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    Gente en obra

    Sr. Director:

    ¿Cuántas veces nos topamos con esos carteles en caminos y carreteras? Obvio que implican la construcción o el arreglo de algo y, aunque desconfiemos de los anuncios, siempre suponen que habrá una conclusión, un fin (con autoridades, cinta, discursos y demás, pero esta parte, idiosincrática, no hace al artículo).

    ¿Qué cartel debería lucir la democracia? ¿Obra terminada? La versión italiana parece la más adecuada: “Opere in restauro”.

    Porque esa es la realidad de la democracia: lo que los gringos llaman a work in progress.

    El conocido politólogo francés, Rosanvallon, tiene un libro titulado: La democratie inachevée, donde desarrolla la tesis —recurrente en su obra— de que la democracia no es un régimen, si por tal entendemos un sistema cerrado, diseñado y completo, sino que es un ensayo humano en continuo estado de prueba, adaptación (o no) y evolución (o no).

    ¿Puede decirse que eso es un defecto de la democracia? Rosanvallon diría que sí es una imperfección, pero de naturaleza estructural. Por lo tanto, no puede considerarse un defecto: no está rota, es así. ¿Por qué? Pues, porque es una creación humana. No una fórmula bajada del Olimpo o del Monte Sinaí. Y, además, esa creación humana, que ocurrió hace muchos siglos, ha tenido que enfrentar más vueltas y sustos que el tren fantasma.

    Así que deberíamos tener presente que la democracia va a estar siempre “in restauro”. Si no lo captamos, seremos candidatos a grandes frustraciones, y si, además, somos de mecha corta (o escasas entenderas), podemos convertirnos en fogoneros de los desmanes más atroces o, si nos da más por el ventajeo y la intriga, en bichos —taladro de la democracia—.

    La democracia nunca fue uniformemente entendida, ni pacíficamente aceptada, la discrepancia (y el socavado) ha estado siempre presente, pero hoy vivimos una realidad de temblores de estructura. La reacción de muchos frente a los problemas y crisis recurrentes es achacárselo a la oferta: la culpa es de los políticos que no cumplen produciendo los resultados que se esperan del sistema. Cierto. Pero solo en parte.

    La realidad es que la actual crisis que vive la democracia es, tanto o más, un problema de demanda.

    El tiempo nos borró el recuerdo de cuál es la naturaleza de la democracia (a work in progress) y también la distinción entre democracia y Estado. Este, históricamente anterior a aquella, fue su instrumento para ir al encuentro a la creciente gama de exigencias que las sociedades cobraron a la democracia. El problema está en que ya hace tiempo que la herramienta Estado entró en un proceso de rendimientos decrecientes.

    La democracia es, al final, una construcción del ser humano en “restauro”. Para que la obra tenga éxito, debemos tener presente la realidad, incluyendo la fatiga de los materiales y la adaptación a tiempos y exigencias nuevas.

    Los problemas, hoy, son tanto o más de demanda que de oferta.

    Ignacio De Posadas