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    El ajuste fiscal (II)

     Sr. Director: 

    Aumento de impuestos. En el desarrollo de mi carrera universitaria se dictaba un curso de Economía Política, a cargo de destacados economistas, como materia no esencial a la carrera misma sino para contribuir a la cultura general del futuro profesional.

    Alguien definió la cultura como “aquello que uno se acuerda después de que se olvidó todo lo que aprendió”. Pues de esos cursos lo que recuerdo es que la economía es la ciencia de la realidad, esta es la única verdad y la verdad, al contrario de lo que sostenía Hegel, es objetiva; y que en los momentos de crisis, recesión —o desaceleración como le llaman ahora— lo que corresponde es disminuir la carga fiscal para no incrementar la recesión a fin de mantener o aumentar los ingresos fiscales (que disminuyen realmente a pesar del aumento nominal), el consumo y la inversión y evitar el desempleo.

    Al momento económico que vive nuestro país se llega por desconocer la realidad después de una período de bonanza donde no se tuvo lo precaución del blindaje (creo que en economía se llama política anti cíclica) para los períodos de menos bonanza. Pero, además, se incrementa la carga fiscal.

    Al incremento fiscal de los pasados meses a través de las tarifas públicas, de la forma de calcular el IRAE y la extensión a los bienes rurales del Impuesto de Primaria, ahora se proyecta incrementar el IRPF a las personas físicas y el IASS. El sueldo o salario por actividad personal y las pasividades no son rentas ni ganancias; es simplemente un ingreso que el que lo obtiene lo usa para gastar en el sustento propio y de su familia. Se quiere edulcorar el fundamento de los mismos diciendo: “que pague más el que tiene más”, lo que no es cierto; tanto el que gana menos como el que gana más, al gastar lo que gana, ya paga un gran impuesto al comprar los productos, que es el IVA, una especie de impuesto a la renta al revés: se paga cuando se gasta la supuesta renta, impuesto rebajado en 2% —no me explico por qué la rebaja no se establece lisa y llanamente y no a través de las tarjetas (a la que no todos tienen acceso) como si no existieran otros mecanismos para controlar la evasión.

    Además, en determinados comercios (restaurantes) la rebaja es de hasta el 9%, pero no es universal porque a esos comercio no acceden los que ganan menos.

    El activo que gana más lo hace porque tiene trabajo calificado, de responsabilidad para el que está  mejor capacitado; el pasivo que gana más es simplemente porque en su momento aportó más en monto y años de trabajo y lo que se le está gravando —con un efecto retroactivo de hasta más de 40 años— son los aportes que hizo en su momento.

    ¿No será el momento de que el gobierno a pesar de la mayoría parlamentaria absoluta, concierte con la oposición una gran política de Estado a fin de disminuir el déficit provocado por un gasto mayor que el ingreso, cortando donde hay que cortar?

    ¡Y si habrá donde cortar! Salvo en educación, salud, seguridad y justicia, se debería empezar por los empleados públicos, los de confianza, parlamentarios, funcionarios de gobierno, tanto de la Administración Central, bancos oficiales, entes y empresas públicas, y hasta donde la autonomía lo permita municipios, disminuirlos y cerrar su ingreso, todos privilegiados frente a los privados porque trabajan 6 horas y los que lo hacen 8 tienen su diferencia presupuestal, tienen los sábados y feriados, el derecho a enfermarse y no concurrir concediéndoseles días (me dijeron que existe algo que se llama “presentismo” que es una prima por concurrir a trabajar; si es así, ¿por qué se les paga entonces el sueldo si por ir a trabajar tienen una prima?). Tendrían que tener solamente el sueldo, el aguinaldo y los asalariados el salario vacacional; cortar los gastos por obras faraónicas tal vez algunas para vanidad de algún jerarca, empresas colaterales de empresas públicas, auspicios artísticos que no son su objeto, gastos de propaganda inútil de un monopolio, sobreprecios, considerar si corresponde refinar combustible o importarlo refinado y facultar a los grandes grupos (transportistas, taximetristas, transporte colectivo) para  importar directamente los refinados, terminar con financiar empresas fundidas a través del Fondes o de la Corporación poniendo dinero que es muy difícil o imposible recuperar, rever los llamados “gastos sociales” para cortar donde se deba y pueda cortar y especialmente concertar la forma de financiar el Fonasa a fin de disminuir el déficit y mejorar los servicios que da la sensación que empeoraron desde que se estableció el sistema, si el centro de acompañamiento es sustentable y financiable, etc.

    Es una política de Estado, no de un gobierno y menos de un partido de gobierno; no estamos en un régimen de dictadura de partido —aunque a veces lo parezca— sino en un régimen democrático y republicano.

    ¿Será tan difícil que todos los grupos parlamentarios concierten para que por lo menos el contribuyente tenga la sensación de que algo de lo que paga luce? El dinero recaudado y el dinero que se gasta y mal gasta es del fisco, el fisco somos todos, no es de los gobernantes, es del contribuyente y el dinero ajeno es sagrado. Por lo tanto, debe ser cuidado mejor que el dinero propio.

    El señor Tomás Linn, en un artículo de hace unos años, calificó muy acertadamente como “nabos de siempre” a los que soportamos las cargas fiscales en general y cumplimos nuestras obligaciones sin tener ni esperar retorno; yo me considero un “nabo de siempre” y la mayor característica que tenemos los así calificados es que estamos dotados de una gran paciencia.

    Pues al poder político todo, al gobierno y a la oposición, les digo con Cicerón: “¿hasta cuándo Catilina abusará de nuestra paciencia?”.

    Miguel Angel Estevez