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    En el corazón de las tinieblas algorítmicas: se estrena ‘NAZA’, documental que expone los mecanismos de la guerra remota en Gaza

    A partir de una investigación impulsada junto con The Guardian, la película de Yuval Abraham y Rachel Szor recoge los testimonios de militares e informantes israelíes para explorar la deshumanización automatizada en la burocracia bélica. Tras su consagratorio y convulso paso por festivales internacionales se exhibirá en Cinemateca

    Ante la amenaza de que el número de víctimas en Gaza quede reducido a una mera estadística de titular, Cinemateca propuso un cálculo ilustrativo para enmarcar la llegada a sus salas del documental NAZA, en cartelera desde hoy, jueves 22.

    La ecuación planteada en un texto introductorio a la película es, por lo menos, desoladora. Si se llenara el Estadio Centenario a su máxima capacidad, de alrededor de 60.000 espectadores, y se agregara la del Antel Arena, unas 15.000 más, la suma total alcanzaría para casi representar a los más de 75.000 palestinos fallecidos tras los ataques israelíes que el Ministerio de Salud de Gaza contabiliza desde el inicio de la guerra, en octubre de 2023. La escala omite a los más de 175.000 heridos también registrados.

    Dirigida por los periodistas y cineastas israelíes Yuval Abraham y Rachel Szor, NAZA prescinde del sensacionalismo al proponer un ensayo cinematográfico riguroso, e imposible de olvidar, sobre los sistemas de inteligencia artificial y la burocracia militar que automatizan la matanza masiva a distancia.

    La llegada de la película a la cartelera de Montevideo ocurre tras un agitado recorrido internacional iniciado en el Festival de Venecia, donde obtuvo el Premio Especial del Jurado en setiembre de 2026. Desde entonces, ha avanzado en su circulación entre debates políticos y presiones judiciales.

    Para la directora de Cinemateca, María José Santacreu, la inclusión del documental en la grilla responde, entre otros motivos, a una necesidad ética y periodística. Consultada por Búsqueda, señaló que frente a las “severas restricciones para el trabajo de la prensa y de los organismos internacionales” para cubrir el conflicto, se vuelve imprescindible respaldar una película apoyada en “un largo trabajo de investigación realizado por los directores y medios como The Guardian”.

    Sosteniéndose en la circulación del largometraje en más de cincuenta plazas globales tras su paso por el festival italiano, Santacreu también zanjó cualquier debate en torno al rol de la institución: “No hay que explicar por qué una cinemateca exhibe esta película”.

    Un “mero formalismo”

    En marzo de 2025, la dupla de Abraham y Szor alcanzó repercusión global al obtener el premio Oscar a Mejor documental por No Other Land, película codirigida con los activistas palestinos Basel Adra y Hamdan Ballal que retrató la resistencia comunitaria ante colonos israelíes en Masafer Yatta, al sur de Cisjordania.

    Mientras aquella película se filmó en el lugar de los hechos junto a los afectados por las demoliciones y ataques, NAZA pone el foco en los responsables de las operaciones para indagar en cómo piensan los militares que ejecutan las órdenes.

    La génesis del proyecto se apoya en una investigación clandestina desarrollada junto con la unidad documental de The Guardian. Durante más de tres años, Abraham y Szor entrevistaron a más de cien funcionarios de los servicios de inteligencia visual y cibernética de las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI).

    The Guardian expuso la gravedad de los hallazgos en su nota editorial de producción, donde evalúa la dimensión institucional del proyecto: “La investigación periodística detrás de NAZA demuestra de manera irrefutable que el uso de sistemas de inteligencia artificial para la selección masiva de objetivos no fue un complemento secundario, sino la columna vertebral de la estrategia bélica. La recopilación de más de cien testimonios de inteligencia revela una estructura burocrática donde la supervisión humana fue deliberadamente reducida a un mero formalismo de segundos para acelerar el ritmo de bombardeos sobre zonas residenciales”.

    Los directores de la película documental Naza, Yuval Abraham y Rachel Szor.

    Los directores de la película documental Naza, Yuval Abraham y Rachel Szor.

    Geografía del horror

    El título del filme sintetiza la lógica operativa denunciada, ya que NAZA es el acrónimo en hebreo de Nezek Agavi, traducido como “daño colateral”. Bajo esta categoría, la doctrina militar fija de antemano el margen de muertes civiles aceptable.

    Para mostrar el funcionamiento de esta guerra a distancia, el documental se apoya en entrevistas realizadas en secreto a esos 24 militares e informantes del Ejército y la inteligencia israelíes, quienes aceptaron declarar en cámara, aunque con sus identidades protegidas bajo el anonimato.

    Dichos encuentros fueron registrados durante la noche en las azoteas de Tel Aviv, a 60 kilómetros de la Franja de Gaza, donde Abraham conduce los diálogos en un ambiente clandestino, por momentos relajado, pero siempre sombrío.

    Para garantizar la protección física y jurídica de los entrevistados, sus apariencias faciales y registros vocales fueron alterados digitalmente. En el transcurso de estos encuentros, Abraham solicita, por ejemplo, a los soldados que dibujen en cuadernos los esquemas que explican el funcionamiento técnico de herramientas algorítmicas.

    Lejos de las entrevistas formales de estudio, Szor prefiere filmar a las fuentes en penumbras, con sus siluetas recortadas sobre la luz de Tel Aviv. A través de los ventanales de la ciudad, su lente rescata el resplandor azul de los televisores donde los ciudadanos consumen el informativo nocturno. Mediante este desplazamiento visual, la puesta en escena contrapone la tranquilidad de la vida cotidiana en la metrópolis con las frías descripciones de los soldados sobre la ejecución de ataques masivos a distancia.

    A excepción de una secuencia puntual y devastadora, el documental evita mostrar imágenes explícitas de la destrucción y apoya su relato en los testimonios directos. Gaza se “muestra” mediante los bocetos dibujados a mano por los propios soldados o el zumbido constante de los drones en la banda sonora, así como también en las alarmas y amenazas de misiles en el cielo de Tel Aviv que cada tanto interrumpen las entrevistas.

    “Filmar de noche desde las azoteas nos permitió construir un espacio de contemplación y distancia ética. Nadie en la calle sabe quién soy mientras opero la cámara, y prefiero mantener esa invisibilidad”, explicó Szor en el podcast Today in Focus de The Guardian.

    “Asumo que parte de mi entorno cercano en Jerusalén no comprende ni acepta lo que hago, pero el costo personal o el rechazo de algunos allegados es un precio insignificante comparado con la responsabilidad de registrar la ceguera de nuestra propia sociedad ante el horror que se ejecuta en nuestro nombre”, agregó.

    En la película Naza se describe el uso de sistemas de inteligencia artificial para seleccionar objetivos en Gaza.

    En la película Naza se describe el uso de sistemas de inteligencia artificial para seleccionar objetivos en Gaza.

    Cálculos de guerra

    La investigación del documental detalla, entre sus hallazgos, la implementación de Lavender, un sistema de inteligencia artificial que procesa datos masivos para señalar automáticamente a miles de pobladores como supuestos integrantes de Hamás, aceptando un margen de error de entre el 10% y el 15%, que da por válida la muerte de personas sin adscripción combatiente.

    A este margen informático se suma la escala de proporcionalidad militar. Para la eliminación de un combatiente de bajo rango, la doctrina autoriza la muerte de 15 a 20 civiles, mientras que para jefaturas de mayor jerarquía el umbral de “daño colateral” asciende en casos documentados a 500 personas. Jóvenes que se describen como procedentes de la élite de Tel Aviv describen la rutina de presionar un botón antes de cerrar la sesión e irse a cenar. Exponen la frialdad de una burocracia contable en la que la destrucción masiva termina como un trámite administrativo más.

    El engranaje destructivo de Lavender se complementa con Where’s Daddy? (“¿Dónde está papi?”), un programa concebido para el rastreo telefónico en tiempo real. La plataforma envía una alerta automática cuando el objetivo ingresa a su domicilio y las bombas caen habitualmente sobre los edificios durante la madrugada, garantizando la destrucción de una familia entera mientras duerme.

    Para Abraham, lo más perturbador de las entrevistas con los oficiales de inteligencia no es la distancia que impone la pantalla, sino la conciencia plena de los ejecutores. “Saben perfectamente que la casa que van a bombardear está llena de niños, oyen el llanto de los bebés y, aun así, presionan la tecla para autorizar el ataque”, dijo en declaraciones promocionales preparadas para el estreno en Venecia.

    En NAZA, la palabra genocidio es pronunciada en una única escena, cuando Abraham le consulta de forma directa a un analista militar si considera que está formando parte de un exterminio de esa naturaleza. Sin inmutarse ni mostrar vacilación, la fuente responde: “Sí. Completamente”.

    En otro de los pasajes más sobrecogedores en una obra llena de ellos, un informante militar recuerda que de niño, al visitar los memoriales del Holocausto en Europa, no lograba comprender la pasividad de la sociedad alemana frente al exterminio. Años más tarde, tras pasar meses frente a una pantalla autorizando bombardeos sobre viviendas familiares en Gaza, admite que sigue considerando a los nazis como la encarnación misma del mal. Al contemplar su propia conducta en la guerra remota, se pregunta: “¿Qué significa que soy yo?”.

    Las imágenes de los rostros de los soldados e integrantes de inteligencia fueron modificadas digitalmente para hacer imposible su reconocimiento facial.

    Las imágenes de los rostros de los soldados e integrantes de inteligencia fueron modificadas digitalmente para hacer imposible su reconocimiento facial.

    Recorrido

    El recorrido internacional de la película tuvo su hito principal el 10 de setiembre de 2026 en el 83.º Festival Internacional de Cine de Venecia, donde la proyección culminó con una ovación de 25 minutos y la concesión del Premio Especial del Jurado. El reconocimiento crítico en Europa desató de inmediato la reacción de las autoridades israelíes, convirtiendo a Abraham y Szor en el blanco de acusaciones estatales.

    Ante la repercusión del estreno, el portavoz oficial de las FDI emitió una respuesta institucional para cuestionar la producción: “El documental NAZA presenta una visión distorsionada, sesgada y descontextualizada de las operaciones de defensa de Israel. Las FDI operan en estricto cumplimiento del derecho internacional humanitario y aplican protocolos rigurosos para mitigar el daño a civiles”.

    La postura del Ejército se complementó además con la solicitud del primer ministro Benjamin Netanyahu a su gobierno para investigar la identidad de los 24 informantes y procesarlos por delitos contra la seguridad, al tiempo que el ministro de Cultura, Miki Zohar, exigió revocar la ciudadanía de los directores por presunta traición.

    En el plano local, la llegada del largometraje exigió gestiones particulares. Según explicó Santacreu, la negociación con la distribuidora internacional siguió las vías habituales, aunque requirió “medidas de seguridad complementarias en la comunicación”.

    El acuerdo comercial y la fecha de estreno se fijaron, además, contemplando la liberación gratuita del documental en el sitio web de The Guardian prevista para finales de noviembre de 2026.

    Ante la consulta sobre si la controversia global o las reacciones del gobierno israelí condicionaron de algún modo la adquisición, la respuesta de Santacreu desactivó cualquier suspicacia: “Cinemateca es una asociación civil sin fines de lucro y no tiene que consultar a nadie para decidir qué programar”.

    Con el antecedente cercano de haber exhibido títulos como No Other Land o La voz de Hind Rajab —sobre el caso real de la niña atrapada bajo el fuego en Gaza—, la directora remarcó que la institución sostuvo su criterio sin enfrentar trabas ni censuras, y aclaró que la permanencia de NAZA en la pantalla montevideana dependerá, como con cualquier otra película del catálogo, de la respuesta del público semana a semana.