En el páramo colombiano de Cumbal, un proyecto de carbono prometió pagar por los servicios de conservación que prestan decenas de personas indígenas y campesinas. De la venta de los bonos no han visto un peso, pero ellos siguen haciendo una labor invaluable para proteger estos ecosistemas andinos de los que dependen millones de colombianos y que alimentan en parte la cuenca Amazónica. Estas son sus historias