N° 1804 - 19 al 25 de Febrero de 2015
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáMe parece bueno reflexionar a través de algunas preguntas. ¿Cómo reaccionaría si durante una audiencia el juez vistiera vaqueros y ojotas? ¿Qué sentiría si, como ha sucedido, algún abogado litigara con aliento alcohólico y la lengua trabada? ¿Y si el del alcohol y la lengua trabada fuera algún juez, como también ha ocurrido? ¿Consideraría normal que los abogados se presentaran en equipo deportivo y chancletas, o que se lo permitieran a sus clientes? ¿Se imagina a un ministro de la Suprema Corte de Justicia jurando de vaqueros, championes y camiseta, o al público con similar indumentaria? ¿Le parece normal que funcionarios o jueces tuiteen indiscriminadamente o a la inversa? ¿Admitiría que una persona asistiera a una audiencia de pijama, aunque tenga decorosamente cubierto el cuerpo? ¿Fueron adecuadas las bermudas, ojotas y camisetas que vistieron los “pobres” jugadores de Nacional y Peñarol cuando comparecieron ante la jueza penal Blanca Rieiro, lo que fue público y notorio?
¿Que algunas interrogantes son rebuscadas? Tal vez, para desafiar la imaginación. Sin embargo he sido testigo de varios de esos casos. Sin límites a la informalidad, el desaseo y la prostitución del trato y el lenguaje, fomentados en los últimos años, el desborde sería incontenible. Y nada tiene que ver la pobreza.
Acierta la Corte en buscar que la degradación de los cambios socioculturales no afecte a los tribunales para “preservar el decoro y la dignidad”. Prohíbe usar en los juzgados pantalones cortos, chancletas, chinelas, pantuflas, camisetas con inscripciones ofensivas, lascivas o discriminatorias. No se podrá ingresar con gorros, sombreros, cascos o prendas que cubran la cabeza o el rostro.
La normativa abarca a magistrados, público y funcionarios. Para los actos protocolares, en la Corte será obligatorio que los hombres asistan con saco, corbata y zapatos de vestir y las mujeres con chaqueta, pollera o pantalón.
No se trata de nostalgia por las decimonónicas levita y galera, ni de usar peluca como en Inglaterra o de que jueces, abogados y fiscales vistan igualitarias togas (lo que no estaría mal), sino de que se adecuen al decoro y la dignidad del tribunal. La Corte lo había intentado. Ahora insiste ampliando lo que estableció en 1999 en la Acordada 7.368. Entonces a nadie se le movió un pelo.
También prohibió el tuteo de un lado y del otro y que los testigos se dirijan al juez sin que los habilite. Solo podrán hacerlo a través de sus abogados. Tomó otra decisión vinculada a la anterior: control de asistencia y salida funcional mediante un sistema biométrico (huella digital). Igual habrá quienes se escapen para hacer trámites personales en la Dirección de Registros o en un segundo trabajo. Claro que sí. Depende de que los mandos ejerzan su función.
Algunos abogados me hicieron llegar comentarios que van desde imputarles a las medidas discriminación, hasta que las prohibiciones no generarán fallos de mejor calidad. ¡Los pobres fallos! Acompasan el derrumbe cultural general incluyendo a los abogados.
¿Discriminación por la indumentaria? Demagogia populachera en su mayor expresión. Los más pobres, “clientes” habituales investigados en los juzgados penales, de familia y menores, suelen vestir bermudas, championes y camisetas de marca que roban o que compran con dinero robado. Los desarrapados son pocos. Siempre habrá excepciones por razones de fuerza mayor o porque alguien fue detenido con esa indumentaria.
¿Qué hacemos para no “discriminar”? ¿Permitimos que detenidos y sus familiares fumen en los juzgados porque están nerviosos? ¿Hacemos la vista gorda a que por carencias culturales algunos tuiteen (y puteen)? ¿Dejamos que funcionarios, actuarios y técnicos lleguen tarde o salgan cuando quieran? ¿Estaría bien que a las personas de bajos recursos no se les exija presentar documentos porque no pueden pagarlos?
A ninguno de los abogados quejosos los he visto presentarse en un juzgado sin indumentaria formal. En todo caso, en verano, sin corbata. Tampoco supe que trampearan las normas del proceso. Y aunque lo justifiquen con “el proceso es ley”, la respuesta es: “esto también lo es y además lo indica el sentido común”.
¿A qué juez, abogado, funcionario, político o periodista se le ocurriría asistir a actos del Poder Legislativo, del Poder Ejecutivo o a conferencias internacionales con ojotas, bermudas y camisetas sin mangas para desafiar las normas de indumentaria?
En una nota de “El País” leí el único argumento razonable en contra. El presidente del Colegio de Abogados del Uruguay (CAU), Eugenio Xavier de Mello, discrepó con la prohibición sobre el uso de equipos informáticos “de cualquier tipo”.
Se debe tener en cuenta que una tableta puede contener la ley relacionada con el caso, antecedentes sobre el juicio o el interrogatorio para esa audiencia. Más de un abogado viaja al interior solo con la tableta. “Un poco se les fue la mano”, dijo Xavier de Mello.
En el pasado estaba prohibido el uso de bolígrafos en los documentos judiciales hasta que la realidad se impuso a la tinta. En 2008 la Corte dictó la Acordada 7.637 que revolucionó las notificaciones para asuntos administrativos o judiciales al transformarlas en electrónicas. Precisamente alguna de esas notificaciones electrónicas podría estar vinculada al tema del juicio al que asista el abogado.
Una cosa es el impertinente sonido de celulares encendidos y otra eso. Probablemente esta medida será revisada no solo por razones de interés general sino también de sentido común y utilidad jurídica.