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    Ajustes solidarios

    Sr. Director:

    Uno de los aspectos clásicos del populismo —tal como ha quedado demostrado especialmente en Latinoamérica— es, indudablemente, echarle la culpa a otro. Todas las tragedias que se viven a consecuencia de las acciones, omisiones o corrupción que comete el populista en el gobierno, son responsabilidad de otro; y las tiene que asumir otro; cualquiera menos quienes son directamente responsables del desaguisado. Sea en el orden que fuere, para nada interesa si al otro lo metieron en ese “baile” los propios populistas, mediante violación de la Constitución o de la ley.

    Un ejemplo claro lo hemos vivido con lo actuado recientemente por la senadora Constanza Moreira, que a pesar de ser politóloga, parece que se salteó el capítulo: Populismo tipología y consecuencias…

    A la salida de una reunión de la Comisión de Hacienda del Senado, la senadora expele titulares a los periodistas: ¿Cómo es posible que para financiar el BPS estemos gastando 400 millones de dólares y para cubrir el déficit de la Caja Militar estemos gastando lo mismo?

    Todo lo que se le explicó durante dos horas dentro de la Comisión y que entendieron la mayoría de los senadores presentes, ella lo transforma en agravios hacia el circunstancial enemigo del populismo extremo. No interesa que el “déficit” sea producto de que los aportes de los soldados sea misérrimo; que no es una Caja, que sería responsable de su administración, sino parte del Ministerio de Defensa; que los haberes de retiro los determinó la ley que creó un incentivo para que se retiraran; que la ley también les recompuso la carrera a los que ganan más; que el militar sirve al Estado sin horario ni feriados y que únicamente los pocos que llegan a las jerarquías determinadas, como lo hacen los directores de organismos públicos o los gerentes de Alur, reciben una retribución acorde a lo aportado por 36 años; que el gobierno redujo la cantidad de cotizantes al servicio, invirtiendo la relación activos-pasivos, etc., etc.

    Una pasividad digna debe ser recortada coactivamente, para que todos queden con la pasividad posible luego de quitarle los impuestos; sin importar que esos gravámenes sean producto de la vocación de despilfarrar el dinero público que tiene el gobierno.

    ¿Y por casa, cómo andamos? ¿No sería bueno que la senadora revisara la retribución que le entrega la Tesorería del Senado? Quizás descubra que tiene más posibilidades de incluir en ella una contribución pecuniaria coactiva “solidaria” mayor que la de estos servidores públicos.

    Únicamente le pedimos una prestación coactiva “solidaria” a quienes tienen mayores ingresos para financiar su propia Caja, dice Constanza. No es ni prestación, es un impuesto; no es “solidaria”, es coativa, y no es para financiar su propia Caja, sino para financiar el déficit fiscal de todo el Sistema de Seguridad Social, al que ya contribuyen los militares como todos los pasivos pagando el IASS, proporcionalmente a las franjas que en enero aumentará el ministro Astori, para financiar el 4% del déficit. Recorte imprescindible en razón de otros inventos dilapidadores populistas que les dejan a los pasivos los correligionarios de Constanza.

    Toda la culpa es del “otro”: el “otro” provoca gastos excesivos que perjudican al erario público; y todavía el “otro” se niega a “colaborar” coactivamente con una parte de su riqueza al servicio de “nosotros”, que generamos este agujero y vamos a aumentarlo, si podemos, redistribuyendo ilegalmente lo que no hay.

    Esa facilidad semántica para traducir al idioma populista “la culpa” de quien pretende defenderse del reparto voluntarista, es verdaderamente admirable. Hipnosis que causa que la mayor parte de la gente quede atrapada en la argumentación mentirosa… y los vote.

    Nadie se pregunta en definitiva: cómo surgió el problema; quién es responsable del mismo; qué consecuencias tiene… y mucho menos si es constitucional o legal el recorte… Pero, fundamentalmente, nadie se pregunta si es moralmente aceptable la posición de Constanza, la que repite con una contracción digna del nombre.

    Todas esas preguntas tienen respuesta, y la conclusión a la que se arriba es que si no se controla la incapacidad del populista para frenar los desvaríos de sus acciones políticas, estamos TODOS en problemas graves. Doña María, en su casa, sabría claramente cuál es el ajuste que hay que hacer: le sacaría la tarjeta de crédito a quien gastó lo que no correspondía.

    Senadora: pare de decir medias verdades, que en concreto son mentiras. Pare de engañar a otros y endilgarles su responsabilidad, la del equipo económico que usted respalda, el que viene determinando en qué se gasta y en qué nos endeudamos; responsable directo del déficit presupuestal. Aquel que un día dice que somos un país de primera por su calidad de buen administrador y al otro dice que la responsabilidad del déficit es de las condiciones internacionales adversas. Pare de defender a su sector político que un día dice: nada de tratados de libre comercio y al otro, que nos abramos al mundo chino o nos morimos. Que un día dice que los uruguayos estamos mejor que nunca y que hay que repartir la bonanza entre los que menos tienen, y al otro, dicen que hay que repartir la pobreza que nos asaltó por sorpresa, siete meses después de los diez mejores años económicos del Uruguay.

    Este agujero es culpa de su gobierno, no de los que reciben en pago lo que la ley establece. Las condiciones en que uno se jubila la fija el gobierno con el apoyo del Parlamento, no las fijan los jubilados.

    Pare de distribuir la plata de otros… empiece primero por la propia y luego por analizar en qué votó usted que gastara su gobierno en los últimos 11 años. Díganos claramente cuál es el ajuste global que propone su gobierno para los cuatro años siguientes. No nos aplique un ajuste en cuotas, sin decirnos cuánto nos costará el interés por ajustarnos algo más despacio. Y sobre todo… díganos claramente cuánto va a contribuir usted y los suyos a arreglar este desastre económico. Por algo Astori quiere restringir la libertad para gastar de Alur y el porcentaje que Ancap destinará a publicidad “amigable”. Por algo Gonzalo Mujica quiere revisar urgentemente el presupuesto frenteamplista.

    Si lo económico está por encima de lo jurídico, senadora, por lo menos sea sincera: ¿cuánto les va a costar a cada uno de los uruguayos? Tiene intenciones de recortar también las “donaciones” coactivas que nos impone para beneficio de algunos que no son pobres, sino circunstanciales “compañeros”. ¿De dónde van a salir los recursos para generar reactivación, infraestructura y parar el crecimiento del desempleo?

    La causa última del “déficit” del BPS es que aumentaron exponencialmente las prestaciones a activos: seguros de desempleo extendidos que se votaron alegremente, pensando que los recursos los ponía el… Estado. El Estado, senadora, es Juan Pueblo, somos todos los que no nos podemos zafar de las consecuencias de sus decisiones. Somos los que creemos que estamos en un Estado de derecho, por lo cual, el Poder Judicial podrá “arreglar” las inconstitucionalidades e ilicitudes que comete el poder político de turno. Son los ingenuos que votaron una reforma constitucional, para que las barbaridades presupuestales que se cometieran no siguieran “ajustando” o “consolidando” su pasividad. Son los que indefensos, advierten, que se les dice que se cumple con el artículo 67, pero que en definitiva se les paga lo que el gobierno quiere, después de recortarles la pasividad con “impuestos”.

    Si “déficit” presupuestal del BPS le llaman a los 368 millones del año 2015 (antes de la “crisis”) o a los 570 del 2016, ¿cuánto será para el 2017 al 2019? y ¿quién pagará. ¿Eso es producto de la deuda con los pasivos? O, en cambio, es producto de que se dieron prestaciones a activos sin control, seguros de desempleo, pagos indebidos por licencias por enfermedad, liquidaciones que no corresponden a los trabajadores del Sunca y tantas otras cosas que seguramente resultarían asombrosas si el directorio del BPS revisara públicamente su presupuesto.

    Entonces, senadora, antes de arremeter contra la “solidaridad” económica de los demás, por lo menos sea sincera con todos; asuma la responsabilidad de su administración por disponer del dinero de todos: más pobres o menos pobres.

    La igualación hacia abajo es el leif motiv de la izquierda retrógrada, ejemplo claro que postula Eduardo Rubio, que la apoya: aunque lo disponga la ley, qué me importa…repartamos hasta que todos sean pobres; ¿qué vamos a hacer si no alcanza? Rubio, tú también, brutus. ¿Qué estás haciendo para controlar el presupuesto del Parlamento? No lees la prensa y te enteras de la reforma en la sala del presidente Sendic, ¿licencioso tema, no? Ajuste pa’ todos o pa’ naides, sería el lema que deberías aplicarle.

    El que se crea que esto parará aquí es triplemente ingenuo: además de que cree que este gobierno respeta el Estado de derecho; cree, igualmente, que limitará su voracidad despilfarradora y fiscal que es una “mordidita”; cree también que el Poder Judicial lo reparará por los argumentos expuestos por un ilustre letrado reivindicando su derecho. La experiencia indica que más que el respaldo intelectual del abogado patrocinante, será la integración de la Corte la que dilucide, cual César, la constitucionalidad de que se detraiga una suma “solidaria” coactiva para el mejor goce del presupuesto nacional, tal como requiere el gobierno.

    Aunque usted no lo crea… la economía no se detiene en constituciones, leyes o decretos… de lo contrario, suprimir la pobreza sería el primer acto de gobierno de cualquier político.

    En la medida en que no se corrijan las causas, inevitable será el aumento de la alícuota de los ajustes. Cada vez irán detrayendo mayores recursos de los bolsillos ciudadanos, aunque la Constitución, las leyes y la jurisprudencia tardíamente digan que son confiscatorios.

    Por tanto, si no exigimos que el gobierno rinda cuentas antes de exigirnos el aporte coactivo “solidario” hoy a Juan, mañana a Pedro… pasado a USTED, lector, y presente un plan de acción realista de los recortes de lo que no puede cumplir —aunque a USTED no le alcance ni para una alimentación digna—, llegaremos a igualarnos con Venezuela: habrá que restringir el uso de lo más esencial, hasta del papel higiénico.

    Dr. Nelson Jorge Mosco

    CI 1.246.385-4