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    “No más”

    Sr. Director:

    Un mes después de la columna de Andrés Danza titulada No más, quizá haya aumentado el drama. Primera frase empleada: “Cómo cuesta asumir los momentos dramáticos”. La descripción realista esbozada ha crecido por el agravamiento de la situación uruguaya ante el impacto progresivo del drama de los dos grandes vecinos, Argentina y Brasil.

    Bien a la inversa, hacemos el papel del idiota que no entiende que el árbol que está serruchando le golpeará en la cabeza cuando caiga.

    Vale volver a leer el artículo. El objeto de este comentario va en el sentido de señalar deberes del buen periodista, una vez que demuestra un alto nivel cultural. El atesoramiento cultural indica esencialmente algunas bondades del terreno que nos ha permitido crecer. El buen periodista juega un rol esencial en la educación del pueblo, cosa conocida netamente. La perversión o declinación de valores es palpable, no solo por la violencia desaforada que nos duele, sino que se nota netamente cuando una luz clara alumbra el escenario. Eduy21 ha logrado no fórmulas perfectas, recetas definidas, escritas, sino que ha afirmado bases para sustentar un edificio.

    Hoy mismo, día lunes, un integrante de Eduy21, Rudyard Pereyra, define uno de nuestros males radicales: “Conservadurismo radical, que consiste en criticar el sistema pero rechazando al mismo tiempo cualquier cambio, aun local, con el pretexto de no abrir la vía al ciclón liberal”.

    Culturalmente, cuesta ver en el escenario la vigencia de esa verdad. Parte considerable de los ciudadanos se orienta por el periodismo, y construye liderazgos según el periodismo.

    Cuando el periodismo reclama en favor de la independencia personal del periodista y rechaza el control estatal, sin duda defiende derechos elementales, pero se impone también deberes. El no rotundo al Estado implica obligaciones acrecidas para quien reclama libertades. En términos simples: si el fumador defiende derechos individuales para mantener su vicio, debe afrontar las consecuencias; debería, claramente, afrontar por sí mismo los costos de asistencia médica y no reclamar aporte alguno a la sociedad.

    Los periodistas, servidores de una sociedad —como debemos serlo todos los intelectuales—, deben garantizar por sí mismos la formación profesional, la capacitación, la independencia respecto a sectores, religiones, partidos políticos o de otra índole. El deber de informar debe estar garantizado. Un ejemplo práctico lo aprecié en Brasil: una misma página del diario contenía la interpretación del problema por un protagonista, y enfrente la opinión de otro protagonista, contrario al primero. Ese es el deber del periodista, en mi opinión personal. Gracias a esa independencia del buen periodista aprendemos mucho. Gracias a esa independencia y calidad personal del periodista aparecieron en los Estados Unidos las pruebas del espionaje de un candidato en la intimidad del candidato opuesto, y cayó el culpable.

    Mi frustración personal, ya anciano, se debe al indecoroso papel jugado por muchos periodistas en la elevación a la fama de personajes mediocres. Padecemos hoy mismo las consecuencias del yerro periodístico, lo padece todo el país.

    Personalmente, confío en que el señor Danza siga demostrando su talento, velando por la calidad del buen periodismo como factor esencial de la educación ciudadana. No tengo fórmulas. Evidentemente, es imprescindible una buena escuela de periodismo, una buena formación moral del estudiante de periodismo. Los uruguayos no podemos adelantar, en tanto el periodismo eleve líderes políticos o deportivos con la sola finalidad de escarbar en la morbosidad de las gentes, o en la credulidad ingenua de las gentes.

    Pienso en la pesada deuda que tiene el periodismo, por la elevación de un personaje mediocre, caso José Mujica, convertido después en “héroe” internacional. Este señor, expresidente, no está en la escena en el momento en que se juzgan temas trascendentes. Este señor entregó una empresa pública, de poder inmenso, a un hombre mediocre, ignorante, y le dio carta libre para que gastara el dinero del Estado. En realidad, el Sr. Mujica no aparece a la hora de rendir cuentas. Cae el mensajero, pero no el escritor del mensaje.

    Otra Rendición de Cuentas debiera hacer el Sr. Mujica. En una intromisión inaudita en la política argentina, participó en la campaña electoral argentina siendo presidente de la República Oriental del Uruguay.

    El lanzamiento de la candidatura de Cristina Kirchner a la reelección se hizo en suelo uruguayo, con presencia de nuestro presidente y con asistencia de una multitud traída desde Argentina.

    ¿No es delito? Los juristas no se molestan por tales menudencias. Políticamente es una monstruosidad. La prensa no se molesta en denunciar el problema. Lo hizo el Sr. Claudio Paolillo, tal vez no con la intensidad necesaria.

    Otros enormes disparates ha hecho el Sr. José Mujica. Fueron procesados penalmente dos personalidades limpias, intachables, como los señores Fernando Lorenzo y Caloia, porque el señor Mujica —que dijo públicamente haber actuado para la liquidación de Pluna y para la concesión de un aval del Banco República para el posible comprador de los aviones—, luego, ante los jueces, ya terminado su mandato, negó haberlo autorizado.

    Son simples canalladas, nuestro periodismo no toma nota, no se ocupa.

    Ciertamente otros personajes oscuros, caso Luis Alberto Lacalle, quedaron en evidencia por delitos cometidos durante su gestión presidencial, pero este descargó culpas sobre sus colaboradores. El Dr. Lacalle Herrera quedó también en evidencia haciéndose presente en Buenos Aires para defender a su amigo, el expresidente Menem, que también pudo salvarse de la prisión por negocios muy sucios con la venta de armamento a otros países del continente.

    Es decir, no renegamos de nuestro periodismo. Urge elevar a todo ritmo la difusión de los acuerdos alcanzados en torno a Eduy21 —que felizmente obtiene respaldo de la enorme mayoría de los dirigentes políticos— para iniciar una trascendente e indispensable reforma educativa, que equivaldría en los hechos a entrar profundamente en el seno del tejido social enfermo que padecemos. Como es indispensable también una reforma en el periodismo, en organizaciones sociales, tales los sindicatos, autárquicos, hasta el absurdo de no tener que rendir cuentas a nadie no obstante manejar enormes sumas de dinero. Y que además oriente a nuestros intelectuales hacia la modestia, saber que nuestros tres millones de habitantes no nos elevan a categoría de jueces, capaces de conocer y aconsejar a argentinos, a brasileños, etc., siendo en los hechos, incapaces de enderezar a nuestras propias gentes.

    Tenemos en alto grado el afecto al querido país que nos sostiene, pero debemos entender que no sabemos mucho, en materias delicadas como economía, sociología y política, no obstante enormes progresos que se están procesando.

    Finalmente, subrayamos la idea central expuesta por el Sr. Danza: hay urgencia real en acordar entre partidos, organizaciones sociales, poderes del Estado y municipios medidas prácticas que permitan separar las aguas: quienes vean el riesgo de un presidente solitario, no respaldado por su propio partido, para firmar un acuerdo de libre comercio con Chile, deberían aunar esfuerzos, por encima de partidos y de burócratas instalados cómodamente en el propio Estado, para no caer al pozo en que se debaten los dos países vecinos. En la base de la sociedad nos debatimos entre el pesimismo clásico de los uruguayos y la consciencia clara de que podemos y debemos evitar la caída estrepitosa. No deberíamos repetir el fracaso estrepitoso de los años 60- 70. No celebremos las penurias clásicas argentinas, capaces del paroxismo de la guerra con Chile, aceptada por las mayorías, y evitada por el cardenal Samoré, ni su vanidoso desprecio al FMI, que sigue existiendo, así como padecen la especulación financiera amada por muchos.

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