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    La ancianidad I

    Sr. Director:

    El tema de la ancianidad me preocupa desde tiempo atrás. 

    Mis padres se fueron o desde un CTI, papá por mala praxis y joven aún, o desde casa. Siempre me prometí que jamás los internaría en un geriátrico cuando les llegara la vejez, y así fue. Mamá permaneció en su casa, cuidada hasta que Dios la llamó. 

    Quizás el tener uno muy cerca de mi casa, donde supongo están bien atendidas, pero ver a unas señoras sentadas en un pequeño living que da a la calle y cada una con su mente, váyase a saber dónde, ora pensando en su pasado, ora en sus hijos, ora en sus nietos, ora en su soledad, me ha hecho rebelarme a esto porque son como estatuas y no como seres vivientes que han dejado su vida contribuyendo a engrandecer a este país. Y recuerdo aquello de que “una madre puede criar diez hijos pero diez hijos no pueden cuidar a una madre”. 

    Sé que no se puede generalizar. 

    De las cosas más hermosas que vi en Japón fue el respeto que se tiene hacia el anciano y su importancia en la familia y la sociedad. 

    Me pregunto ¿por qué acá los tiramos en un geriátrico, así sea muy bueno, sacándolos de su hogar y entorno? Los dos extremos de edad son vitales. Los tres primeros años de vida son determinantes en un niño, los últimos de los ancianos son la despedida de este mundo, donde deberían cosechar lo que sembraron y, en cambio, muchas veces se depositan en esos centros y nunca, o en muy pocas ocasiones, reciben visitas. La que recibirán sí será para llevarlos al cementerio. ¿Es ello justo? 

    Y la situación va mucho más allá de los geriátricos, porque también hay muchos ancianos viviendo solos que no reciben visitas de sus familiares ni de conocidos. 

    Denominadores comunes a quienes están en su casa o en geriátricos son la terrible soledad, muchas veces el abuso de familiares o de personas donde están internados que sacan préstamos para sí, de las jubilaciones, pensiones u otros ingresos de ellos, incluso son conocidos casos de ventas de inmuebles de varios ancianos internados en geriátricos, abusos físicos, ningún esparcimiento, etc. También si están en su domicilio, muchas veces sucede algo similar.

    Lo que tienen que pasar muchos de nuestros mayores en la antesala de la muerte es dantesco. 

    Ahora, nuevamente se han puesto de manifiesto algunos casos. Y me pregunto ¿dónde están los derechos humanos de los adultos mayores?

    Nunca vi ninguna marcha, ninguna proclama que reclamara por ellos. 

    Todos llegaremos a ancianos, salvo que nos vayamos antes. ¿No hemos pensado en eso? ¿Creemos que nos vamos a morir súbitamente, aún lúcidos y jóvenes? Algunos como mi abuelo tuvieron esa suerte y en su cama de su casa, y a los 98 años. 

    Si bien con este gobierno y en medio de la terrible pandemia del Covid-19 se están tomando medidas con algunos geriátricos, lo cual se aplaude, es un tema mucho más abarcativo. 

    Hay que fomentar actividades para los ancianos, para todos, ya estén en sus casas o internados. 

    En una época veía algunos clubes para jubilados, pero últimamente me ha llamado la atención que muchos están cerrados. Preguntado un señor conocido, a quien sabía vinculado a uno de ellos, me comentó que empezó un desinterés y que en la actualidad tienen casi nula actividad. Ellos organizaban comidas, excursiones. También sé que en algunos centros zonales de la intendencia hay actividades. 

    Pero todo esto abarca a un número mínimo de personas mayores. 

    Estimo que debe haber, necesariamente, una oficina del Estado dedicada exclusivamente a la ancianidad. Y, entre otras cosas, deberían controlar, en coordinación con el MSP, que los geriátricos, o el nombre que se les ponga (me resulta imposible llamarlos residenciales o casas de salud), estén en una casa acorde. Casi todos son totalmente inapropiados para ellos al tener escaleras; aunque cuenten a veces con hermosos jardines, esas escaleras ya son una barrera infranqueable para que puedan disfrutar de esos jardines. También las casas tienen que ser funcionales a ellos. Muchas, por haber sido hermosas construcciones de época, son precisamente muy antifuncionales para estos fines. 

    Tiene que controlarse que no estén hacinados, que los matrimonios puedan estar solos en una habitación y que no haya más de dos personas por habitación. 

    Esto sin contar por cierto las condiciones de habitabilidad, de higiene, etc., de las mismas. 

    Pero así como los niños internados tienen un servicio social, todos los internados para ancianos deben contar con asistentes sociales que los visiten periódicamente y que se contacten con sus familias, estimulándolos a conservar el vínculo. 

    Promover aspectos lúdicos. 

    Y, por sobre todo, se debe enseñar ya a los niños, desde la escuela, a querer y respetar a sus mayores. De esa manera cuando sean grandes verán como algo normal que sus abuelos vivan con ellos y les enseñen muchas cosas que enriquecerán a ambas partes. 

    Y a aquellos que no tienen familia, fomentar su vínculo con otros ancianos o no tan ancianos. 

    Creo que la problemática de la ancianidad en Uruguay va mucho más allá de los geriátricos. Así como cuando viven menores solos en una casa el Estado interviene, también debe hacerlo con quienes están en el otro extremo de la vida, porque solo por su edad o por sus patologías se vuelven muy vulnerables. 

    Que demanda recursos, sí, los demanda, pero ellos pagan impuestos aun siendo jubilados o pensionistas; han trabajado toda su vida, fuera o dentro de sus casas, han criado hijos, y a esa altura de sus vidas el Estado debe velar por ellos. Y la esperanza de que en el futuro las nuevas generaciones estén orgullosas de tener a sus padres en casa hasta su adiós definitivo, salvo las excepciones lógicas. 

    Y controlar de cerca a los internados, velando por su salud física y emocional, por sus derechos humanos. 

    Dra. Diva E. Puig

    Consultora internacional en Derecho Nuclear, 

    Seguridad Nuclear y Radiológica