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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáNo tiene nada de malo estar en contra del gobierno. Más aún, es muy normal y común.
Como también que, en los momentos de bronca, querramos que le vaya mal.
El problema viene cuando también queremos que se vea y se sienta que le va mal y, para eso, la economía tiene que andar mal; también la seguridad, la educación… Por ese camino creemos (deseamos) que los tipos pierdan las próximas elecciones.
A veces ocurre, y eso favorece directamente a quienes aspiren a ser diputados, ministros o lo que puedan en el futuro gobierno.
Ahora, si yo no tengo esas aspiraciones de beneficio personal y directo (o chances de alcanzarlo), lo que me tocará a mí serán las consecuencias de las pálidas que le hube deseado y puedan ocasionársele al gobierno. Nada más. Si a él le va mal, lo más probable es que a mí también. Con el agravante de que su derrota electoral, deseada por mí, ocurriría recién dentro de tres años, mientras que las pálidas me las voy a ir tragando desde mucho antes.
Así será al querer usar el referéndum contra la LUC para pegarle un revolcón al gobierno —como quieren el PIT-CNT y su brazo político—. Capaz que le complica a aquel la próxima elección (capaz, falta mucho), pero antes influirá para trancar la gestión del gobierno, quitar certeza y estabilidad jurídicas a los agentes económicos y, en general, jugará en contra del bienestar económico de la sociedad.
A los ricos eso los afecta menos, y a quienes tienen ambiciones políticas (partidarias o sindicales) no les importa, porque apuntan a compensaciones por la vía de obtener cargos con poder.
La queda todo el resto.
Así que, si lo que se quiere es castigar al gobierno, hay mejores caminos que el de pegarse un tiro en un pie.
Ignacio de Posadas