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    El “caso Sendic”

    Sr. Director:

    Sendic no es la “causa Ancap”. En la edición del semanario, correspondiente al 12 de abril del corriente año y en la sección Cartas al Director, bajo el título El “caso Sendic”, el firmante de la misiva alude “tenuemente” a mi persona, aduciendo en afirmación (y sin matices) de ser (o con Raúl Sendic) el artero de una falacia.

    La afirmación (no sé si provino de Raúl Sendic o de sus abogados y en tal caso no seguramente del Dr. Durán) es arteramente falaz”.

    Cabe destacar que quien suscribe estas líneas ejerce la defensa del Sr. Raúl Sendic Rodriguez, en forma conjunta con el Dr. Ignacio Durán, no existiendo por tanto más defensores de Sendic en esta causa judicial.

    Por lo tanto, la referencia hacia mi persona es directa, inequívoca y fue realizada sin otro destino que lograr la identificación de mi persona en el ejercicio de la defensa del señor ex vicepresidente de la República.

    Así las cosas, para esclarecer debidamente el tema planteado, que hace a una causa judicial que se encuentra en pleno proceso presumarial, y para salvaguardar la honra y reputación profesional, es que recurrimos a este medio de comunicación periodístico por haber sido por el cual el escribiente remitió su carta.

    Conocedores de la seriedad, dilatada trayectoria periodística y al amparo de lo establecido en el art. 8 bis) de la Ley Nº 16.099, vengo a ejercer mi legítimo derecho de respuesta, solicitándole la publicación del mismo, sin comentarios ni apostillas y con análogo destaque a la nota referida ut-supra, y en la inmediata edición de este semanario.

    En nuestro país rige, por suerte, un sistema democrático y republicano de gobierno, por el cual dentro de las más absolutas libertades existe la libertad de trabajo, por ende a ejercer el mismo en toda su dimensión.

    La nota escrita y dirigida a este medio de comunicación por el emisor de la misma no hace más que poner en tela de juicio la honestidad personal, intelectual y profesional de este trabajador del Derecho, como así también la de la Señora Jueza de la “causa Ancap”, Dra. Beatriz Larrieu.

    En efecto, el redactor de la epístola dirigida a Cartas al Director expresa, entre otras, que “La Sra. Jueza prejuzgó”.

    Al decir del mismo, sostiene y así lo escribió, en directa referencia a la audiencia de alegatos realizada en el Juzgado Especializado en Crimen Organizado de 1er. Turno, bajo la dirección de la Sra. Jueza Dra. Larrieu y con presencia del Sr. fiscal letrado especializado en Crimen Organizado, Dr. Luis Pacheco, que:

    Lo vivido ayer linda con lo ridículo”.

    Más allá de entender que dichas expresiones lesionan de manera insoslayable el honor y el decoro de los referidos magistrados, las mismas continúan con una suerte de mentiras, verdades a medias, afirmaciones falsas y erróneas, que no buscan otro fin más que llevar desconcierto y versiones inexactas a la población lectora de este semanario.

    En efecto, el redactor de la carta expuso categóricamente en otro párrafo de la misma:

    El juzgado y el fiscal ya probaron que Sendic incurrió en el delito de peculado”.

    Y esto no es cierto.

    No hay una resolución, ni un fallo anticipado, ni una sentencia dictada por “el Juzgado” en la cual se exprese, como falazmente lo afirma el emisor de la carta, que se ha probado que nuestro defendido Raúl Sendic ha incurrido en el delito de peculado mencionado.

    Esto es absolutamente falso, no es lo que ocurrió ni en la audiencia de referencia ni el proceso judicial que tiene a nuestro defendido como uno más de los indagados en la “causa Ancap”.

    Por lo tanto, no es cierto ni se ajusta a la verdad lo escrito y publicado por este medio en las páginas 43 y 43 vuelta de la edición del día jueves 12 de abril del corriente año, en la sección Cartas al Director.

    En su derrotero de expresiones agraviantes, la carta tiende a posicionar la opinión del escribiente frente a la realidad jurídica de la “causa Ancap”, argumentando para ello con una versión distorsionada y falaz, en la que involucra a un profesional del Derecho, a un juez letrado y a un fiscal nacional, en acciones o actitudes que nada tienen que ver con la realidad de los hechos.

    La única verdad es la que surge del expediente judicial, y en el voluminoso expediente que se tramita la “causa Ancap”, no existe prueba alguna de que “El juzgado y el fiscal ya probaron que Sendic incurrió en el delito de desacato” y mucho menos aún que, como lo afirmó el escribiente de la nota, “La Sra. Jueza prejuzgó” en esta causa judicial.

    Esta afirmación es gravísima. Pues sostener y afirmar esta conducta de prejuzgamiento por parte de la magistrada, implicaría que de ser cierto estaría violando el principio de imparcialidad, principio fundamental y básico en todo accionar de un magistrado.

    Todo esto es mentira del escribiente y redactor de la Carta al Director publicada el jueves 12 en la edición de este semanario.

    Finalmente, y como corolario de este “collar” de afirmaciones inexactas e injuriosas, el escribiente remata la carta afirmando:

    En fin, no poseo la verdad iluminada, pero creo que una vez más Sendic y uno de sus defensores le toman el pelo a la población”.

    El firmante de la nota es el Dr. Pablo Correa Calcagno.

    Por una cuestión de elemental respeto al trabajo, tanto de la Sra. Jueza como del Sr. Fiscal, este profesional no emitirá opinión sobre los temas “internos” que hacen a la causa judicial y que llevan adelante los referidos magistrados, como así tampoco emitirá opinión sobre los hechos afirmados como ciertos (y que no lo son) por el escribiente Dr. Pablo Correa Calcagno, signatario de la misiva que publica este semanario en sus páginas 43 y 43 vuelta del jueves 12 de abril del corriente año.

    Sí queremos dejar constancia de los agravios recibidos, que no hacen más que demostrar la personalidad de quien los expuso.

    El suscrito, profesional del Derecho, entiende que en el ejercicio de la profesión de abogado, todo aquel que se precie de tal debe cumplir con los “mandamientos” esgrimidos en el Decálogo del Abogado que nos legara el maestro Coutoure en la histórica conferencia del año 1949 en el Colegio de Abogados de Buenos Aires, y al cual todos los profesionales del Derecho deberíamos seguir.

    Al hacer mención a esto basta recordar las palabras esgrimidas por el profesor Nelson Pilosof, en este sentido:

    En una hora en que las bocas proclaman principios y las conductas los desvirtúan; en un mundo en que se exigen derechos, pero se rehúsa asumir responsabilidades; en una sociedad en la que hay oídos para el halago, pero no para la réplica, Couture nos habla de tolerancia, libertad, misericordia y amor. Es que su postura ante el mundo y ante los hombres fue semejante a la del profeta. Habló con el lenguaje firme y expresivo de la conducta, por temor a que el silencio de las palabras pudiera diluirse. No exhortó: reclamó con amor el cumplimiento de los máximos postulados en los que creyó y por los que brindó bondadoso lo mejor de sus afanes”.

    Este decálogo, entre otros enunciados, expresa:

    Sé leal. Leal como tu cliente, al que no puedes abandonar hasta que comprendas que es indigno de ti. Leal para con el adversario, aun cuando él sea desleal contigo. Leal para con el Juez, que ignora los hechos y debe confiar en lo que tú le dices y que, en cuanto al Derecho, alguna que otra vez debe confiar en el que tú le invocas”.

    Compartimos plenamente estos postulados, que no son más que aquellos que asumimos respetar cuando prestamos nuestro juramento ante la Suprema Corte de Justicia, hace ya más de 20 años.

    Hoy, con casi medio siglo de vida, este profesional del Derecho no puede, ni debe permitir, que otros, en aras de vaya saber uno qué circunstancia, escriba o remita una nota a un medio de comunicación masivo, como seguro lo es este semanario, con un figurado de verdades a medias, mentiras y agravios.

    Sepa la población que atrás de este profesional del Derecho, hay una familia, una esposa, padres e hijos, a los cuales debe preservar y contener ante los ataques de quienes no buscan otro camino que el del agravio.

    No ofende quien quiere sino quien puede.

    Por ello entiendo que aquellos “mandamientos” son todos y cada uno de aplicación diaria y de permanente vigencia durante la vida del abogado que ame esta profesión y que, según el último de dichos preceptos, la considere “de tal manera que el día en que tu hijo te pida consejo sobre su destino, consideres un honor para ti proponerle que sea abogado”.

    El autor de dicha carta a este semanario no resulta ser ni más ni menos que el expulsado letrado de una audiencia en esta misma causa por la Dra. Larrieu, por la más sorprendente y absoluta falta de respeto ante la sede.

    Es el mismo que el Partido Nacional, denunciante en la “causa Ancap”, desistiera de su patrocinio y lo sustituyera por otro colega, quien con sumo respeto y humildad asumiera el patrocinio letrado de ese conglomerado político.

    Y finalmente, cabe destacar a la población que el escribiente de la nota referida resulta ser el mismo sobre el cual pesa una denuncia penal, la que se encuentra en plena etapa indagatoria presumarial, en su contra, por un Delito de Amenazas (art. 290 del Código Penal) contra este profesional del Derecho.

    Como decía el escritor Fernando Ríos, “para escuchar las burlas del gusano, no detienen las águilas su vuelo”.

    Dr. Gumer Pérez Figueroa