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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáLeo en una entrevista periodística a raíz del proyecto presentado por “Inmujeres” por las agresiones contra mujeres que “…la violencia hacia las mujeres, niñas y niños (…) son expresión de estructuras de dominación y desigualdad que manifiestan una cultura patriarcal y machista”.
La asunción implícita de este párrafo es que recién ahora empieza a hacerse la luz sobre cuáles son esas causas del maltrato a la mujer.
La responsable no es una “cultura”, expresión de moda que no solo en su contexto significa poco y nada, sino que, como todas las vaguedades y eufemismos, tiende a ocultar la realidad.
Hablamos de la familia autoritaria.
1°) La familia autoritaria. De inmediato recordamos aquellos pensadores que explicaron el nazismo por una sociedad previa cuya base social era la familia autoritaria: Wilhelm Reich en “Psicología de masas de fascismo” (1933) “La personalidad autoritaria”, compilación de T. W. Adorno (1950),”La muerte de la familia” de David Cooper (1985) y recordamos el experimento de Stanley Milgram (1960) sobre la tendencia a aceptar pasivamente la autoridad; pero se nos había olvidado nuestro Florencio Sánchez, que en “La pobre gente” (1904) mostró al padre acodado en el mostrador de un bar mientras trabajan en su casa, en un taller de costura de telas a domicilio, sus esclavizadas esposa e hija más una obrera; que en “Los muertos” (1905) presentó el más vibrante manifiesto feminista de nuestra literatura, que en “En familia”(1905) mostró cómo a un padre autoritario e inútil lo sucede un hijo ni menos autoritario ni menos inútil y que en “Mano santa” (1905) mostró el absurdo de hiperrespeto y endiosamiento de “próceres” “héroes” y “grandes hombres”, el abc de la cartilla de la familia autoritaria, a propósito de una pulla nada menos que contra la reverencia acrítica a Karl Marx.
El remedio para la familia autoritaria no es la educación, como en forma acalambrada se ha dicho, “educación, educación y más educación”, implicando por “educación” “educación escolar” en escuelas, liceos y universidades. Lo más importante de la educación está en otro lado.
A raíz de esta sucesión de crímenes contra mujeres un sensato psicólogo cuyo nombre lamentablemente no podemos recordar, dijo en televisión que la enseñanza era importante, pero no solo la de las escuelas, sino la enseñanza que se recibe en el hogar. Enseñanza que, esta estimación es nuestra, es un 5% de buenas palabras y un 95% de buenos ejemplos. Más frecuentemente, en nuestro medio, 5% de malas palabras y 95% de peores ejemplos.
La familia autoritaria solo puede enseñar autoritarismo. Su efecto destructivo más inmediato es la desigualdad: el jefe o el padre tiene todos los derechos y privilegios. Todos hemos visto o vivido hogares modestos donde solo el patriarca tiene siempre una botella de refresco, para él solo, en la heladera, donde solo el patriarca se gratifica con copas, cafés y cigarrillos, donde los hijos trabajan en “empresas familiares”, esclavizados por sus padres. Y las mujeres solteras cuando su padre no las viola (ahora se dice “no las abusa”; parece que así las violan menos) y, cuando no trabajan y se les pide el sueldo a fin de mes, tenían (¿o tienen, aún hoy?) y como último destino cuidar a su padre senil y flojo de esfínteres. Había una distinción en favor del hijo varón mayor, que secunda al padre y al fin lo sustituye en el mismo esquema patriarcal.
Siguen ejemplos (o “paradigmas” como se dice en la jerga “paqueta” de ahora) de conductas autoritarias y desigualdad.
2°) Desigualdad de trato. A) Entre delincuentes: Benignidad que llega al encubrimiento, mediante la obstrucción a la justicia, hacia los militares criminales de la dictadura, por parte de los mandatarios de los partidos tradicionales pero luego, más y mejor, por los representantes y mandatarios del Frente Amplio, de Seregni hasta Vázquez, pasando, por supuesto, por Mujica y Fernández Huidobro. Cárceles VIP para esos “presos” especiales que en la Argentina van a la cárcel común. Hacinamiento de presos en el Comcar. B) Entre trabajadores: Sueldos altísimos para los amigos en la Administración Pública, impuestos a las jubilaciones. Beneficios para los “trabajadores”, respaldados por sindicatos fuertes (Pluna, Fanapel) a los que se extiende por meses y meses el seguro de desocupación. Si cierran la ferretería o la farmacia del barrio, sus empleados, ciudadanos de segunda clase, cobran el seguro de paro legal.
3°) Absurdo vocabulario autoritario. Todos los revolucionarios, líderes populares, jugadores de fútbol (a uno de ellos ya se le llama “El Faraón”) y cantantes (siempre se les llama “el rey”), jefes de sectas (“Santo Padre”, “Pai de Santo”) son cubiertos por mantos de palabras huecas y, a menudo, por grados militares que no tuvieron. Nunca hubo un “general” José Artigas, que también era autoritario (ver Vázquez Franco, “Traición a la patria” págs. 72 y 264) ni un “Brigadier General Juan Antonio Lavalleja” que además es “Libertador”.
La asunción implícita es que nadie es capaz de emanciparse mientras no llegue el gran padre, el semidiós que gana todas las batallas, generalmente en el papel. En el resto de América tenemos al “Libertador” San Martín, al “Libertador” Bolívar, con su república “bolivariana” y un país que lleva su nombre; un hombre anglófilo y reaccionario (véase la demolición de Bolívar escrita por Marx; sí, por Karl Marx, en https//www.marxists org/español/m-e/1850 s/58-boliv.htm), Fidel Castro, Hugo Chávez, Rafael Correa, Juan Perón, Getulio Vargas, la lista es larga. Coraje, uruguayos, cerremos de una vez el “mausoleo” de Artigas, obra de la dictadura militar y hagamos allí un estacionamiento. Apaguemos la radio si oímos “A don José”.
Ocultamos, inversamente, la realidad fea con el lenguaje. Se ha erradicado del vocabulario de hoy la expresión “clases sociales” que parece sonar siempre a marxismo, pese a que el concepto no es de Marx, como tampoco es de Marx el concepto de “lucha de clases”. A crímenes contra mujeres llamamos “violencia de género”, sin reparar que “violencia”, tanto como “fuerza”, es algo metafísico. Nos pretendemos demócratas pero somos snobs (ahora se dice “cholulos”). Vivimos rodeados de casas viejas a las que llamamos “palacios” y “castillos”. “Palacio Estévez”, “Palacio Taranco”, “Castillo Pittamiglio”…los nobles venecianos, que sí tenían palacios, los llamaban “casas” y aun en apócope (“Ca’ Rezzónico”, Ca’ d’Oro”).
4°) Desprecio de la ley por los gobernantes. Es familia autoritaria en estado puro A) decir que “lo político debe prevalecer sobre lo jurídico” y actuar en consecuencia, B) desacatar abiertamente, lo que es un delito, la sentencia judicial firme que ordena pagar a los funcionarios judiciales lo que se les debe, C) comprar un avión para el Gran Padrino, aparato al que se le llama hipócritamente “avión multipropósito”. Que Luis XIV dijera “El Estado soy yo” vaya y pase en el siglo XVII; ya llegará 1789. Etcétera.
5°) La familia autoritaria, la desigualdad y el crimen. Llegamos a la conclusión: la desigualdad social, inmaculada concepción de la familia autoritaria, es una de las causas principales del delito.
Hace tiempo que puede medirse la desigualdad social, mediante el índice de Gini. Uruguay tiene, en una escala de 1 a 100, la cifra 41,6 (2014) (Suecia es casi 0). La cifra actual es muy poco diferente a la que corresponde a la época en que gobernaban los partidos tradicionales.
No se ha establecido una relación de causa-efecto entre desigualdad social y crimen, pero la correlación existe y se ha demostrado. Rogamos ver el artículo de Roxana Creimer y sus estadísticas en www.pudh.unam.mx/perseo/la- desigualdad-el-factor-mas-determinante/
En conclusión: Los tres partidos políticos mayoritarios han coincidido y coinciden en mantener el actual grado de desigualdad social, que es como mantener el actual grado de criminalidad.
Dr. Jorge Arias
CI 461.327-7