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    Elecciones universitarias

    Sr. Director:

    La Universidad de la República y su accionar. Vistos los resultados de las elecciones universitarias, se confirman hechos coincidentes, comprobando la necesidad de cambios en el gobierno de los intereses universitarios.

    Las abultadas cifras de votos anulados y en blanco confirman esta veracidad: unos pocos nos gobiernan. Hecho que se reitera en el tiempo, sin resultado positivo alguno para los fines académicos esperados.

    Se priva de la difusión necesaria y explicativa de la realidad al pueblo por entrar en terreno minado, donde lo político partidario supera por lejos los reales fines de la Universidad de la República, aplastando sin miramientos los pilares básicos de la no intromisión política en dicho ámbito, primera premisa reducida al silencio y secretismo concomitante.

    El sistema está agotado, no hay interés por el mismo. No se puede participar y sólo vemos intercambiar fichas del mismo signo. Sumado a los manejos conocidos, intestinos, para seguir en el poder sin dejar hacer. Allí, quienes no son fieles y adictos defensores del sistema, se cansan de carecer de medios para participar en el “sistema”. Es la incubadora del político universitario, individuos desconocidos para la población. Nacidos en el ambiente de barricada, sin trayectoria ni deseo de estudios ni académicos, anida en los terrenos que invade. No entendiéndose cómo se sustenta un eterno “estudiante” o mero graduado sin desarrollo más que de “dirigente” o “delegado” como única cucarda. Nutrido por sus similares que mascullan y sueñan con un mundo donde caciques son todos. Allá donde nadie progresa.

    Es difícil que personas destacadas por sus méritos académicos se presten u osen actuar en estos espacios. Las razones están en que la maquinaria se abastece de los fracasados que pululan en dicho medio: ese es el deseo, estar entre sus iguales que soportan cualquier cosa para posiblemente trepar. No es un territorio académico sino un club político. Así se mantiene el sistema: si no se pertenece al “gremio” y no se aceptan sin chistar los designios, está signado su destino. No se puede progresar en dicho medio.

    Observemos quiénes son los que acceden a ese poder: los que militan y persisten en seguir la huella, pero sin salir de ella. Se valoriza del candidato su afiliación y acato. Los llamados méritos académicos lejos están de valorar los logros obtenidos por el participante en crecer en el conocimiento, formación y aplicación de lo logrado. Donde una llamada telefónica o un cuchicheo son más valiosos para un tribunal que años de estudio. Destacarse dentro de este ambiente es más bien visto como un peligro para el sistema porque esa persona puede pensar por sí.

    Quienes aspiren a la “carrera universitaria” deben saber callar sus ideales y evitar sobresalir. Hay que saber esperar y soportar los designios que no se apoyan en el real saber y entender sino ser parte de ese “sistema”.

    La secuela: la enorme deserción y los costos resultantes para el país que los paga.

    La falta de crecimiento académico formativo, de investigación, creatividad; de obtener mejores y más temprano adecuados profesionales que quieran avanzar para progreso académico propio y de la nación, se debe a que se les vacuna desde el inicio con el germen que lleva inscrito “en el Uruguay no se puede hacer, sino seguir la huella”.

    Es decir, hay un descreimiento básico, sin futuro, más allá de lo que vemos a nuestro alrededor: todos los días son grises, iguales, no se vislumbra el sol. Está prohibido pensar.

    Los que realmente progresan en el país son quienes rompieron las barreras…y se fueron de ese medio. Y sin contar con el apoyo universitario porque si no se es adepto al sistema, la barrera es infranqueable.

    Por lo tanto, hay que proponerse que esto debe cambiar, que el pueblo debe saber la verdad y que el futuro es otro y no el que nos venden con el “aquí no se puede”.

    Es más bien una necesidad básica que precisa la nación que mantiene este teatro. Necesitamos de nuevas direcciones, de nuevas personas, de acatar los principios básicos para los que fue creada la Universidad. Abramos la puerta a la competencia y terminemos con el reino y su feudo. Ya que no es plata sino cabeza lo que falta. Dejen pensar libremente; hay futuro en Uruguay.

    Nadie está exento de responsabilidad. El pueblo por dejar hacer con los dineros que se aportan y que nunca alcanzan, sin resultados positivos para esa masa estudiantil que quiere y necesita aprender, pensar, desarrollarse, crearse un futuro y no ser una pieza más del sistema. Los políticos por dejar hacer y medir el costo de enfrentar una grave situación y aceptan el continuismo. Los universitarios por dejar que quien nos formó, la Universidad, sea un antro donde el crecer no existe y no devolvamos lo que le debemos al país. Porque, además, se enseña a ser mezquinos y no vemos más que intereses individuales o a la espera de beneficios que nos lleguen de arriba sin trabajo; porque el esfuerzo de pensar y el deseo de crecer lo quitaron y fue aplastado sin más. El secreto, las voces bajas, las actividades por debajo de la mesa, amenazas veladas, son materia corriente, parte del mecanismo.

    En suma, concluyo y agrego: hay miedo al sistema que reina porque le quitan esperanza académica a quien piense y no sea dominado. No se avizora forma, al parecer, de vencerlo a sabiendas de que no representan el parecer del pueblo sino son parte de una maquinaria muy bien mantenida por unos pocos. El miedo a ser tildado, al escrache, a perder en el ámbito universitario, político, gubernamental. En el fondo, no somos nadie. Hay que pensar y hacer cumpliendo con las normas y su Constitución, que lo permite, porque el Uruguay tiene el derecho de ir adelante.

    Carlos Sarroca

    Médico Cirujano

    CI 1.790.459-8