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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáRoballo vs. Sturla. Las declaraciones realizadas por el prosecretario de la Presidencia, Juan Andrés Roballo, en respuesta a un documento de la Iglesia católica, han provocado reacciones ríspidas.
En primer lugar, dada la libertad en la que por suerte vivimos en el Uruguay, la Iglesia u otra institución público/privada puede emitir sus opiniones sin tener que recibir ni la condena ni la aprobación de las mismas por parte del Ejecutivo. Aunque en este caso parecen ser conclusiones personales, el Sr. Roballo posee una investidura que lo obliga a ser muy cauteloso a la hora de declarar.
Se equivoca el prosecretario al decir cuáles son los “señalamientos legítimos” de la Iglesia e inmediatamente atribuirle propósitos políticos. La Iglesia, a través de sus obispos, ha dado un diagnóstico en procura de mejorar algunos inconvenientes que muchos uruguayos ven en nuestra sociedad.
Nadie duda de la disminución de la pobreza y la indigencia en Uruguay, llegando a números muy inferiores a los del siglo pasado, y así lo manifiesta el documento presentado por los obispos. Pero tampoco nadie debería dudar de que existe una fragmentación social muchas veces impulsada por actores políticos y/o sindicales. Hace ya bastante tiempo que parece que estamos divididos entre los malos y los buenos. Los malos son los que necesitan que los buenos se solidaricen con ellos con ayudas económicas; los malos son los que viven en asentamientos o en la periferia y los buenos son los que viven en viviendas más dignas y con mayores servicios; los malos se asisten en hospitales y los buenos van al mutualismo privado; los malos van a la escuela pública y los buenos a la privada y así podríamos seguir dando ejemplos. Estas divisiones las promueven las políticas que se aplican desde el gobierno, pues cada vez que pretende igualar lo hace hacia abajo. Si algún plan de vivienda viene de la oposición se rechaza y desde el gobierno nada se hace, si hay escuelas privadas con excelentes resultados no se imitan, por el contrario, se pretende eliminarlas; si se pretende mejorar la salud con incorporaciones de tecnología se prohíben si no pasan por hospitales. En definitiva, cuando algo pretende mejorar a todos, desde el gobierno se limita.
¿Y cuál es la motivación que le queda a la gente para mejorar su situación si los que progresan deben compartir y los que nada hacen son compartidos?
Es innegable que se han aplicado políticas sociales que han beneficiado a muchos que lo necesitaban, pero también es cierto que no hay un retorno ni un avance en muchas de esas personas. No lo hacen por sí mismos y fundamentalmente por no realizar una inclusión verdadera. Los dejamos a mitad del progreso pues eso ocasionará un rédito electoral: la izquierda es la única que los atiende.
El prosecretario alude al ingreso per cápita de nuestro país como el más alto de América Latina y se olvida de a cuántas cosas tenemos acceso con ese ingreso. Seguramente, a menos productos que nuestros vecinos.
Roballo compara el título del documento con un eslogan politico: “Tender puentes”. Si él practica la religión católica bien debería saber que pontífice es el constructor de puentes; por lo tanto, quienes usaron ese eslogan lo tomaron del catolicismo y no al revés.
Si tantos católicos lo llamaron para manifestarse de acuerdo con él, debería ver si todos los que no lo llamaron, y son los más, no están de acuerdo con los obispos.
Sergio Barrenechea
CI: 1.978.723-5