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El pensamiento artístico nos puede salvar

En un momento en que la enseñanza se está haciendo muchas preguntas sobre cuál es su rol hoy frente a estudiantes que tienen acceso infinito al conocimiento, la educación tiene mucho que aprender del arte contemporáneo

Editora Jefa de Galería

Fuimos educados para un mundo que ya no existe. Nuestros maestros y profesores jamás iban a poder adivinar que un día estaríamos absorbidos por redes sociales que nos hacen vivir vidas virtuales; o que llegaría una inteligencia artificial que se ocuparía de gran parte de los procesos que se llevaban varias horas de nuestro día; que esa inteligencia nos enfrentaría a productos creados por robots, imágenes, sonidos, voces; que respondería todas nuestras preguntas al instante, todas. Y que nos daría la contradictoria sensación (fascinación y pánico al mismo tiempo) de que ya no existen los límites.

Pero nuestro cerebro quedó seteado con normas, ideas y formas de pensamiento que tal vez necesitemos revisar si tenemos la intención de habitar este planeta adaptándonos a los cambios. Porque eso sí lo aprendimos y no ha cambiado: en la naturaleza sobreviven aquellos que tienen la capacidad de adaptación al medio.

Uno de los caminos que nos puede llevar por ese proceso de adaptación es el de no seguir buscando la respuesta correcta, pues para eso, en la mayoría de las veces, ya tenemos a la máquina. Lo verdaderamente nuevo es aprender a quedarnos en la pregunta. (Difícil ejercicio para un periodista).

Mariana Valdés y María José Ambrois dicen que cuando dejamos de buscar la respuesta correcta suceden cosas bastante más interesantes, como aprender a mirar, relacionar ideas, tolerar la incertidumbre y pensar de otra manera. Es la lógica del arte contemporáneo que ellas trasladan a escuelas y espacios de formación a través de su asociación Arteyeducación. María José es artista plástica y docente, Mariana es profesora de artes visuales y han encontrado que la forma de pensar de un artista es la manera como debemos pensar el resto de los humanos: “partir de una curiosidad, hacer preguntas, investigar, probar, relacionar cosas y ver adónde te lleva”. “Eso puede servirle a un científico, a un arquitecto, a un médico, a un docente, a cualquiera”, dicen.

Nuestro cerebro quedó seteado con normas, ideas y formas de pensamiento que tal vez necesitemos revisar si tenemos la intención de habitar este planeta adaptándonos a los cambios Nuestro cerebro quedó seteado con normas, ideas y formas de pensamiento que tal vez necesitemos revisar si tenemos la intención de habitar este planeta adaptándonos a los cambios

En un momento en que la enseñanza se está haciendo muchas preguntas sobre cuál es su rol hoy frente a estudiantes que tienen acceso infinito a todo tipo de materiales que alojan el conocimiento, ellas plantean que la educación tiene mucho que aprender del arte contemporáneo. Por ejemplo, a no tenerle tanto miedo al error, a mirar antes de juzgar, a aceptar que una pregunta puede ser más interesante que una respuesta. Aprender a preguntar, sostener la incertidumbre y convivir con el no saber son habilidades que se están haciendo necesarias.

Dicho así suena algo confuso y poco fácil de lograr. Es porque hemos sido educados en otros tiempos, y ahora debemos aprender a mirar de otra manera porque nuestra mirada no es neutral. Cada uno mira a través de su historia, de lo que sabe, de lo que vivió. Entonces, necesitamos desaprender la forma en que aprendimos a mirar. “Miramos llenos de reglas y de ideas que fuimos incorporando sin darnos cuenta. Se trata de cuestionarlas y aceptar que hay otras maneras de ver”, aclaran estas educadoras, y aseguran que esto se puede ejercitar, que es como un músculo. “Cuanto más mirás, más posibilidades encontrás”, dicen. Y esa nueva forma de mirar lleva a aprender a contemplar otras miradas. “Porque si yo veo una cosa y vos ves otra, no necesariamente una está equivocada. Podemos preguntarnos por qué estamos viendo cosas diferentes”.

Esta nota que la periodista Martina Pérez trajo a nuestra mesa de trabajo en la redacción y que esta semana ilustra nuestra tapa de la edición impresa es una invitación a repensarnos sobre cómo miramos, cómo podemos cambiar nuestra mirada, y sobre cómo podemos modificar la matriz de la educación y el enfoque del aprendizaje en un mundo absolutamente nuevo.