Sr. Director:
Sr. Director:
Accedé a una selección de artículos gratuitos, alertas de noticias y boletines exclusivos de Búsqueda y Galería.
El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáLas fronteras ideológicas que se trazaron después de la caída del Muro en 1989 y el colapso de la ex Unión Soviética en 1991, se han vuelto borrosas. En gran medida, significó el fin de los dogmas, el declive de ideologías autoritarias y, hasta cierto punto, condujo a la región a un territorio inexplorado. A un nuevo y todavía incierto paradigma.
Ni siquiera es posible definir las “áreas grises”, los matices entre lo que tradicionalmente se define como “derecha”, “izquierda”, “centro”. “Conservador” o “progresista” y sus múltiples combinaciones. Hoy derecha e izquierda son conceptos obsoletos, salvo como excusa para descalificar al adversario o engañar al votante.
En los últimos 15 a 20 años, América Latina ha sido gobernada, en gran parte, por personajes populistas y demagógicos con un mensaje espurio. Con ideas perimidas, salvo el hecho de que en la “lucha de clases” sus líderes optaron por no ser ejemplos de frugalidad ni de compañerismo ni de tolerancia con su adversario político. La idea era-o fue- “ahora nos toca a nosotros”.
Peor aún, la región sufrió una epidemia de corrupción sin precedentes que casi no ha dejado a ningún país, líder o institución, intactos. Hoy no existe institucionalidad regional. No existen las condiciones. Si dentro de fronteras la polarización es tal, difícil intentarlo con el vecino. Debería llamar la atención que no hay solo gobernante cuya voz y mensaje resuenen más allá de sus propias fronteras.
Si los gobiernos de Evo Morales, Correa, los Kirchner y el propio Lula, se autodenominaron como de “izquierda”, fue todo un montaje electoral y político. Y fue un fracaso y costoso rotundo. Flaco servicio a una izquierda que, en algún momento, trató de encontrar un espacio aggiornándose a través de disfraces y discursos erráticos que todos podemos distinguir. Así de absurdo es el tema.
En este marco, Venezuela no ha dejado la vergüenza histórica que significa el abrazo y la defensa de un dictador por parte de aquellos que más sufrieron la dictadura en su propio país. Los mismo que fueron recibidos, generosamente, por la democracia venezolana. La misma que rompió relaciones y acudió a todos los foros para tratar de ayudar en la recuperación de la democracia. La falta de coherencia, de agradecimiento, no es una característica histórica de este país en lo político y, aun menos, de su gente. Hoy Venezuela es un refugio de todo lo malo. Un Estado fallido, el cual encima ha atraído una reedición caricaturesca de la “guerra fría” a la región. Lo único que queda es recuperar la libertad, como sea, y refundar la democracia desde sus cimientos.
Sin embargo, la mayoría de los economistas y organizaciones como el FMI, el Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo, esperan una recuperación a mediano plazo con un crecimiento del 2,4% para 2020. Veremos.
Como conclusión, se puede afirmar que la realidad política de América Latina está hoy está mejor definida por temas, gestión y políticas públicas que nos saquen del legado del populismo demagógico, que por ideologías y, mucho menos, dogmas de ningún tipo.
La incógnita sigue siendo cómo puede ser que no aprendamos y que volvamos a, sumisamente, caer en las mismas redes una y otra vez. ¿Un tema de educación, de familia, de falta de cultura cívica, del caudillismo encarnado en mesías y salvadores que, hasta hoy, no acertaron ninguna?
Carlos Mazal