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    América Latina da consejos en Europa, pero tiene varios retos en casa

    Durante buena parte del siglo pasado, América Latina estuvo lejos de ser una región que asistiese a foros internacionales para dar lecciones y consejos. Más bien solía ocurrir lo contrario, sobre todo cuando se trataba de economía. Pero al parecer, varios de sus gobiernos ahora están dispuestos a enterrar definitivamente ese pasado y vieron en la última Cumbre Iberoamericana celebrada en la ciudad española de Cádiz una oportunidad única para ello, a pesar de los enormes desafíos que los países latinoamericanos aún enfrentan para desarrollarse y de un comentario lanzado en ese encuentro por el secretario general de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), el mexicano Ángel Gurría, que sonó a advertencia: “Durante la recesión y después de la recesión, a los europeos les va a ir mucho mejor que a nosotros”, dijo. “Es demasiada la ventaja que nos llevan”.

    De hecho, fueron varios los representantes latinoamericanos que llegaron a la cita del viernes 16 y sábado 17 en el Viejo Continente con mensajes aleccionadores para Europa. Una voz destacada en ese sentido fue la de la presidenta brasileña, Dilma Rousseff, que afirmó que su país y toda América Latina ofrecen hoy “dinamismo económico, vigor democrático y mayor igualdad social”. Su prédica fue sobre todo para alertar acerca de las consecuencias de las medidas de austeridad fiscal que llevan adelante varios gobiernos europeos en procura de salir de la crisis financiera que los ahoga. La mandataria recordó los ajustes fiscales que Brasil realizó en el pasado y que a su juicio, sin políticas de estímulo económico, contribuían a agravar las cosas. “Sin crecimiento será muy difícil el camino de la consolidación fiscal”, avisó. “Los ajustes serán cada vez más costosos socialmente y cada vez más críticos políticamente”.

    Esas palabras fueron compartidas por la mayoría de los jefes de delegación latinoamericanos presentes en Cádiz. “Nuestra experiencia nos ha enseñado que las políticas de ajuste fiscal van en contra de la recuperación económica y el riesgo de insistir con recetas que han fracasado es demasiado alto”, dijo por ejemplo el vicepresidente argentino, Amado Boudou, reemplazante en Cádiz de la mandataria Cristina Fernández de Kirchner, quien se quedó en su país aduciendo cuestiones de salud (a pocos días de enfrentar el primer paro general contra su gobierno, que paralizó Buenos Aires y otras ciudades del país el martes 20). Otros abordaron temas aún más domésticos de España. Por ejemplo, el presidente ecuatoriano, Rafael Correa, se refirió al debate que hay en ese país sobre los desahucios o desalojos de viviendas de personas que no consiguen pagar sus hipotecas, uno de los dramas que sacuden a la sociedad española. “Los desahucios no tienen razón de ser y solo reflejan la supremacía absoluta del capital financiero sobre los seres humanos”, afirmó Correa.

    Lejos de mostrarse contrariados por estos comentarios, los anfitriones parecieron recibirlos de buen modo. El presidente del gobierno español, Mariano Rajoy, explicó personalmente a Correa las medidas tomadas por su administración para contener el problema de los desahucios y, en la clausura de la cumbre, ensalzó a América Latina como “una de las regiones con mayor potencial de crecimiento”. El rey Juan Carlos, que llegó a la cumbre apoyado en un bastón, comparó la situación de expansión económica de las excolonias con la crisis que se vive en Europa y dijo: “Nuestras miradas se vuelven hacia vosotros. Necesitamos más Iberoamérica”.

    A la luz de todo esto, cualquiera que haya seguido en vivo o a la distancia el encuentro de Cádiz pudo haberse quedado con la sensación de que “la tortilla se ha dado vuelta” en la relación de América Latina con España y Portugal. Pero, ¿será tan así?

    Crecimiento vs.

    desarrollo

    En lo que va de este siglo, Latinoamérica ha crecido a tasas importantes, que desconocía desde hacía décadas, en un marco de relativa estabilidad macroeconómica que permitió salir de la pobreza a más de 40 millones de personas. Según un informe del Banco Mundial divulgado la semana pasada, el PBI per cápita en la región se expandió a un ritmo de 2,2% anual entre 2000 y 2010 y la clase media aumentó 50% en ese período, para representar 30% del total de la población.

    Esto ocurrió mientras la crisis económica avanzaba en Europa y comenzaba a hacer estragos en España, donde la recesión ha adquirido proporciones históricas y la tasa de desempleo supera 25% de acuerdo a las estimaciones oficiales divulgadas a fin de octubre. Esto significa que al concluir el tercer trimestre del año, la cantidad de personas sin trabajo en el país había ascendido a 5,78 millones.

    En este contexto, la ayuda al desarrollo de España y Europa en general hacia América Latina se ha reducido significativamente, mientras aumentaba la cooperación dentro de la propia región: países como Argentina, Brasil y México han aportado recursos a 586 proyectos en el vecindario para mejora agrícola o en infraestructura, según un estudio de la Secretaría General Iberoamericana (Segib) citado por el diario español “El País”. El uruguayo Enrique Iglesias, que encabeza la Segib, abogó en Cádiz por una renovada cooperación iberoamericana en materia de inversiones, comercio y conocimiento.

    Pese a la bonanza económica, América Latina aún tiene grandes brechas que la distancian de los países desarrollados en general y europeos en particular. El propio informe del Banco Mundial advirtió que falta bastante para que la región pueda considerarse una zona de clase media tradicional (como lo es Europa) debido a las carencias que persisten en áreas como educación, salud y seguridad. Más aún, indicó que para mantener la tendencia al ascenso social que Latinoamérica tuvo en los últimos años deben reformarse las políticas de empleo, impuestos y seguridad social.

    Otro estudio de la Comisión Económica para América Latina (CEPAL) y la OCDE presentado la semana pasada en Cadiz indicó que la región está en una fase de desaceleración: este año tendrá un crecimiento proyectado de 3,2% del PBI, contra 4,4% en 2011. Para el año que viene la previsión es de una expansión de 4%.

    “América Latina en el corto plazo puede seguir creciendo a tasas similares a las que ha crecido en los últimos años y va a depender mucho de lo que pase con los precios internacionales de algunos commodities”, explicó Sebastián Rovira, un experto de la Cepal que participó en la redacción de este informe. “El tema es que si uno piensa en una estrategia de largo plazo, que no sea solamente de crecimiento sino que se trate de una estrategia de desarrollo inclusivo, (…) esto es solamente posible si hay políticas fuertes dedicadas a fortalecer algunos sectores”, agregó en diálogo con Búsqueda.

    “Cálmense un poquito”

    Rovira indicó que América Latina tiene pendiente lograr una diversificación de su estructura productiva que le permita impulsar sectores que demanden más conocimiento e incorporen tecnología, más allá del agropecuario. “Está faltando en la región avanzar en lo que llamamos el cambio estructural”, sostuvo. A su juicio, eso se debe a factores diversos como la falta de personal calificado o problemas de financiamiento para las pequeñas y medianas empresas, que en la región tienen menos de 15% del acceso al crédito total y enfrentan tasas de interés mayores que las de grandes empresas, lo que puede explicar su baja capacidad de innovar o sumar tecnología como ocurre en otras partes.

    Durante una conferencia dictada en la B’nai B’rith en diciembre, el rector de la universidad ORT Uruguay, Jorge Grunberg, evaluó que si América Latina continúa con las tasas de crecimiento que tuvo en los últimos años de la década de 2000, recién en 2025 el promedio de su PBI per cápita podría alcanzar al de España. Entonces cuestionó la “euforia” de muchos en la región. “América Latina no está aprovechando el actual ciclo de crecimiento para invertir en infraestructura y en educación como hicieron en su momento otros países ricos en recursos naturales como Canadá, Australia o Nueva Zelanda”, dijo. “El riesgo es que si mañana bajan los precios de las materias primas, todo este bienestar actual se puede derrumbar estrepitosamente y no habremos construido a tiempo, mientras teníamos los recursos, la capacidad para generar producciones más sofisticadas de bienes y servicios”.

    Grunberg recordó las carencias que enfrenta la región en democracia, rendición de cuentas e innovación, e hizo hincapié en el déficit educativo. Por ejemplo, indicó que mientras países como Corea han logrado educar cada vez más personas de cada nueva generación, los niveles de formación en varias naciones latinoamericanas están estancados desde hace décadas. Basado en las evaluaciones de aprendizaje PISA 2009 de matemática, ciencia y lectura, indicó que los alumnos latinoamericanos están en promedio 2,4 años atrasados respecto al promedio de los miembros de la OCDE (que tiene una mayoría de europeos) y 3,5 años atrasados respecto a los de Corea y Finlandia. En estos dos países, la proporción de graduados en ingeniería es entre tres y cinco veces mayor que en Uruguay o Brasil, agregó. Y comparó que mientras sólo 3% de la inversión extranjera directa en América Latina va a proyectos de investigación y desarrollo, en Corea y otros asiáticos esa proporción llega casi a 50%.

    “América Latina no salió de la crisis porque haya aplicado políticas anticíclicas o porque haya tenido políticas virtuosas. Salió básicamente de la crisis, y el caso de Argentina es el más paradigmático de todos, por el aumento del precio de los commodities”, dijo Carlos Malamud, investigador principal para la región del Real Instituto Elcano, con sede en Madrid. En diálogo con Búsqueda, comentó que algunos latinoamericanos como los miembros de la Alianza del Pacífico (Chile, Perú, Colombia y México) asumieron en Cádiz una actitud hacia España que refleja su modo de entender el mundo globalizado con apertura, permitiéndole un estatus de observadora en ese foro que puede ayudarle a tender un puente con Asia. Pero otros, sostuvo, tuvieron la actitud de “mirarse el ombligo” con cierta soberbia.

    Malamud se preguntó en qué va a consistir la ayuda que América Latina ofrezca a países como España y Portugal, razonando que aun si grandes economías como Brasil o México decidieran comprar deuda europea, esto sería insuficiente para sacarlos de la crisis. A su juicio, la advertencia inicial de Gurría sobre las ventajas que les llevan los europeos a los latinoamericanos aludía precisamente a los déficit que la región mantiene en áreas como educación o inversión en I+D (investigación y desarrollo), con un mensaje implícito para los visitantes: “Cálmense un poquito; tampoco es cuestión de vender humo ni de sacar demasiado pecho”.