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    Los Estados y el capitalismo

    Sr. Director:

    De los impuestos y otras yerbas. Esta cosa moderna que son los Estados (en la historia humana algunos siglos es poca cosa) necesitan para mantenerse recursos para sus presupuestos. (Ahí va todo: la salud, la seguridad, la educación, todo el sistema de seguridad y previsión social, etc., etc.).

    Los ministros de economía o sus equivalentes en los diferentes Estados, esto no lo dicen pero nosotros sí podemos decirlo: como estamos dentro de un mundo donde predomina el modo de producción capitalista y no podemos salir de él (la experiencia estalinista del socialismo real ya fue y tampoco pudo ir más allá de un burocrático capitalismo de Estado), los impuestos no van a ir sobre el giro del capital, incluidos en alguna medida también sus bienes, para no trabar una posible corriente de inversiones, y sí sobre los sueldos, las pensiones y fundamentalmente sobre el consumo.

    Si a eso le agregamos la presión de las burocracias empresariales nacionales para que se actúe sobre el valor de la moneda —¿cuántas veces nos han dicho que hay “atraso cambiario”?—, tenemos un cóctel explosivo alimentado por una crisis en el mundo que el capitalismo ya no puede resolver.

    Miremos objetivamente el aparato de cualquier Estado, del mejor o del peor. Con la tecnología actual su reducción sería mayor al 50% y puedo quedarme corto. Ahora, si no existiera esta agencia de empleos en que se han convertido los Estados, ¿cómo haría la sociedad para poder equilibrarse? Pero, además, ¿cómo haría la “democracia” para sostenerse?

    Por eso en las controversias políticas actuales la derecha se define de acuerdo a sus conveniencias sobre el costo del Estado, y como ya no tiene un poder militar nacional en el cual amparar sus gobiernos —como en la época del Plan Cóndor—, su objetivo es mostrar como los “modelos de izquierda” fracasan. La izquierda a su vez esconde la verdadera naturaleza del problema. Su aparato político depende en gran medida del propio Estado (también en gran medida el de la derecha) y por lo tanto la lucha por mantenerse pasa por sus argumentos de que está siendo sometida a la persecución de la derecha y del “imperialismo”. Una verdadera tragicomedia, donde nadie se atreve a decir que “el rey está desnudo” o cuando alguien se atreve, como Mujica en la ONU (setiembre del 2013), lo aplauden y luego nadie habla del tema, ni el propio Mujica, entreverado con sus coloquios.

    Sin embargo, más vale ser rico y sano que pobre y enfermo, la fractura social está generalizada en todo el mundo y quien se disponga a atenderla no va a contar desde el gobierno más que con recursos acotados.

    En nuestro Uruguay, por ejemplo, hay toda una discusión sobre las franjas impositivas a ajustar en las rentas personales, y no dudamos de su importancia, pero más importante que ello es ir pensando que de no reactivarse el mercado mundial, esto ya no alcanza. Es más, todos dan por bueno el pronóstico ministerial de futuros aumentos del PBI y de la hermosa relación del endeudamiento del Estado con el crecimiento del mismo. Difícil para sagitario, más explicable en tendencias coyunturales que en la marcha general de la economía en el mundo.

    Una vez más afirmamos que son importantes las medidas de buena gestión que deben tomarse a nivel nacional, pero en definitiva la ecuación económica necesita no sólo de respuestas nacionales sino fundamentalmente a nivel de la economía mundial. Todo lo demás son paliativos que no pueden tener continuidad en el tiempo.

    La reactivación del comercio mundial está directamente asociada a una rentabilidad de un capitalismo abundante en capitales improductivos y donde sus posibilidades tienen desarrollo en la industria de guerra.

    En 1848, cuando Marx y Engels escribieron el Manifiesto del Partido Comunista en el mundo, el capitalismo estaba en pleno desarrollo, con crisis importantes sí, pero se abrían posibilidades permanentemente, como la que se le abrió con el neoliberalismo luego de la tragedia de dos guerras mundiales. Tal vez está la expresión final de un desarrollo hasta los límites del planeta del que nos hablaba Marx.

    La tragedia hoy es que cuando ya se ven los límites de las posibilidades de desarrollo del modo producción capitalista (el inexorable agostamiento de la tasa general de ganancia y la acumulación de capital ocioso y especulativo en los paraísos fiscales) los comunistas se han convertido en una especie de comunistas nacionales, y su desarrollo programático no va más allá de las fronteras y su socialismo no va mas allá de la propiedad estatizada con la que pudo atemperarse en períodos concretos las necesidades de la gente.

    Retomemos el camino indicado por Marx, Engels, Lenin, entre los más destacados, y el propio Gramsci, como me sugirió algún compañero, que es hoy nuevamente la lucha por la paz, e imponer a través de la moneda única y universal, un sistema impositivo basado en la circulación del dinero que dé muerte a los paraísos fiscales y dé recursos a los organismos de la sociedad para abordar la satisfacción de las necesidades humanas.

    La solución en la historia para el capitalismo es la guerra; hoy profundizar lo actual hasta llegar a las armas nucleares, un suicidio para la humanidad toda.

    El otro camino es el de la muerte en paz del predominio del modo de producción capitalista dando paso a medidas de transición; para ello es que se requiere voluntad política. Esa voluntad política se construye con lo mejor que la humanidad ha venido dando y donde sólo están excluidos los que piensan en la guerra como una salida: los fascistas.

    Jorge Aniceto Molinari