando Anne conoció a Safo
Algo especial en Carson es que logra unir en su producción su faceta académica con la creativa. En 1981 se doctoró en la Universidad de Toronto con una tesis sobre Safo. La primera vez que leyó a la poeta griega tenía 15 años. Había encontrado una edición bilingüe en un pueblo nuevo al que habían trasladado a su padre, que era empleado bancario. Así lo contó en 2019 en entrevista con El País de España: “Yo era una adolescente desafecta necesitada de estímulos. La visión de las dos páginas yuxtapuestas, una de ellas un texto impenetrable pero de gran belleza visual, me cautivó y me compré el libro. Al año siguiente destinaron a mi padre a otra ciudad igual de aburrida, pero lo que me salvó fue que en el instituto había una profesora de latín, una mujer excéntrica, que cuando supo de mi interés por aprender griego se ofreció a darme clases a la hora del almuerzo. Se llamaba Alice Cowan y le debo mi carrera y mi felicidad”.
Su amor por los clásicos griegos continuó después en la Universidad de St Andrews de Escocia, donde estudió Lenguas Clásicas y Literatura. Y su trayectoria siguió como profesora de literatura comparada en universidades de Estados Unidos y Canadá.
En sus obras, Carson es capaz de vincular versos de Safo con los de Emily Dickinson o a Aristóteles con pensadores contemporáneos. Es capaz de hacer que los clásicos sigan hablando en el presente con el peso de la historia y los nuevos alcances de las palabras.
En 1986 publicó Eros dulce y amargo, un ensayo sobre el deseo erótico, que para la autora surge con la distancia, con aquello que está fuera de alcance. Y de nuevo aparece Safo con su concepto de “dulce y amargo”, esa humana tensión entre lo que se tiene y lo que se anhela. Safo, Platón, Madame Bovary o Ana Karenina pasan por las páginas de este libro.
En 1998 apareció Autobiografía de Rojo, una novela en verso que cuenta la historia de Gerión, monstruo asesinado por Hércules en su décima tarea para los dioses. Pero, más que del mito, Carson trata la relación entre víctima enamorada de su verdugo y este último. De 2005 es Decreación, que toma su título de un concepto de la filósofa y activista francesa Simone Weil sobre la disolución del yo. Carson lo explica en un viaje por el que pasan Homero, Safo, Longino, Virginia Woolf y la propia Weil y conduce hacia el sueño, el momento donde se da la decreación.
Palabras, palabras
“Temprano una mañana faltaban las palabras. Antes de eso, no existían palabras. Existían hechos, existían caras. En un buen relato, nos dice Aristóteles, todo lo que ocurre es porque algo lo empuja. Un día alguien se dio cuenta de que había estrellas pero no palabras, ¿por qué? Le pregunté a mucha gente. Creo que es una buena pregunta. Había tres mujeres agachadas en el campo. ¿De qué sirve preguntarnos?, dijeron. Bueno, pronto quedó claro que sabían todo lo que se puede saber sobre los campos nevados y los brotes verdiazules y la planta que se llama ‘audacia’, que los poetas confunden con las violetas”. De esta forma comienza Charlas breves, un libro publicado originalmente en 1992 que elaboró a partir de breves apuntes sobre temas tan diversos como el Homo sapiens, Ovidio, el autismo o las truchas. Pero ese primer fragmento marca su pasión por las palabras y su alcance.
Pero hubo un libro en el que no le alcanzaron las palabras. Se titula Nox y lo publicó en 2010, 10 años después de la muerte de su hermano Michael, ocurrida en el 2000. Epitafio o elegía, es su propio duelo publicado en forma de caja-féretro. En el interior, una única hoja se despliega como un acordeón, con recuerdos, fotos, documentos, en una especie de experiencia poética y visual.
Keats, la belleza y la infidelidad
“Dedico este libro a Keats (¿Fuiste tú quien me dijo que Keats era médico?) por la razón de que una dedicatoria tiene que estar necesariamente viciada si un libro aspira a mantenerse libre y también por su completa dedicación a la belleza”, aparece como título-dedicatoria en el primer capítulo de La belleza del marido, un libro que tiene mucho de autobiográfico. Y otra vez, un libro inclasificable: una mezcla de poesía, prosa y autoficción.
Para los rioplatenses, el subtítulo puede sonar curioso: Un ensayo narrativo en 29 tangos. Es que Carson concibe el tango como un baile sensual, que cumple con aquel principio erótico del acercarse-alejarse. En esta obra, la escritora cuenta el desmoronamiento de un matrimonio entre una escritora y su bello marido, que se apropiaba de sus textos y que le había sido infiel. Hay diálogos, poemas, reflexiones, ironía y el concepto del poeta romántico John Keats sobre la belleza como verdad. Ella se pregunta por qué a pesar de todo sigue deseando a su marido.
En una tarde de junio.
Aquí tenéis mi consejo,
aguantad.
Aguantad la belleza.
La traductora
En 2025, las traductoras uruguayas Lucía Bonilla y María Eugenia Meneses publicaron Panícula(Yaugurú), la traducción al español del libro de poesía de la canadiense Gillian Sze. Ahora ambas recibieron con satisfacción el Nobel de Carson, a quien admiran como traductora. En Panícula incluyeron una cita en su homenaje: Como el eros, los juegos de palabras no obedecen los bordes de las cosas.
Sobre la profesión que las une con Carson, conversaron con Búsqueda.
“Como traductora Carson ha trabajado con textos griegos clásicos, tradujo algunas tragedias, como Electra y Antígona, y también una colección de poemas de Safo con el título If not winter (Si no invierno), que toma un verso de uno de sus poemas que no se conservaron completos. Los traductores de Safo completaban en cierto sentido sus poemas, por lo tanto, había una interpretación del traductor. Carson en su libro mostró los vacíos, las pérdidas, palabra por palabra, y en algunas partes puso paréntesis rectos en lo que faltaba. Fue novedoso para mostrar esos textos”, dijo Meneses, que además recomendó una entrevista a Carson publicada en 2024 en The Paris Review.
“Allí dice que al traducir textos clásicos, especialmente griegos, trabaja con todas las versiones y con todo lo que leyó. Ese recorrido histórico hace que sea mucho más complejo y amplio traducir clásicos que textos contemporáneos”.
Por su parte, Bonilla señaló que los traductores de clásicos pertenecen a un canon “brillante y reluciente” en el mundo de la traducción literaria. Son como un dream team, como una especie de iluminados”. Por ese motivo, los profesionales de la traducción admiran a san Jerónimo, traductor de la Biblia. “Quienes traducen clásicos ponen en juego todo el abanico traductológico, los conceptos que se empezaron a manejar desde los años 60 y sobre todo en los 80, que tienen que ver con la extranjerización de los textos, con la transcreación. Carson es una gran traductora y tiene reflexiones hermosas sobre la profesión. Es, además, una traductora superosada. Hay que ser valiente para traducir los clásicos, son textos con muchas traducciones, lecturas e interpretaciones. Carson se anima a traerlos al presente con una reinterpretación, y lo hace independientemente a cómo lo hicieron traductores anteriores a ella. Eso ha sido muy osado”.
Anne Carson sufre de párkinson, enfermedad que le dificulta escribir a mano. En un texto emotivo, habló sobre ese tema: “Ahora los trazos rectos se doblan o se rompen o van en todas direcciones, las vocales se encogen hasta convertirse en manchas, la inclinación pierde su suave ángulo inteligente, todo resulta embarazoso. Borro párrafos enteros por vergüenza”. En esos momentos, quizás, se irá a escuchar el viento.