N° 1799 - 15 al 21 de Enero de 2015
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáEl iracundo general retirado Wile Purtscher no tendrá más remedio que sentarse ante un fiscal y un juez. Estará frente a dos magistrados de lo que considera una “arpía Justicia (…) desvirtuada por aspectos personales, ambiciones de futuro e hinchada de venganza”, cuyos integrantes “corruptos” tejieron “una falsa y burda comedia” para encarcelar a su colega y amigo, el general Miguel Dalmao, condenado por el homicidio de Nibia Sabalsagaray.
Pero no será juzgado por esas acusaciones lanzadas el 30 de diciembre durante su discurso en el sepelio de Dalmao, que Búsqueda recogió al día siguiente en una crónica.
Sucede que los afectados, la ex fiscal y actual integrante de la Institución Nacional de Derechos Humanos y Defensoría del Pueblo (INDDHH), Mirtha Guianze, y el juez Rolando Vomero, ministro de un Tribunal de Apelaciones —ambos autores del procesamiento de Dalmao— no quieren denunciar a Purtscher y ese delito exige a los damnificados una denuncia. No hay otra forma.
Aunque es obvio que les asiste pleno derecho a desistir, esa decisión resulta extraña.
Vomero le dijo a “El País” que no denuncia porque “le complicaría la vida” a un juez inferior procesal suyo. ¿Cuando era juez penal consideraba que si el ministro de un tribunal denunciaba en su antiguo juzgado a un militar que lo hubiera tratado de corrupto le complicaría la vida? ¿Quiere decir que si el difamador no fuera militar no le complicaría la vida y entonces lo denunciaría?
Guianze desistió “porque no tiene sentido”, consignó en su perfil de Facebook, lo que fue recogido en un comunicado de Crysol.
En cambio, reclamó que un tercero, la autoridad administrativa, sancione a Purtscher por sus “agravios intolerables”, ya que, de lo contrario, “tácitamente está consintiendo” sus acusaciones.
El ministro de Defensa, Eleuterio Fernández Huidobro, recogió el guante y anunció que el general será sancionado y sometido a un Tribunal de Honor.
Además de referirse a Purtscher, la ex fiscal aprovechó para descalificar a Búsqueda por haber informado sobre lo ocurrido en el sepelio. Le atribuye intenciones perversas: “¿Alguien de la revista Búsqueda se dignará a reparar el daño que causa, cuando ‘objetivamente’ informan sobre esos insultos?”.
En suma, Purtscher no será juzgado por difamación sino por su ataque posterior propio de un tirano o de un guapo de barrio. En una carta al director de Búsqueda que se publicó el jueves 8, amenazó: “Ahora soy yo el que quiero venganza. (...) Mi amigo ahora descansa en paz, pero aquellos que fueron contra él, que no duerman en paz, porque recuerden que mientras exista un amigo del general, al igual que ustedes lo hicieron, persiguiéndolos estaremos”.
Ante esas expresiones, que por ser escritas se suponen meditadas, el fiscal Ariel Cancela lo denunció de oficio por el delito de amenazas. El juez será asignado por sorteo en la Oficina de Distribución del Poder Judicial. Ante los magistrados, el general deberá sentarse en el banquillo para ser interrogado.
Esta sucesión de hechos deja algunos interrogantes y reflexiones:
La mayoría de quienes han intervenido en este debate público parecen haber olvidado que la asesinada fue Sabalsagaray, es decir, la víctima, y que Dalmao no es la víctima, sino el homicida condenado con todas las garantías.
Si en democracia Purtscher es capaz de este tipo de reacciones, reiteradas, destempladas y violentas, que evidencian un bajo control de la ira, desconoce los derechos humanos y el Estado de derecho, cabe preguntarse: ¿cuáles fueron sus reacciones y acciones en la dictadura, cuando todo se ocultaba? Como ocurrió con lo de Dalmao.
¿Desistirá el general de sus amenazas y se disculpará ante los afectados cuando comparezca en el juzgado o las mantendrá para, si es procesado, jugar un papel de mártir? Sería bueno que además revelara quiénes son esos otros amigos de Dalmao —que seguramente portan armas de reglamento—, los cuales buscarían vengarse persiguiendo a jueces y fiscales que no podrán dormir en paz a la espera de que se consume esa venganza.
Coincidiendo con el sanguinario ataque en Francia contra la libertad de expresión al semanario “Charlie Hebdo”, Guianze cuestiona la libertad de informar de Búsqueda. Un acto fallido o, quizá, angustia. Si no fuera por esa libertad, no se hubiera enterado de que Purtscher le imputó ser corrupta y tampoco hubiera conocido su posterior amenaza. Sin pretender comparar la dimensión de un hecho y otro, la filosofía que apunta a restringir no es diferente. Un insólito cuestionamiento que contradice lo que siempre Guianze ha sostenido como fiscal en defensa de la libertad de expresión. ¡Qué macana! ¡Búsqueda está empecinada en hacer periodismo!
Para todos, en Francia, aquí, allá y acullá, viene bien recordar asertos de la Corte Interamericana de Derechos Humanos: la relevancia de la libertad de expresión en la sociedad democrática es sustento y efecto de esta, instrumento para su ejercicio y garantía de su desempeño. La relación entre el despliegue de la expresión y el goce de la libertad son evidentes. Esa libertad es uno de los derechos fundamentales y aun cuando duela, moleste o irrite, forma parte de las reglas del juego de una democracia. La tolerancia es un rasgo de la civilización y la discrepancia un derecho dentro del marco de la ley, sin insultos, agravios ni atribuciones delictivas, como las de Purtscher.