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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáHa pasado un mes del inicio de clases en todos los niveles de la educación obligatoria en el país. Afortunadamente no hubo mayores problemas con el famoso tema de la elección de horas en secundaria. Primaria con su habitual característica, logró encausar el inicio de clases con normalidad.
Sabemos que el éxito académico está unido a la asistencia regular de los alumnos a clases. Si la investigación pedagógica cuenta con una evidencia clara y categórica es esa, y no de ahora, sino de los tiempos de nuestro ínclito ciudadano Don Julio Castro, que las inasistencias de los alumnos están ligadas a su fracaso. Sería interesante saber cuáles son las cifras de inasistencias de los alumnos del Ciclo Básico en cada uno de los 270 liceos públicos del país en este primer mes de clase. Este es un asunto donde, para utilizar una expresión futbolera, se debe marcar al hombre, a presión.
Este debería ser uno de los temas de preocupación de la Sra. Directora General de Secundaria. Al retorno de sus merecidas vacaciones reglamentarias, luego del prolongado receso estival, debería ser uno de sus mayores desvelos. ¿Cómo hacer para contar con un sistema en línea y en tiempo real, donde ella pueda apretar un botón en su laptop y saber cuántos alumnos faltaron ese día en el Liceo Bauzá o en el de Artigas? Más sencillo aún, que la directora o director del liceo o escuela técnica apriete una tecla y sepa que en primero C, las inasistencias son demasiado altas y pueda tomar las medidas correctivas necesarias. No debería ser tan complicado. No es un tema de dinero, es un tema de buena gestión. Nada más. No es un tema que requiera la aprobación de ningún sindicato o de una “consulta democrática y participativa”, sino simplemente tener la voluntad de hacerlo.
Nosotros, los ciudadanos de a pie, que financiamos la educación pública, laica, gratuita y obligatoria, nos merecemos que nos informen sobre asuntos trascendentes de la marcha de la educación.
En primaria la estadística es más prolija. Se sabe cuántos alumnos tienen asistencia insuficiente (concurren más de 70 días pero menos de 140) o asistencia intermitente, (concurren como máximo 70 días al año de los 180 estipulados). Se sabe en qué escuelas faltan más los alumnos y en qué departamentos. Pero esta información la sabemos a fin de año, cuando nada se puede hacer para revertir la situación. En realidad, en lugar de diagnóstico, el registro que recibimos es una autopsia. Sería bueno que el Director General hiciera todo lo que está a su alcance para contar con un registro en línea y en tiempo real del asunto de las inasistencias, y obviamente un plan de contingencia.
Al tiempo que controlar las inasistencias de los alumnos, debemos controlar las inasistencias del plantel docente. Si el docente falta mucho, el alumno no aprende, se desmotiva y en el peor de los casos se va del sistema. El profesor o maestro faltador no es un ejemplo para sus estudiantes, no contribuye a formar conciencias, más bien, todo lo contrario. ¿Es tan difícil darse cuenta de esta situación?
La rendición de cuentas (accountability) por parte de los tomadores de decisiones del sector público es un concepto que debe ser internalizado por los actores del sistema público. Estamos hartos de discursetes, ideologías y pamplinas diversas. Llegó la hora de ser serios. Hay que hacer lo que hay que hacer.
Se avecina el envío al Parlamento de la gran herramienta de planificación del gobierno nacional: el Presupuesto general de sueldos, gastos e inversiones. Qué bueno sería que el presupuesto quinquenal fije el objetivo de reducir las inasistencias de los alumnos en un 70% en el quinquenio en toda la educación obligatoria (primaria y ciclo básico). Qué lindo sería que en el caso de secundaria se fijara el objetivo de que en el 2020, todos los establecimientos educativos cuenten con una plantilla estable de profesores de tiempo completo (con lo cual se eliminaría el sempiterno y anacrónico ritual de la elección de horas).
Debemos sacudirnos el paralizante efecto de la autocomplacencia. Hace varias décadas que fuimos buenos en educación; ya no.
Alberto Nagle Cajes
Ph D Educación