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    Bebito real y polémico

    Archie, norteamericano e inglés, marcará el rumbo de la nueva monarquía

    Todo el mundo piensa, silenciosamente, que las mujeres embarazadas son algo parecido a un pelmazo. Y es cierto que son un llamado a la moderación, a la sobriedad y tranquilidad, pues no pueden beber ni hacer esfuerzos y tienen la sensibilidad demasiado desarrollada. Pues bien, Meghan Markle nos regaló dos platos de embarazada. Su dulce espera resultó demasiado larga, demasiado prolongada y quienes creíamos que los miembros de la realeza se la pasaban de robe de chambre tomando el té en el palacio nos dimos un baño de realidad y la vimos demasiado a menudo, y muy embarazada, cumpliendo con los deberes de su posición. Lloviera o tronara allí aparecía Meghan hinchada y con su barrigota yendo a saludar a los niños de una escuela, inaugurando un hospital, visitando pueblos y condados. 

    Fue un alivio cuando la exactriz de Suits, nieta de un botones de un hotel de Cleveland e hija de Doria Ragland, una mujer afroamericana profesora de yoga, dio por fin a luz. Sucedió el lunes 6 de mayo y aunque tenía planificado un parto en casa con doula y toda la parafernalia de madre primeriza new age, el bebé parecía no querer salir y no quedó otra que hospitalizarla para traer al mundo al primer miembro multirracial de la historia reciente de la realeza británica. El nacimiento fue a las 5:26 am en  The Portland Hospital. La abuela materna del bebé es afroamericana, descendiente de esclavos del sur de Estados Unidos y sus abuelos paternos son provenientes de la más rancia nobleza germana. De hecho, muchos interpretan la llegada de esta mixtura como un progreso de la monarquía inglesa hacia una era más moderna y sí, ya no queda otra que usar esta palabra, inclusiva.

    El mestizaje y el peculiar nombre elegido por sus padres hicieron que el nacimiento de este bundle of joy (“pedacito de dicha”) resultara de lo más simpático a lo ancho del mundo. Archie (es una versión abreviada de Archibald pero el nombre del bebé es Archie) es un nombre tradicionalmente escocés que significa “audaz y valiente” pero también recuerda  a la tira cómica estadounidense que retrataba las aventuras de un adolescente pelirrojo y pecoso y no hay forma de no unir mentalmente la imagen de su rostro travieso con la de su padre. Todo esto, y el hecho de que en Inglaterra los niños multirraciales constituyen la categoría étnica de más rápido crecimiento, hacen de este nacimiento algo bastante interesante y a la vez centro de polémica (ver recuadro).

    El nombre completo del bebé es Archie Harrison (hijo de Harry) Mountbatten Windsor. Así, Harry le rindió homenaje a su abuelo paterno optando por Mount-batten como apellido principal. Aunque en Inglaterra son los hombres quienes dan el apellido a las familias, esto no fue así cuando la reina Isabel y Felipe de Edimburgo se casaron, ya que fue el apellido Windsor el que primó. La elección de Harry podría verse como un intento inconsciente quizás de restaurar cierto equilibrio a su familia.

    Archie no es heredero directo al trono ni hijo del heredero como sí lo son el príncipe William y sus tres hijos, los príncipes George, Charlotte y Louis. Esa distancia hizo que el pequeño no recibiera título nobiliario ni tierra suficiente para llenar una maceta y por tanto les da la opción a los duques de Sussex de criarlo como a cualquier ciudadano común. 

    Por lo pronto, la mediática pareja ya se viene tomando libertades que rompen con el protocolo real y los acerca a los matrimonios modernos y normales. Ya antes de baby Sussex se habían mostrado muy cariñosos en todos los actos y apariciones públicas, tomándose de las manos, mirándose tiernamente, sobre todo Harry mostrándole al mundo que estaba loco de amor por Meghan, lo que contrastaba fuertemente con la pareja heredera del  trono William y Kate, que a su lado parecían dos funcionarios del Polo Norte por lo fríos y distantes; William hablando quizás demasiado de los problemas de salud mental. 

    Y durante el posado de la primera foto del bebé y los cinco minutos de entrevista que Meghan y Harry les dieron a unos pocos periodistas, fue Harry quien sostuvo al bebé en brazos, no la madre, como se acostumbra y como lo hizo siempre Kate Middleton al día de parir. No solo eso: Meghan se presentó vestida con un atuendo color blanco marfil atado a la cintura que dejaba ver muy bien la barriga de embarazo que ya no era tal. Mientras que las demás mujeres de la realeza siempre procuraron disimular ese adefesio de la naturaleza (porque convengamos que parecer embarazada luego de haber parido no es de las cosas más felices) con vestidos amplios tipo campana, la exactriz caminó con toda naturalidad mostrando la barriga inflamada. Muchos ven en el acto de Meghan uno de sus guiños feministas para conciliar a las mujeres con la naturaleza de su cuerpo.

     

    Grotesco. Aunque la prensa británica siempre fue cuidadosa y omisa de críticas a la realeza, Harry dejó entrever que estaba muy alerta a la forma en que los tabloides se referían a su mujer. En algunas oportunidades se quejó de que eran sexistas y racistas pero nada de eso fue evidente. En cambio, al nacer el bebé sí hubo un episodio que involucró un tuit supuestamente racista de un periodista de la BBC. Danny Baker publicó un mensaje en el que hacía referencia al nacimiento del hijo de los duques de Sussex con la foto de un chimpancé. El tuit, que ya fue eliminado, mostraba la imagen de una pareja caminando de la mano con un chimpancé en cuya remera se podía leer: “El bebé real sale del hospital”.

    A causa de ello, Baker, de 61 años, quien era el presentador de un programa los fines de semana, fue despedido por lo que supuestamente fue una burla al origen racial de Meghan, cuya madre es afroamericana. Para muchos, en cambio, todo este revuelo fue una ofensa de por sí, porque nada hubiera sucedido si los abuelos del bebé hubieran sido todos blancos. En todo caso fue una pésima estrategia de comunicación, ya que provocó que más gente visualizara mentalmente al bebé junto con un chimpancé. Y si el tuit hubiera sido ignorado nadie estaría hablando de ello. 

    Tras las críticas que recibió por parte de algunos usuarios, Baker se disculpó con otro mensaje:“Habría usado la misma imagen estúpida para cualquier otro bebé real, el niño de Boris Johnson o incluso uno de los míos. Es una imagen divertida (aunque no en este contexto, por supuesto). Gran error, por supuesto. Grotesco”, indicó el periodista, seguramente con sinceridad.

    En todo caso, la figura principal que respalda a Meghan en la intimidad es precisamente su madre, quien con su garbo suave y una dignidad sin aspavientos supo ganarse la simpatía y el respeto de la gente. Nada menos que la abuela materna de Archie, aparece en algunas fotos vestida a tono pero con naturalidad. Se la ve una mujer madura pero elástica y transparente, que sabe estar sin llamar la atención y sin deseos, ni sombras, ni ínfulas de grandeza. 

     

    Un nombre claro, un mensaje confuso

    Ni bien se conoció el nombre del primogénito de Meghan y Harry, la polémica se disparó. Que si es escocés, que si es americano. Que si fue una decisión pensada, o casual. Que si hay un mensaje claro, o simplemente se trata de la ausencia de mensaje. La historia indica que en la casa real británica las palabras nunca abundan, que la clave es tener los grandes conceptos claros. Y, según los entendidos, al llamar a su primogénito Archie Harrison el príncipe Harry está armando una gran confusión.

    “Creo que ninguno de nosotros veía venir ninguno de esos nombres”, dijo Joe Little, editor de la revista Majesty, especializada en temas de la realeza británica. Otros de los nombres que se manejaron fueron Alexander, Arthur o Albert. Según Little, tanto Archie como Harrison son nombres nuevos para la familia real y no tienen ninguna connotación para ellos. Sin embargo, se supo que un antepasado de Lady Diana se llamó Archibald Campbell. Fue noveno conde de Argyll, en Escocia, y quizás la razón del nombre del bebé. 

    La revista People publicó que las casas de apuestas británicas tenían como favorito el nombre de Arthur, luego el de James y por último el de Philip.

    Según publicaron los medios ingleses, en 2017, Archie ocupó el puesto Nº 18 entre los nombres más populares para niños en Inglaterra y Gales. Ese año, 2.803 niños fueron llamados Archie.