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    A un siglo del inicio de la I Guerra Mundial

    Sr. Director:

    Estalla la Gran Guerra. El brillante y cálido verano de 1914 envolvía Europa en un manto de prosperidad. Era el comienzo de las vacaciones. Reinaba la paz pero el equilibrio geopolítico era tenue. Existían problemas pero, a primera vista, estos parecían manejables. Los anarquistas y los movimientos socialistas representaban molestias generalizadas en toda Europa y mantenían ocupada a la Policía. Gran Bretaña estaba abocada a encontrar una solución al conflicto en Irlanda. Su situación como isla, protegida por la flota más poderosa del mundo y un imperio bien administrado, la hacían parecer invulnerable y algo ausente de los problemitas en el continente. Austria estaba muy incómoda con su vecina Serbia y por las tensiones raciales en el sur de su imperio. Italia estaba fastidiada con Turquía. Turquía a su vez con Rusia y Grecia. Bulgaria tenía complicaciones diplomáticas con Rumania, Serbia y Grecia. Francia, salvo problemas menores en sus colonias, se encontraba bien aunque soñaba con recuperar algún día Alsacia y Lorena. En general, los dos grandes bloques, las potencias centrales por un lado y los otros, gozaban del progreso y riquezas acumuladas durante un largo período de paz. Sin embargo, existía una inquietud subyacente.

    El marco que había que tener en cuenta era el siguiente: Francia y Rusia tenían un pacto de defensa mutuo. Alemania y el Imperio Austro-Húngaro también. La integridad de Bélgica estaba garantizada por Francia y Gran Bretaña. Las fronteras de Serbia estaban protegidas por una alianza con Rusia.

    A comienzos del verano, la flota inglesa fue de visita a Kiel y Krondstad y sus barcos anclaban próximos a los acorazados y cruceros de la flamante marina alemana. Para estos eventos había concurrido el Káiser a bordo del yacht real. Había salidas conjuntas de distintos navíos, carreras, regatas, banquetes, eventos deportivos en tierra entre las diversas tripulaciones, bien concurridos por los locales. Una sola nota triste sucedió cuando, en una prueba de acrobacia, murió un aviador alemán que estaba pilotando un avión inglés. Su funeral fue una muestra de solidaridad, ampliamente asistida tanto por británicos como por sus camaradas. Pero el accidente pasó y siguieron los agasajos y visitas entre oficiales, la gente de muy buen ánimo, según las crónicas de esa época.

    Hasta que llegó la noticia, el 28 de junio, de que el archiduque Ferdinand de Austria, con su mujer, fueron asesinados por un terrorista serbio en Sarajevo. El emperador canceló su agenda de festividades y cruceros en Kiel y partió a toda prisa para Berlín. Un manto de temor e incertidumbre cayó sobre los allí presentes. A las pocas horas, los barcos de guerra de varias naciones, habiendo subido la presión en sus calderas, levantaron anclas, los ingleses buscando alta mar y los alemanes la seguridad del Báltico.

    En las memorias de la I Guerra Mundial, Churchill cuenta cuando entregan durante la reunión de gabinete el 24 de julio a sir Edward Gray, entonces primer ministro, un documento que este lee con evidente preocupación. Hasta ese momento se discutían temas relacionados con la cuestión irlandesa, sin llegar a ninguna conclusión. Era viernes por la tarde, estaban cansados. Afortunadamente comenzaba el weekend y se estaba levantando la sesión cuando comenzaron a escuchar a sir Edward releer, esta vez en voz alta y cada vez más grave, la nota que acababa de recibir de la Cancillería. A medida que progresaba su lectura quedaba claro que el texto era un ultimátum. Su contenido era inaceptable. Más, era tan agresiva la nota del Imperio Austríaco a Serbia que inclusive, de ser consideradas las condiciones, tampoco dejaría satisfechas las demandas austríacas. Ninguna nación soberana podía someterse a las exigencias expuestas. Apesadumbrados, los ministros se fueron dispersando. Churchill, entonces Primer Lord del Almirantazgo, en vez de irse a casa, fue a dar disposiciones de alerta a la Armada.

    Días después, Serbia, para gran alivio de muchos, aceptó el ultimátum pero Austria no quedó contenta. Quería imponer más condiciones, buscaba la excusa para iniciar hostilidades. Se tejían toda clase de conjeturas. Si atacaba Austria, Serbia no se iba a defender demasiado y Rusia no saldría a asistirla. La cosa quedaría allí. Pero pasó que el Zar no podía abandonar a su vecino. Lazos de raza y religión se lo impedían. Rusia ordenó la movilización de su ejército. La esperanza pasó a que Alemania no interviniera apoyando a Austria en su ataque a Serbia. Que no atacara a Rusia. Y si eso sucediera, que el conflicto se limitase al este de Europa. Pero los planes alemanes contemplaban que, de iniciarse la movilización del ejército ruso, había que destruir a su aliado francés, antes que Rusia terminara su presumiblemente lenta concentración de fuerzas para luego apoyar a su aliado austríaco en su lucha con Rusia y Serbia. Entonces pensaron algunos optimistas que de atacar Alemania a Francia, lo haría respetando la neutralidad belga. Pero el plan de asalto a Francia (Schliffen) justamente preveía un golpe a través de Bélgica. Alemania pidió paso a Bruselas para arremeter contra Francia. Quienes abrigaban la ilusión, en Gran Bretaña, de seguir neutrales, esperaban que los belgas no opusieran resistencia, pero no fue el caso. Se defendieron y pidieron ayuda a sus garantes. Alemania embistió a Bélgica brutalmente, atacando en algunos casos a la población civil. La destrucción de Lovaina fue emblemática. Inglaterra exigió por nota diplomática que Alemania parara, dentro de las 24 horas, el avance de sus tropas y comenzara su retiro de Bélgica. De lo contrario, un estado de guerra comenzaría a regir entre Gran Bretaña y Alemania a partir de las 12 PM hora de Berlín, el 3 de agosto de 1914. Alemania desoyó el pedido.

    Últimamente, está de moda echar la culpa del comienzo de la I Guerra Mundial a ambos bandos. Supongo que será por ignorancia, por un patriotismo mal entendido o por un cinismo consumado. Austria y Alemania deberán seguir cargando con ese peso histórico.

    Matías Chlapowski