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    La última obra de teatro de Gabriel Calderón que tiene al público en la palma de la mano

    Levón, Margarita Musto, Rogelio Gracia y Dahiana Méndez dan vida a la quinta obra de la pentalogía del dramaturgo, Ay-La miseria nos hará felices, en Sala Verdi, que enfrenta a cuatro actores a la inteligencia artificial

    Los cuatro se perciben a sí mismos como “una banda de actores”. Levón, Margarita Musto, Rogelio Gracia y Dahiana Méndez, el cuarteto que forma el elenco de Ay-La miseria nos hará felices (estrenada en mayo, repuesta en junio y programada para octubre y noviembe), dan vida a una maquinaria actoral de alta gama. Literalmente, porque en la obra de Gabriel Calderón, en Sala Verdi, interpretan a cuatro actores de un elenco teatral relegado por la inteligencia artificial. En el teatro donde trabajan ahora actúan “los robots” y ellos, con décadas de experiencia en el escenario, se conforman con desempeñar tareas técnicas, como asistentes detrás del telón.

    En una pequeña antesala junto a los camarines, el cuarteto contó a Galería la historia de este gran trabajo actoral que los tiene tan felices y que volverán a interpretar en una segunda temporada, en octubre y noviembre.

    Dahiana Méndez fue conociendo la trama de esta obra a medida que su pareja, el dramaturgo Gabriel Calderón, la iba escribiendo. La actriz montevideana, con más de 20 años de carrera, siente una satisfacción especial al subir al escenario para interpretar Ay-La miseria nos hará felices: es la única intérprete que estuvo en las cinco entregas de esta pentalogía iniciada en 2005, que Calderón acaba de completar. En Uz: el pueblo, estrenada en 2005 en el Teatro Circular, la actriz encarnaba a la Niña, personaje que si bien no era el protagónico, era decisivo en aquella obra, estrenada nuevamente esta temporada por la compañía La Gaviota en el Stella, ahora con dirección de Sebastián Silvera.

    Méndez estuvo después en Or: tal vez la vida sea ridícula (2008), luego en Ex: que revienten los actores (2011), más cerca en el tiempo, en 2019, en If: festejan la mentira y ahora en esta historia en la que un elenco de actores se enfrenta a la nueva realidad en la que el teatro, último reducto inexpugnable a la inteligencia artificial, ha sido finalmente conquistado por los androides y los humanos se ven obligados a trabajar como operarios mientras los robots son los que actúan —lo hacen mucho mejor que los actores de carne y hueso— y se llevan los aplausos y ovaciones todas las noches.

    Dahiana Méndez, Levón, Margarita Musto y Rogelio Gracia
    Dahiana Méndez, Levón, Margarita Musto y Rogelio Gracia protagonizan Ay-La miseria nos hará felices, que se estrenó en mayo, está en cartel hasta el 28 de junio y volverá en octubre y noviembre.

    Dahiana Méndez, Levón, Margarita Musto y Rogelio Gracia protagonizan Ay-La miseria nos hará felices, que se estrenó en mayo, está en cartel hasta el 28 de junio y volverá en octubre y noviembre.

    Esta serie comenzó llamándose Pentalogía fantástica, dado el componente distópico y de ciencia ficción de las historias. En esta última entrega, su autor y director ya no la nombra de esa manera porque la temática de la inteligencia artificial hace tiempo que dejó de ser fantástica. En algunos momentos de Ay, el texto alude tangencialmente, a modo de guiño, a las cuatro obras que la precedieron. “Son 20 años formando parte de estas historias. Hay mucha vida puesta ahí. En Uz, la primera, mi personaje prácticamente no hablaba y en el resto fueron personajes centrales de las tramas. Entonces, este trabajo me resulta muy conmovedor”.

    Un cheque en blanco

    Lo primero que supo Margarita Musto de Ay fue la integración del elenco. Aceptó la invitación de Calderón y mucho después leyó la obra. Un cheque en blanco. Porque, de hecho, el autor primero eligió el elenco y cuando todos dijeron que sí, terminó de escribir la obra, pensando los personajes con rasgos reconocibles de los actores. Los personajes de Levón y Musto son los maestros, los referentes, y el que interpreta Gracia, con experiencia en ficciones televisivas locales, es el “actor de tele”. “Solo saber que iba a hacer una obra de Gabriel con Dahiana, Gabriel y Levón ya me entusiasmó lo suficiente como para decir que sí. Los personajes tienen mucho de cada uno de nosotros. Calderón hizo una obra que habla del teatro y de la gente de teatro. La inteligencia artificial está arrasando en el mundo de la actuación y hoy el tema de los derechos de imagen es central para muchos actores en el mundo. Por eso, en la obra somos actores que habíamos sido reconocidos y hoy estamos encerrados en un sótano. La entrada de los robots cambió nuestra realidad”.

    Margarita Musto
    Margarita Musto

    Margarita Musto

    La actriz, que también es dramaturga y directora, admira el modo en el que Calderón “inventa mundos fantásticos que a su vez son muy reconocibles desde la realidad cotidiana. Te inventa dispositivos extraños como el de Ex, que era una máquina que traía gente del pasado, pero todo lo que está pasando no te aleja, sino que te identifica con cosas que todos vivimos. Todas tienen ese componente fantástico pero todas son historias muy cercanas, muy reconocibles en nuestra realidad. Los actores somos muy sensibles al tema de verse desplazados, la angustia de la llegada de otro que te va a sustituir, la inutilidad que te alcanza en algún momento. Pero ellos cuatro están parados encima de la necesidad que siguen sintiendo por actuar. El personaje de Levón es el que mejor lo expresa. No pueden vivir sin actuar, aunque sea en ese sótano en el que están”.

    Musto profundiza su análisis sobre la obra y sobre el teatro de Calderón: “Los personajes de Gabriel tienen mucha vida, ya en el papel son como volcanes que se levantan del libreto. Él coloca a los personajes en situaciones muy incómodas, y su lucha por recuperar el equilibrio los confronta a batallas, batallitas en ese campito de batalla que es el escenario, donde cada uno está intentando volver a acomodarse. Es como cuando algo se mueve en tu vida y vos tenés que volver a buscar un orden. Eso lleva al actor a trabajar una presencia volcánica y hace que los conflictos que muestra la obra sean tan interesantes. Los conflictos de Gabriel son muy divertidos, como estos seres luchando por volver a tener el control de sus vidas, que se les fue de las manos. La pequeña lucha de cada uno por imponer sus cositas. Eso ya lo ves en el papel. Después viene el trabajo con él en el ensayo y todo eso se vuelve parte de tu cuerpo y de tu comportamiento”.

    Como Margarita, Rogelio Gracia aceptó la invitación para Ay sin conocer la obra. Otra vez, el cheque en blanco. “Jamás había hecho una cosa así. Nos conocemos hace años con Gabriel, coincidimos en el elenco de Cascos azules (de Santiago Sanguinetti) y tenemos una linda amistad. Además, lo admiro mucho como profesional en el teatro. Fue muy especial saber que él la iba escribiendo pensando en nosotros cuatro. Nunca me había sucedido. Ya desde antes de conocerla pensábamos mucho en la obra, nos la íbamos imaginando; eso empezó a provocar en mí reflexiones sobre la inteligencia artificial en el teatro. Y cuando llegó el texto me pareció una reflexión tan contemporánea y necesaria; no solo sobre la inteligencia artificial y el teatro, sino sobre el impacto de la artificialidad en nuestras vidas”.

    Rogelio Gracia
    Rogelio Gracia

    Rogelio Gracia

    El actor ahonda en los pensamientos sobre la artificialidad en la vida cotidiana: “Ya antes de esta irrupción de la IA venimos viviendo una artificialidad en la vida que por momentos es abrumadora. En la obra eso aparece, por ejemplo, cuando ellos se regulan químicamente todo el tiempo, y resulta que muchos de nosotros venimos regulándonos químicamente casi a diario desde hace mucho tiempo, mucho antes incluso de la pandemia. Ya son pocas las personas que no lo hacen. En la pospandemia, hay una explosión de regulaciones químicas, entonces además de la IA y el teatro, la obra habla con gran profundidad sobre la vida artificial que vivimos. Cada vez más siento un gran impacto cuando entro en contacto con algo que se conserva en estado natural, cuando entro en contacto con la naturaleza más pura. En esta época resulta que lo raro y lo atípico es lo natural”.

    Para Méndez, las obras de Gabriel “siempre son muy teatrales, en el sentido de que las historias siempre están involucradas de alguna manera con lo que hacemos los actores, con este juego al que nos entregamos, y son muy lindas de actuar porque siempre te dan mucho para conectar, te permiten identificarte como actriz con lo que está sucediendo en la escena. Y esta obra, que habla de lo que nos pasa a los actores en cada función, es hermosa para actuar. Tiene una temática tremendamente actual, vinculada a la dimensión humana de la actuación, que la vuelve fascinante”.

    Esta historia, llena de simulaciones, en la que nada es lo que parece ser, implicó un enorme desafío para los cuatro. Así lo vivió Méndez: “Cuando leés una obra te llenás de dudas sobre cómo será llevarla al escenario, pero lo que te da las seguridades que necesitás es el trabajo de ensayo cuando está bien hecho. Siempre pasa, al principio todo es tremendamente desafiante y después vas encontrando las respuestas y van apareciendo las soluciones. Y eso te refuerza las ganas de enfrentar las dificultades que se van presentando”.

    Las ganas de actuar

    Como maestro de actuación y director de la Escuela Multidisciplinaria de Arte Dramático (EMAD) en varias ocasiones, Levón es uno de los actores más influyentes y más queridos de la escena montevideana. “Era el director de la EMAD cuando yo hice la carrera”, recuerda Gracia. “Fue el primer maestro que conocí en la Escuela y el último, porque fue mi profesor de egreso”. Contrariamente a lo que se podía esperar, Gracia asegura que el conocimiento previo que tenían los cuatro integrantes del elenco y la buena química que lograron en los ensayos les jugó en contra. “Nos costaba muchísimo concentrarnos, mucho más que en un equipo con gente que recién se conoce, donde todo es más tranquilo”. Musto y Méndez, a su lado, ríen a carcajadas y asienten. “Fue al revés de lo que indica la lógica. ¡Fue dificilísimo! Tuvimos que esforzarnos mucho para llevar a buen puerto la obra”, reconoció, y deslizó una confesión: “Cuando leí la obra, finalmente, después de esperarla tanto, me sentí bastante abrumado. ¿Cómo vamos a hacer para actuar esto?, me pregunté. Surgieron mil preguntas que al fin y al cabo son las preguntas que le hacen bien a un proceso creativo. Justamente, es necesario hacerse todas las preguntas para después aprender a resolverlas, ensayo a ensayo, momento a momento, e incluso función a función, porque cuando empiezan las funciones uno sigue resolviendo problemas, contestando preguntas que aún estaban sin respuesta. Una vez que se estrena y comienzan las funciones, la obra es un organismo vivo que no quedó estático como se estrenó, sino que empieza a crecer por otros lados”.

    Dahiana Méndez
    Dahiana Méndez

    Dahiana Méndez

    Margarita toma la palabra y recuerda un momento de la etapa previa a los ensayos: “Estaba leyendo el texto en mi casa y cuando llegué a la escena 11, en la que hago mi monólogo, que habla del amor a la actuación, me emocioné. De inmediato le mandé un mensaje a Gabriel. Lo que dice refleja lo que nos pasa a todos quienes nos dedicamos a actuar. Es una vocación actuar, es un gran placer de la vida hacer teatro y no puedo imaginar la vida sin esto, pero lo cierto es que por el teatro dejás mucho en el camino. Los horarios del teatro y las exigencias del teatro hacen que todo el tiempo tengas que elegir tus renuncias. En muchos momentos de mi vida tomé decisiones que no siempre fueron en forma consciente, porque la vida es un engorro. Encrucijadas en las que si hubiera tomado el otro camino, hoy no estaba acá. Y a la distancia pensás: ¡cómo me gobernó el teatro! ¡Cómo fueron más fuertes las ganas de actuar! Entonces empecé a trabajar para no emocionarme igual al actuar esa escena, porque si me pasa eso es muy complicado. Si te emocionás actuando, te paralizás, no podés seguir. No lo podés hacer. Le tuve mucho miedo, mucha aprensión a ese momento, porque estoy en la escalera, en una posición muy difícil, que requiere de extremar la técnica actoral para poder hacerlo bien. Pero para mí ese monólogo es un momento mágico. Y ahora, en cada función, ansío llegar a ese momento, lo disfruto y sé que lo disfrutan mis compañeros, como yo disfruto los monólogos de cada uno de ellos. Estoy en la escalera, bajo la luz, y te cuento cómo es esto de hacer teatro y para qué lo hacemos. Es un momento sobre el sentido de todo esto. Y es muy lindo sentir el respaldo de los compañeros, porque Gabriel marcó unos movimientos ahí donde hay uno que habla pero estamos todos activos. En esta obra somos una banda de actores. En ese momento, cuando les digo que son unos ‘psicópatas de baja monta’ los miro y me río, y esa risa que me sucede me está pasando de verdad. Los veo a los tres mirándome y no puedo evitar esa risa cuando les digo ‘somos esto’”.

    Un actor del cuerpo

    Hasta este momento de la charla, Levón permanece en silencio, escuchando a sus compañeros. Se ha mostrado reacio a hablar, dice que no tiene mucho para aportar, que él es una persona tímida, que no sabe qué decir, y que se siente incómodo en las entrevistas, que lo de él es estar en el escenario. Ante la pregunta por el origen de su llamativa energía para actuar, Musto responde por él: “Es joven Levón”. Se produce un largo silencio y finalmente, 20 minutos después de iniciada la charla, habla Levón: “Yo soy ajeno a eso que me preguntás. Me lo dicen pero yo no me doy cuenta, no lo sé. Simplemente, me sale así actuar. Si pensara lo que estoy haciendo cuando estoy actuando, me saldría todo mal, me lastimaría. Creo que uno lo hace sin pensar que uno lo hace. Creo que eso les pasa a muchos actores. Cuando aparecen esos riesgos, como cuando Margarita tiene que hablar cabeza abajo, que no es nada fácil, porque la respiración y la mirada son otras, lo que se conjuga es mucho más misterioso. Es algo intrínseco a los intérpretes: si llegamos a pensar, mucho de lo que hacemos no lo haríamos (risas)”.

    Levón
    Levón

    Levón

    Margarita interrumpe a su compañero de elenco. “Quiero decir algo sobre el trabajo de Levón. Yo lo he dirigido, lo vengo viendo desde hace muchos años, y no es novedad que es un actor fantástico. Pero él tiene una singularidad: el manejo del cuerpo. Es su rasgo sobresaliente. Hay actores más cerebrales, o más de la palabra, pero Levón es un actor del cuerpo. Su búsqueda está en la organización de su cuerpo a favor del personaje y que le otorga un carisma muy peculiar. También aparece cuando da clase, o cuando posa para una foto. Siempre parece estar actuando. Hay una búsqueda corporal, del ritmo del cuerpo, del juego de sus brazos, sus piernas, sus gestos. Él es su cuerpo puesto al servicio de la actuación. Pocos actores son así. Todos los actores tenemos una singularidad. En su caso es muy visible, muy visual, y tiene un rendimiento fantástico en el escenario”.

    Levón, ruborizado, interrumpe a su compañera de elenco: “Tenemos maestros sobre eso. Los que tuvimos la suerte de ver a Roberto Jones sabemos lo que es actuar con todo, con la palabra, con la mirada y con el cuerpo. El ejemplo perfecto del actor es Roberto Jones. Es un actor que se transforma, hace una transmutación física impresionante. Su encarnación de (Jorge Luis) Borges (en La memoria de Borges) fue algo brutal. ¡No tiene derecho a hacer eso! (ríe). Uno lo ve y se pregunta cómo lo hace. A Jones no se le ven los hilos. Él trabaja hasta con sus limitaciones y ahí está el artista”. Musto retoma la palabra: “Roberto es un punto de luz en escena, pero Levón es otro tipo de energía, más sutil”. Levón le pide a su compañera que no diga más esas cosas. “Bueno, querido, vos te las merecés, es poco lo que estoy diciendo”, retruca Musto.

    A sus 76 años (en escena parece tener 20 menos), Levón sigue teniendo las mismas ganas de actuar que tuvo siempre. Actuar es su combustible vital. Siempre lo fue. “Estoy seguro de que el día en que no tenga más ganas no me subo más al escenario. Sería una falta de respeto a mí mismo, a los compañeros y al público. Tener la posibilidad que tengo de estudiar por las mañanas, de ensayar por las tardes y actuar por las noches es un privilegio. Sería deshonroso actuar sin ganas, solo por inercia. Disfruto mucho los ensayos, me interesa mucho investigar ahí. Nunca había actuado un robot, por ejemplo, y de hecho no sé si lo hago ahora (ríe)”. Margarita acota que hizo de todo en su carrera, hasta de caballo y retoma la palabra: “Las ganas de salir a escena son una vibración, una energía poderosa, y eso es muy lindo en este equipo, porque aún te dan más ganas de salir. Hay un juego entre nosotros que es íntimo y es una delicia sentir al público, percibir que está ahí contigo, concentrado. ¡Sentís que están en la palma de tu mano! Es una relación tan horizontal, tan satisfactoria, tan humana, es algo maravilloso, que solo te ocurre en una función”.

    Ay-La miseria nos hará felices. Viernes y sábados a las 20 horas, domingos a las 18 horas, hasta el domingo 28 de junio. En breve se pondrán a la venta las entradas para la siguiente temporada en octubre y noviembre. Entradas de 600 a 900 pesos, en venta en boletería y Tickantel.