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    La gestión del gobierno

    Sr. Director:

    Motiva el envío de estas líneas una insistente inquietud en la que se enhebran, rápidamente, interrogantes que tocan asuntos de un pensamiento ascético, si se quiere, y que traducido rápidamente comprende un aprender a comprender, a dialogar, a vivir, sabiendo que vamos a morir, y a convivir, entre otros, entre nosotros. Ascetismo de pensamiento que toca asuntos sociales —ya estamos en tiempo electoral— con la satisfacción y dolores de cabeza que ello trae aparejado.

    Empecemos: 1) espíritus inquietos predican que vivimos un “vértigo civilizatorio” —y nadie sabe muy bien qué es eso, una voz académica se limitó a decir: “lo vivo”— o se alarman porque la gente despilfarra en un consumismo que merece ser criticado, porque se apartaría de una técnica de vida que no estaría comprendida dentro de un cuidado de sí aconsejable. Ponen como ejemplo, comidas, artículos domésticos, un nuevo cine, una nueva música, y quizá otras, como ropas, entretenimientos, juegos electrónicos, o modernidad en la comunicación. Se puede coincidir con algunas de estas críticas, pero deja de ser compartible un tono admonitorio, una caracterización apocalíptica, un fondo de anatema, con un cierto aire de política de vida aconsejable.

    2) Se suma a lo anterior, malestares de espíritus inquietos, que abogan por una vida pastoral, en la que se menciona el arado, el tractor, el barro —hay hasta un expresidente entre ellos— y si bien es cierto que humano es no permanecer ajeno a una inevitable nostalgia que presiona, tironeando hacia la inercia y la recordación de “todo tiempo pasado fue mejor”, también es bueno esperar que los años traigan experiencia, y una distinta forma de pensar, hablar, sentir y hacer, ante nuevas contingencias del vivir, que nos ayude a comprender y saber un poco más (o ignorar un poco menos).

    3) Lo que nos puede llevar a preguntar si eso tiene que ver con un desmembramiento social, que se materializa en un pensamiento soft, en una dedicación al software, y en un terrible abandono de la lectura y de la escritura. ¡Cómo hemos descendido en el aspecto cultural! Las estadísticas de los estudiantes que egresan de la enseñanza secundaria, en lo que atañe a la aritmética, la redacción y comprensión de un texto, asustan. Para complicar las cosas, desde las alturas se avaló el mamarracho lingüístico del “todos y todas” y de ahí para abajo, pasando por el “arroba”, y terminando por el “todes”; y ello encubierto con el solemne sayo de “lenguaje inclusivo”.

    4) Además, la enseñanza primaria se vio asaltada por repetidos roces que llegaron a la agresión física a maestros que repetidas veces fueron objeto de esos actos por parte de padres de alumnos. Un malestar tremendo y que nadie le hincó el diente y si hubo gente estudiosa que lo quiso hacer, el gobierno prescindió de ella, con palabras irrespetuosas por parte de la ministra de Cultura.

    5) La política gubernamental parece más atenta a publicitar lo realizado que a abocarse a pensar y encontrar una gestión eficiente. Son muchos los ejemplos. En nuestro país, las reuniones de ministros hechas con un afán propagandístico, en localidades del interior, tuvieron más de un episodio en que el gobierno “metió la pata”: uno fue el presidente quien se salió de las normas de sana convivencia en una discusión, que transcurrió fuera de tono y lugar; en otra, fue el ministro del Interior, queriendo tapar el sol con un dedo, o con su corpulencia, en pueril intento de obstruir la lectura de un cartel que proclamaba las reivindicaciones de los trabajadores tabacaleros. Ambos episodios culminaron mal, porque se terminó por requisar antecedentes de los manifestantes y proceder (peor) a “escracharlos” públicamente.

    6) El gobierno deja hacer a manifestantes que dañan propiedades, ensucian edificios, vidrieras, autos, obstaculizan la acción de periodistas, y como lo hiciera otras veces, fomenta estas “equidades inclusivas”, y aboga por el “compartir”, como si esa prescindencia en ejercer funciones de gobierno fuera a cambiar las parcelas de amor, de odio, de crueldad y de daño, que anidan en el corazón de algunos de esos vivientes que llegan a los actos mencionados.

    7) Otros hechos sociales conforman una malhadada inseguridad que se cierne y aprieta más y más. Ya envejeció un habla que mentaba una realidad de “ciudad enrejada”; o del episodio de la garrafa en el Estadio; es más reciente, noticia fresca de estos días, que alguien cumpla con su tiempo de vacaciones y luego venga a cumplir con la sentencia que lo espera.

    8) El gobierno parece que se despertó en el último año y le encontró la forma a cómo encarar una política que ponga las cosas en orden con los ocupantes usurpadores, que hace años se denunciaban, junto a las tristemente célebres bocas de pasta base.

    9) En lo internacional, nuestra política gubernamental ha sido blanda, complaciente, con los regímenes dictatoriales de Cuba, de Venezuela y de Nicaragua. Cuba es una dictadura (ornada por adjetivos de “heroica”, de “gloriosa”) y entre tantas perlas “heroicas”, hay que agregar a ese collar su política homófoba que tenía (y tiene) hacia gays y lesbianas, con los famosos “campos de trabajo”, donde destinaba a esa población para que el trabajo le curara “esas patologías”. Se habló en su tiempo de políticas represoras y liberticidas, documentadas, entre otros, en el testimonio novelado del malogrado poeta Reynaldo Arenas, actualizada ahora por una no admisión de legalizar la unión homosexual, conocida entre nosotros como matrimonio igualitario.

    Juan C. Capo