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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáEn la última semana se volvió a instaurar, en nuestro medio, la temática de una posible y próxima reforma constitucional, lo que será discutido este fin de semana por el partido de gobierno.
Toda reforma, como tal, requiere de cierto grado de compromiso reflexivo y análisis, entre muchos otros puntos, sobre su pertinencia, contenido y objetivo. Mucho más lo exige una reforma de la Constitución, pues la profundización y su texto debieran ser parte de un riguroso análisis y deliberación, en el que además de los políticos y representantes, participe —en mayor o menor medida— la ciudadanía.
Naturalmente que los temas de preocupación social actual son otros. ¿Es entonces este el momento para tal importante decisión? ¿Se dan las circunstancias propicias para propugnar el necesario análisis y deliberación?
Ante la duda, corresponderá cuestionarnos cuál es el fin de la reforma que se propone y si la misma es necesaria. Una reforma, además, genera importantes costos, los que parecería no estamos en condiciones de solventar dadas las proyecciones económicas y el aumento impositivo.
En los últimos años la Suprema Corte de Justicia declaró la inconstitucionalidad de diversas normas legislativas, en los más variados temas. Ello, sin contar otras que desestimó por razones formales y sin pronunciarse sobre el fondo, como ocurrió con la ley de patente única, entre otras.
Esto nos lleva a una inevitable reflexión: ¿qué es lo que se quiere modificar y por qué?
En un momento que no es el más propicio para estas deliberaciones sociales, pues las preocupaciones más urgentes son otras, y en el que no debiéramos hacer frente a gastos más allá de los estrictamente necesarios, las interrogantes debieran comenzar a preocuparnos. Máxime si consideramos que la Constitución, además de no requerir modificaciones urgentes, ha funcionado correctamente y en gobiernos de diferentes partidos políticos, con distintas ideologías, lo que reafirma su valor y contenido.
María Paula Garat