Keith Flint, cantante del grupo británico The Prodigy, que revolucionó la escena bailable británica en los años noventa, y en buena medida la de gran parte de Occidente, con su fusión de tecno, house, punk, breakbeat y electrónica, murió el lunes 4 a los 49 años en su casa de Essex, Inglaterra. La causa, según divulgaron sus compañeros, fue suicidio. El comunicado oficial de la banda alude a Flint como “un auténtico pionero, un innovador y una leyenda”. Había comenzado como bailarín en escena en los conciertos del grupo y como frontman y cantante encarnó un ícono punk en las raves —formato escénico de concierto de electrónica— hecho de piercings, tatuajes, crestas en punta y cambios de apariencia. Y sobre todo gracias a su potente histrionismo radical en escena, con su mirada agresiva y sus potentes alaridos vocales, inmortalizados en clásicos del género como Breathe, Firestarter, Omen e Invaders Must Die.

