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    El uso “no racional” de productos veterinarios, como el etión, puede traer “muchos problemas” a las exportaciones de carne en los mercados, advirtió el director de Servicios Ganaderos

    En julio de 1968 empezó a trabajar en la unidad de combate contra la fiebre aftosa del Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca (MGAP). Luego de 48 años en esa Secretaría de Estado, el actual director de Servicios Ganaderos, Francisco Muzio, está en trámites para jubilarse.

    La crisis aftósica del año 2001 caló hondo tanto entre los veterinarios oficiales como en los productores ganaderos. Sin dejar de mantener los controles sanitarios requeridos, Muzio se muestra confiado en que la región pueda avanzar en un proceso hacia el estatus de libre de aftosa sin vacunación para el 2020.

    Cuando en 2010 le tocó hacer las primeras gestiones para lograr la autorización de Corea del Sur a efectos de exportar carne uruguaya, ese país asiático tenía el estatus de nación libre de fiebre aftosa sin vacunación. Seis años después, Uruguay está habilitado a venderles carne a los coreanos pero ellos perdieron aquella condición sanitaria y vienen al país a buscar cooperación para combatir esa enfermedad, informó Muzio a Campo.

    Respecto a los contenedores rechazados por Estados Unidos al detectar residuos de etión, el titular de Servicios Ganaderos advirtió que “en el futuro las barreras comerciales estarán más vinculadas a ese tipo de situaciones”. Cuando los productores hacen un “uso no racional de específicos veterinarios”, como el garrapaticida etión, eso “puede traer muchos problemas”, enfatizó.

    Destacó la necesidad del “patrullaje fronterizo” con apoyo militar en las barreras sanitarias por problemas “acuciantes” de muermo, que afecta a equinos, y la enfermedad HLB, que impacta sobre los cítricos (ver recuadro).

    Muzio defendió las campañas del gobierno contra la garrapata y la brucelosis, cuya efectividad es cuestionada por la Federación Rural.

    A continuación, un resumen de una entrevista que Muzio mantuvo con Campo.

    —¿Cuál es la situación sanitaria de la ganadería uruguaya? La Federación Rural cuestiona las campañas gubernamentales de combate contra la garrapata y la brucelosis. ¿Usted qué dice?

    —Este año participamos en el congreso de la Federación Rural y nos reunimos con unos 12 representantes de las comisiones departamentales de salud animal. Ahí, uno de los temas que se manejaron fue la campaña contra la brucelosis, en que, para satisfacción de todos los actores, puedo decir que marchamos satisfactoriamente. Los indicadores muestran una baja en la prevalencia de esa enfermedad. En la prevalencia por predio es de 1% y con tendencia a la baja. Este año, en un semestre, tuvimos 31 focos nuevos pero la expectativa sería de que bajaríamos bastante en comparación con años anteriores. En 2015 hubo 99 casos. Considerando las pérdidas por problemas de salud y de horas trabajadas, uno de los indicadores más valorables es que de los últimos cinco años, en tres no se registraron casos de personas afectadas. La prevalencia en vacunos es tan baja que para detectar focos nuevos necesitamos 18.000 serologías cuando en 2005, al inicio de la campaña, era 10 veces menos para identificarlos. De todos modos, el esfuerzo tiene que seguir porque estamos eliminando una zoonosis. Un censo de la Sociedad de Medicina Veterinaria detectó en 2010 que los veterinarios de 60 años y más tenían 14% de positividad respecto a la brucelosis. Ahora, en los veterinarios de 30 años, no llega ni a 1%. Es verdad que el planteamiento de la Federación Rural era vacunar porque era más económico y práctico que el sangrado. La propuesta de ellos en el sentido de vacunar las terneras durante cinco años implica un sistema obligatorio que es difícil de instalar y de controlar. La vacuna está liberalizada y hemos detectado muy pocos productores con la necesidad de vacunar, porque no sienten el riesgo de la enfermedad. En cambio, sí se mantuvo la vacunación obligatoria en la zona baja de Rocha y de Treinta y Tres, porque hay condiciones diferentes para la proliferación de la brucella.

    —¿Y los cuestionamientos a la campaña de combate contra la garrapata?

    En cuanto a los casos de garrapata, el clima caluroso y húmedo del año pasado favoreció la proliferación de esa enfermedad, principalmente en el norte del territorio. Es cierto que hubo un aumento sensible de la población de garrapata. En regiones de Uruguay, Argentina y Brasil hay una resistencia o pérdida de sensibilidad a ciertos productos químicos de los que existen en el mercado hoy en día para controlarla.

    ¿Eso influyó en el problema del etión en los embarques de carne detectados en Estados Unidos?

    —Querer solucionar un problema de persistencia de la garrapata con tratamientos más seguidos y con el mismo producto trajo como consecuencia que hubiera mayor propensión a que se puedan detectar residuos de pesticidas o garrapaticidas. A veces, como un producto no les está dando tanto resultado, los productores van a la veterinaria y consultan cuál sería el aconsejado, pero no con un uso racional del específico veterinario y eso puede traer muchos problemas. La mayor resistencia de los microbianos (antibióticos) va a cobrar cada vez más importancia para la salud de la población humana, pero también para un país exportador de carne, como Uruguay, esas cosas tendrán más importancia. El problema del etión fue una baja del registro de Estados Unidos, pero no por residuos de medicamentos puesto que en Uruguay, cuando se encontró un problema, siempre estuvo por debajo del límite admitido. Al producto lo bajaron del registro norteamericano por el impacto ambiental de la manipulación para el operador, pero no por el riesgo para la salud del residuo en la carne. Al bajarlo del registro, cualquier traza es suficiente para un rechazo del contenedor. Nadie debe pensar que estábamos consumiendo productos que no son aptos para su consumo.

    En cualquier caso, ¿de quién fue la responsabilidad de comunicar esa decisión de Estados Unidos dentro de Uruguay para que los productores puedan adecuarse? Porque en el sector privado acusan al Ministerio de Ganadería de no haberlo informado en tiempo y forma.

    Son miles y miles las comunicaciones a la Organización Mundial del Comercio cuando hay cambios en las regulaciones. Ahora, en la interna del MGAP, ya hay un seguimiento cada vez mayor. Lo que tenemos es un Plan de Residuos Biológicos que anualmente presentamos a los principales mercados como la Unión Europa, Estados Unidos y otros. No habíamos tenido observaciones. Ahí decíamos cuál era el límite que teníamos de etión. Este es un tema que si tiene algo bien positivo es que va a hacer que todos los actores del sector tengan mayor conciencia de lo que significa un residuo, no solo de etión. Y que eso tiene que ser cada vez más cuidado, porque en el futuro las barreras comerciales estarán más vinculadas a esos temas.

    —¿Hay otros casos similares de productos prohibidos detectados en mercados cárnicos?

    Hubo uno de diazinon pero que no fue tomado como una violación sino como un hallazgo. No fue el mismo caso que el etión.

    —Pero el sistema de alerta rápida para alimentos de la Unión Europea detectó la presencia de shigatoxina, productora de la bacteria escherichia coli, en partidas de carne bovina uruguaya. ¿Qué ocurrió después de eso?

    Eso no tuvo consecuencias porque el tema está planteado hace varios años y se trabajó en conjunto con países de la región. La cuestión es que, en el fondo, la Unión Europea no llegó a acordar una decisión. Esto comenzó hace unos años con un problema surgido en Alemania por un vegetal procedente de España. Eso trajo como consecuencia que en algunos puertos de determinados países europeos hubiera una exigencia para que no se detectara la shigatoxina pero nunca estaba probado si era realmente patógena. Se trataba de organismos potencialmente formadores de shigatoxina, pero no estaba probado (en lo que puede detectarse en un embarque) si eso era o no patógeno y faltaban otros elementos. Entonces, los países de la región, mediante el Comité Veterinario Permanente, hicieron gestiones porque hubo rechazos de productos sin una base científica. Con el tiempo, logramos que eso cambiara. El argumento era por qué actuaban de determinada manera con las exportaciones de la región si no se tenía el mismo criterio para los productos procedentes de países del bloque europeo. No se ponían de acuerdo porque científicamente no cerraba.

    —¿Cuáles fueron los resultados de las recientes auditorías sanitarias de Corea del Sur?

    La primera fue sobre cuatro plantas frigoríficas exportadoras y hubo conformidad, según los comentarios preliminares. En los últimos tiempos, hubo una tendencia a aumentar las exportaciones de carne vacuna a Corea. Y la segunda misión está vinculada a la intención de las autoridades sanitarias coreanas de conocer la experiencia de Uruguay respecto al control de la fiebre aftosa. Corea, después de tener el estatus de país libre sin vacunación durante varios años, tuvo un importante retroceso luego de una epidemia fuerte en 2010. En el 2014, cuando ese país retomó la condición de libre de aftosa pero con vacunación, en setiembre se presentó otro foco y hoy tiene ese estatus suspendido. Por eso quieren saber cómo hizo Uruguay para mantener su condición de nación libre de esa enfermedad con vacunación desde mayo del 2003. Se trata de cooperación técnica. Con la experiencia que han tenido y la situación (sanitaria) de Asia van a intentar alcanzar un estatus libre con vacunación. Esto demuestra la confiabilidad que hay en Uruguay, en los servicios veterinarios oficiales, en los privados que actúan acreditados y en los productores. Porque no sería posible si no tomaran las cosas en serio y no se trabajara en forma coordinada. En eso hay una diferencia con Corea, porque ese país tiene tres millones de bovinos y 10 millones de cerdos. Antes exportaban carne de cerdo pero ahora abastecen al mercado interno, que tiene 50 millones de consumidores. El cerdo, como especie, tiene un comportamiento epidemiológico distinto al bovino. La conclusión es que tener esa cantidad de suinos y 120.000 productores es un problema fuerte para el combate de la aftosa. En Corea no hay una participación privada, como existe en Uruguay, con fondos y comisiones integradas por productores.

    —¿Cree que el sector privado valora la gestión sanitaria oficial para lograr el acceso de las exportaciones de carne uruguaya a los mercados del exterior?

    —Cuando asumí el cargo de director de Servicios Ganaderos, en 2005, había unos 85 mercados habilitados para el ingreso de carne. Hoy hay 130. El objetivo ha sido posicionar la carne de Uruguay en la mayor cantidad de mercados y en los mejores, en el entendido de que con el saldo exportable del país hay que poner los huevos en distintas canastas. Antes, la dependencia era de los mercados del Nafta (Estados Unidos, México y Canadá) y ahora casi 50% de las exportaciones de carne van a China.

    —¿Eso no configura un riesgo?

    —Lo que pasa es que China es como si fuera un continente y no un país.

    —Precisamente: si hay algún problema grave puede cerrar todo el mercado.

    —Está bien. Pero no podemos comparar un mercado potencial como China, que cada vez consume más carne y tiene más interés en comprar alimentos, con otros países que circunstancialmente disminuyeron su producción y por eso importaron carne. China nunca será autosuficiente. De todas maneras, me parece muy sabio y atinado tener varios mercados porque las contingencias arancelarias o de otra índole pueden hacer que un mercado que hoy es muy bueno, mañana no lo sea. Uruguay tiene prestigio en el mundo y no solo en lo sanitario, sino también como país cumplidor. El sector privado siempre demanda nuevos mercados, pero lo hace como nichos: tal destino para tal producto. Ahora estamos con el ingreso de carne ovina con hueso a Estados Unidos, que fue un objetivo señalado en Inac porque era como un tabú que no podíamos exportar carne con hueso a mercados importantes. Hoy estamos en vísperas de entrar para carne procedente de compartimentos ovinos. Los cortes más preciados de carne ovina son los que tienen hueso, mientras que en la carne bovina son los desosados. El hueso es más una rémora que una ventaja.

    —¿El MGAP está analizando limitar la faena de vacas preñadas, considerando que son las máquinas de reproducción del ganado?

    —Entre 2006 y 2007 hubo una faena elevada de bovinos de carne con preñez porque el productor percibía en ese momento que si no se desprendía del ganado iba a pasar dificultades debido a la sequía grande que existía. Incluso en esos años llegó al máximo de extracción: 23%. Afortunadamente, el stock vacuno se fue recomponiendo. En este momento no se están evaluando ese tipo de medidas.