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    “El problema de la pandemia”

    Sr. Director:

    En las redes sociales circuló una interesante entrevista que le realizara al expresidente Julio María Sanguinetti el periodista argentino Carlos Pagni para el programa Odisea con relación a la actual pandemia que azota al mundo. En dicha entrevista, el Dr. Sanguinetti hace gala de su innegable capacidad y de sus vastos conocimientos de los más diversos temas. Sin embargo, me gustaría comentar dos de sus conclusiones de las varias que el expresidente expone respecto a lo que nos deja esta pandemia.

    En primer lugar, el Dr. Sanguinetti afirma que “esta pandemia hoy nos pone una globalización que… primera gran conclusión: no tiene gobernanza. Es decir, este fenómeno estrictamente global, que más que ningún otro tendría que manejarse globalmente, hoy no se ha manejado así”.

    Luego agrega: “Segunda gran conclusión: esto ha puesto al Estado nuevamente en su centralidad. Más allá de debates de más Estado o menos Estado, está claro que, como en todas las crisis (económica, militar, política, internacional), el Estado adquiere una centralidad...”.

    De la primera conclusión surge que para el Dr. Sanguinetti esta crisis podría haberse enfrentado de mejor manera si los países hubieran aplicado algún tipo de receta —general o específica— prescripta centralmente por algún organismo multilateral promoviendo una mejor coordinación. Efectivamente, ante tanta incertidumbre en relación con un problema de dimensiones colosales parece tentador suponer que todo podría haber salido mejor con una conducción unificada.

    Sin embargo, a poco de que analicemos esta propuesta podríamos preguntarnos cuál hubiera sido la receta prescripta por este organismo central, ¿la de Bolsonaro, la de Fernández o la de Lacalle?, ¿reconoceríamos la diferencia de eficacia si no se hubieran aplicado las tres?, ¿por qué la OMS no asumió el liderazgo técnico en esta pandemia?, ¿el problema es el organismo o es la naturaleza del problema?

    Estas cuestiones no emergen si entendemos a la pandemia como un problema sanitario estático —con fines y medios dados— para el que podría resultar eficaz que un comité central prescriba una receta más o menos razonable para toda la humanidad. Dicha aproximación al problema es una ilusión en la que podemos caer ahora que tenemos a la vista las diferentes experiencias de diversos países. La postulamos con el diario del lunes. Pero la pandemia tiene una complejidad mucho mayor. Se trata de un problema dinámico de cooperación humana en el que los fines y los medios no están dados.

    A medida que avanzaron las experiencias de los diferentes países se fueron ajustando los fines y los medios. Tener la mínima cantidad de muertes, tener la mínima cantidad de muertes con mínimo daño a la economía, tener la mínima cantidad de muertes con mínimo daño a la economía y mínima pérdida de libertad, etc., etc. A medida que fueron apareciendo soluciones más exitosas que daban satisfacción a más fines, los individuos fueron ajustando sus expectativas. ¿Podríamos entender la insatisfacción argentina si solamente tuvieran como referencia a Brasil?

    Algo similar podemos decir de los medios. Cuarentena obligatoria, libertad responsable, tapabocas sí tapabocas no, hidroxicloroquina sí o no, vacunas, distanciamiento físico, motores prendidos o apagados, espectáculos públicos suspendidos, científicos, aplicaciones, etc. Los medios cambian porque están ligados a fines cambiantes y porque el ser humano descubre continuamente nuevos medios con los que alcanzar sus fines.

    Las mejores o las peores soluciones se descubren a partir de los resultados y estos a su vez modifican los fines que se esperan alcanzar. Una solución prescripta por un organismo central nos habría impedido descubrir cuáles eran las “mejores” soluciones a partir de sus resultados.

    La segunda conclusión del Dr. Sanguinetti es que la pandemia ha puesto nuevamente al Estado en su centralidad. Tampoco comparto esta conclusión no porque el Estado no haya cumplido un papel relevante en esta pandemia, sino porque en tiempos de estados hipertrofiados es precisamente al revés, la pandemia le ha devuelto la centralidad al individuo a partir de la eficacia de la libertad responsable que aplicó el presidente de la República.

    Esta segunda afirmación del Dr. Sanguinetti está en línea con la primera y también está en línea con una visión en la que la planificación central del Estado o del supra-Estado juega un papel determinante. Pero no es el Estado, sino el individuo —muchas veces a pesar del Estado, que no resuelve problemas básicos como la inseguridad— el que en conocimiento de su circunstancia específica y sometido a infinidad de desafíos encuentra soluciones a los más diversos problemas. Acercar las decisiones a la circunstancia particular de tiempo y lugar de los diversos actores —países, comercios, escuelas, bares, etc.— ha sido uno de los grandes aciertos de los tantos que ha tenido este gobierno.

    Como dijo Friedrich A. Hayek en su libro La fatal arrogancia respecto a la imposibilidad de resolver los problemas dinámicos de coordinación humana con ingeniería social centralizada: “La curiosa tarea de la ciencia económica es demostrar a los hombres lo poco que saben de lo mucho que quieren controlar.”

    Felipe Arocena Vilar del Valle

    CI 2.587.358-3