N° 1829 - 20 al 26 de Agosto de 2015
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáEnojados, dos jerarcas judiciales argumentaron que las marchas y contramarchas del gobierno dilatando el pago del aumento del 26% al Poder Judicial y a otras dependencias forman parte de un “operativo político” para reducir ese porcentaje o no pagarlo. Tal vez lo sea, pero por ley tiene la obligación de pagar y por las sentencias dictadas no hay dos posiciones.
Diferente es cuando ese calificativo es pronunciado sin fundamento con tono peyorativo y se incorpora al lenguaje político por su sentido negativo y descalificador. En su diccionario filosófico, Pelayo García Sierra describe esas acciones como “la capacidad para actuar sobre individuos o grupos de individuos —estimulando, desplazando, engañando— a fin de componerlos o descomponerlos…”. Integran el juego democrático y en todo sistema político se llevan a cabo para determinados objetivos.
Esto viene a cuento por la coincidencia de esa atribución en tres casos. En todos, el tono acusatorio parte de quienes en diferentes momentos han utilizado ese mismo recurso: lo consideran censurable cuando lo hacen otros, pero no cuando lo aplican ellos.
Ocurrió con la renuncia de la senadora Mónica Xavier a la Presidencia del Frente Amplio. Algunos de sus partidarios han dicho que fue forzada mediante un “operativo político” montado por el Movimiento de Participación Popular (MPP), la lista 711 (del vicepresidente Raúl Sendic), el Partido Comunista y grupos menores que en el plenario acumulan más votos que quienes la apoyaban. Y sí. Claro que fue un “operativo político”. ¿Qué otra cosa puede ser si desde siempre ese es el pan diario de partidos y sectores?
Otro asunto es el del presidente del sindicato del INAU, secretario general de COFE y vicepresidente del PIT-CNT, José Lorenzo López. En lugar de condolerse por los menores torturados por sus compañeros en el Hogar Ceprili —como se demuestra en un video—, López miró los hechos sin intervenir, convirtiéndose en cómplice. Acorralado, argumentó que el video se divulgó como parte de un “operativo político a varias puntas” para distraer la atención sobre el paro general del 6 de agosto.
López, el matón —como lo calificó la ministra de Educación, María Julia Muñoz—, con posgrados en operativos políticos y sindicales, se queja pese a que usó ese mismo camino para encaramarse en la cúpula de las tres organizaciones. También se apoyó en su desprecio por la integridad física y moral de adolescentes de Rivera. Buscando el aplauso del sindicato, cobijó a las funcionarias procesadas, responsables de esos abusos.
En los últimos días, el tupamaro Julio Marenales también los agitó para referirse a las acciones/acusaciones/aclaraciones/desmentidos del caricaturesco Héctor Amodio Pérez sobre la condición de “traidor” que sus ex compañeros le han atribuido.
“Es un operativo político porque alguien le paga todo eso. ¿Tendrá tanta plata como para pagar la guardia (los guardaespaldas) y todo eso? ¿Quién está detrás de él?”, preguntó aludiendo a una conspiración sobre la irrupción de Amodio en el escenario político.
¿Por qué no pensar en lo más simple? La publicación del libro “Palabra de Amodio. La otra historia de los Tupamaros” respondió a una decisión empresarial de Ediciones de La Plaza del diario “El País” luego de gestiones del escritor Jorge Marius. Lo detalló el diario el miércoles 12 en la nota “El origen del libro, la seguridad personal, la conspiración y la CIA”.
Si nos afiliamos al razonamiento del tupamaro: ¿qué objetivo tuvo en setiembre de 2010 el libro “Marenales” de Sergio Márquez Zacchino, para el cual el ex guerrillero dio su testimonio político? Durante la presentación en un bar de Colonia y Yi, Marenales firmó ejemplares, agradeció elogios y aplausos y recibió apoyos. ¿No fue un operativo político? Claro que lo fue, aunque su incidencia sea nula.
En esos casos y en otros en los que se usan vocablos con similar contenido peyorativo se vislumbran síntomas paranoicos, esa dolencia habitual cuando se involucran intereses políticos o partidarios. Es la alteración psíquica que se manifiesta mediante expresiones impulsadas por ideas fijas o por la interpretación equivocada o arbitraria de hechos que se utilizan políticamente o se consideran parte de una conspiración.
La cuestión es que muchos ingenuos se tragan la píldora y valoran negativamente los “operativos políticos” (operaciones políticas, en realidad), y quienes lanzan esos calificativos —como parte de su propio operativo— distorsionan la realidad en su beneficio, confunden y degradan las relaciones sociales y humanas.
En los últimos tiempos, algunos políticos europeos han incorporado a sus debates y discursos la palabra “sonámbulos”. Es consecuencia del exitoso libro “Sonámbulos” del historiador australiano Christopher Clark, un ensayo sobre los meses previos a la I Guerra Mundial. Clark sostiene que los protagonistas de esa etapa, con frivolidad e irresponsabilidad, “eran como sonámbulos, vigilantes pero ciegos, inconscientes ante la realidad del horror que estaban a punto de traer al mundo”. Una epidemia de ceguera y de estupidez mientras caminaban hacia el precipicio.
Algo parecido ocurre aquí. Muchos participantes de la vida política también deambulan como sonámbulos, ciegos, inconscientes e irresponsables, mientras siembran sus intereses y la paranoia. Terminaremos pagándolo.