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Debe ser difícil para Tabaré Vázquez entender las señales que recibe de la vida en estos días. Por un lado, ganó la batalla personal que define su existencia: un tribunal del Ciadi le dio la razón en el litigio con Philip Morris. Además de que no hay nada más placentero para un individuo que tener razón (a los seres humanos nos gusta más tener razón que tener un tío millonario moribundo con intenciones de dejarnos su fortuna), sentó un precedente judicial y —sobre todo— concretó el anhelo particular de liderazgo indeleble en el terreno de la salud. Será recordado como el hombre de origen humilde y proveniente de un ignoto país que puso de rodillas a la multinacional tabacalera más poderosa del planeta, como el David que le apagó el cigarrillo a Goliat de una pedrada y le señaló el cartelito de “prohibido fumar”; como el adalid de la sanidad que escribió su nombre y profesión en las páginas de la lucha contra la industria capitalista que envenena y mata a sus propios clientes.
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¡Eso es un médico latinoamericano revolucionario! ¡In your face, Che Guevara! ¡¿A quién le ganaste, muerto?! ¡Lleve, Patch Adams! ¡Junte su nariz roja y su flor que tira agua y vuelva a la animación de fiestas infantiles, payaso! ¡Tomala vos/ dámela a mí/ es para la Dra. Queen! Tabaré es el nombre del indio que bajó a patadas del caballo al coboy de Marlboro y orinó adentro de su sombrero (el del coboy), es el médico que les dijo a las mujeres en tanga de los avisos de Casino: “vístanse y vuelvan a sus casas, señoritas, no hay nada para festejar acá, salvo que quieran celebrar el enfisema del señor que cumple dos años”, el gaucho del desierto que domó al camello de Camel y le curó el cáncer de joroba con sus equipos importados de radioterapia y un tomógrafo que justo había en la vuelta.
Algo así estaría pensando yo de mí mismo si fuera él, o se lo estaría diciendo efusivamente si fuera su Esteban Valenti.
Por otro lado, mientras el mundo lo vitorea —o al menos sale su noticia en un cuarto de página 7 de “Le Monde”— y referentes internacionales lo declaran “campeón mundial de la salud” (lo dijo un abogado del bufete al que le pagamos 10 millones de dólares del Estado para que llevaran adelante el juicio; es probable que haya exagerado por la euforia), mientras reparte los 7 millones que acreditan su victoria entre los jubilados más necesitados como si fuera un Robin Hood de la previsión social que le roba el Gevral a los ricos para dárselo a los viejos pobres, se come un paro general del PIT-CNT hoy mismito. Y por si fuera poco, el paro cuenta con el apoyo de sectores de su propio gobierno. Ta, son los bolches y el PVP, tampoco es importante, lo admito, se anula con el título de “campeón mundial de la salud” otorgado por nuestro abogado en el litigio. Pero el punto acá es la sucesión de estímulos contrapuestos: no le dieron ni una semana para disfrutar de su logro internacional y ya le encajan un paro general. Dios envía señales contradictorias a sus hijos terrenales, permanentemente. Parece que se divierte con eso el muy cínico.
El mismo pro-hombre que es capaz de convencer a un tribunal internacional para que falle en contra de los intereses de una corporación poderosa, no consigue que sus ministros salgan con una misma interpretación de lo acordado en la reunión de gabinete sobre la Rendición de Cuentas. Lo que quiere decir, a grandes rasgos, que un poco se cagan en lo que les ordenó el presidente, porque cuando un líder tiene peso y poder todos entienden perfectamente lo que se acuerda en las reuniones.
No hay lógica ninguna en ganarle a Philip Morris y perder con Murro. Es desconcertante; como si a Luis Suárez los ex compañeros de liceo no se la pasaran en un fúbol 5, como si a Drexler en un fogón de La Paloma le pidieran que le dé la guitarra al de al lado para que toque una que sepan todos, como si a Víctor Hugo Morales le hicieran decir la hora y la temperatura en el informativo de Radio Colonia.
Lo están sometiendo a cambios bruscos con resultados opuestos; hay que cuidarlo más. Aviso desde ahora: después, cuando el hombre largue todo y se vaya a pescar, o a dar conferencias por ahí, o a dar conferencias pescando por ahí, cuando deje la banda y asuma Sendic, no quiero escuchar quejas.