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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáEstoy seguro de que la casi totalidad de los uruguayos no estamos de acuerdo con el cambio del huso horario a partir del segundo domingo de octubre, tal como se viene repitiendo hasta ahora, desde hace varios años.
Apelo a la posibilidad de que el presidente Mujica pueda derogar ese decreto-ley, por el que se adelanta una hora el reloj, pues con ese cambio se altera el ritmo natural de vida de todos nosotros; y cuando digo alterar el ciclo natural me refiero a varios problemas que agregamos artificialmente (no son pocos los que ya tenemos todos) a nuestra vida cotidiana, a saber:
1) desfase de horas de sueño; en la mayoría de las personas el cambio de horario hace que se comience a dormir en la noche más tarde que lo habitual en promedio, aunque deba levantarse a la misma hora de siempre, resintiéndose absolutamente la productividad en el o los trabajos por acumulación de cansancio; de esto tengo ejemplos directos a exhibir.
2) aumento de problemas estomacales por retraso de la hora de cenar (en diciembre y enero a las 21 h es de día y nadie cena con el sol pegando en la copa de los árboles) al juntarlo peligrosamente con el horario de descanso nocturno; si mezclamos este punto con el anterior la combinación es explosiva.
3) dinámicas familiares de convivencia que se resienten, sobre todo cuando hay niños pequeños, pues naturalmente estos no tienen la adaptación social de los adultos y las tensiones de desfase intrafamiliares de horario se multiplican.
4) la gente que trabaja en el campo en general no toma nota de estos cambios (fuera de los trámites obligatorios en el Estado), porque hacerlo va contra su orden natural de trabajo, y si somos como en realidad somos un país que depende tanto del agro, no estaría de más atender las razones de tanta gente, para no complicarles más la vida.
5) para los que nos levantamos temprano y trabajamos buena parte del día, se agrega un esfuerzo adicional sicológico alargando las horas de luz; hoy el aspecto sicológico de la salud mental empieza a considerarse como trascendente en la vida de los trabajadores, por lo que alguien debería medir este impacto, por lo menos a este nivel.
6) cuando el horario vuelve a la normalidad en marzo, las sombras llegan más rápido de un día para otro y seguramente los casos de depresión se multiplican en forma importante por el efecto comprobado que la falta de luz genera en la gente al no tener por lo menos un período de acostumbramiento.
Todo lo anterior es una molestia personal para cada uno de nosotros, pero si lo miramos a nivel de productividad laboral del país, no tengo dudas de que hay pérdidas importantes; pérdidas mucho mayores a los 6 millones de dólares que el Estado dice ahorrar o ganar a lo largo de una temporada por el cambio de horario.
Lo del principio; alguien podría transmitirle al presidente que solamente con su voluntad alcanzaría para cambiar este extraño estado del tiempo alternativo que vivimos todos los años.
Por favor, presidente: Ud. puede devolvernos la posibilidad de transitar una primavera y un verano con horarios normales, y volver a ser como antes.
Luis Fornio
CI 1.442.479-5