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    La “gran mayoría” de la sociedad asocia la inteligencia con el pasado, pero hay que hacerle entender que es una ayuda, no un “enemigo”

    No puede sorprender que las grandes potencias espíen a otros países, reconoció el nuevo coordinador de inteligencia, José Bonilla: “La vida siempre fue así”, dijo

    La designación de un oficial retirado de las Fuerzas Armadas como nuevo coordinador de inteligencia del Estado en un gobierno encabezado por un ex guerrillero tupamaro es en sí misma una noticia rara. Más lo es si se toma en cuenta que el militar es un hombre identificado con los partidos tradicionales, que fue incluso edecán del ex presidente Julio Sanguinetti.

    Lo cierto es que el general del aire retirado José Bonilla, ex jefe de la Fuerza Aérea y ex jefe del Estado Mayor de la Defensa (Esmade), asumió ese nuevo cargo en las últimas horas en sustitución del ex guerrillero tupamaro Augusto Grégori, quien fue cesado tras un complicado relacionamiento con varios jerarcas.

    De nuevo en la Torre Ejecutiva, pero esta vez de traje y corbata, Bonilla, quien no tiene formación en inteligencia pero cuya capacidad de trabajo y discreción es valorada por el presidente José Mujica, admite que su nueva misión puede ser complicada pero retruca: “Cuanto más fierro caliente, mejor”.

    Durante una entrevista con Búsqueda, en un contexto de controversia internacional por la deserción de un agente de inteligencia estadounidense, Bonilla evaluó como un dato de la realidad que las grandes potencias espían a otros países, pero aclaró que cuando se detectan esas actividades —que Uruguay no hace ni hará, asegura— hay que sancionarlas.

    Lo que sigue es una síntesis de la entrevista que Bonilla mantuvo con Búsqueda.

    —¿Se lo tiene que felicitar por su nuevo cargo o compadecerse de usted por el fierro caliente que agarra?

    —Es buena pregunta... Desde el punto de vista institucional, como miembro actual de las Fuerzas Armadas —así me siento porque estoy en retiro pero no dejo de ser un soldado de la patria— el hecho de que el gobierno llame a un militar para cumplir una función de semejante responsabilidad y confianza, es una señal muy fuerte hacia toda la institución. Esto implica asesorar al presidente para que él tome decisiones. Desde el punto de vista personal es inevitable sentir que se alimenta el ego de uno; me siento muy halagado de que el presidente me llame para un nuevo desafío en el cual estoy dispuesto a dar todo de mí y cumplir con mi rol.

    —¿Pero usted es consciente de que si bien muchos dirán “qué alta responsabilidad que deberá cumplir y qué cargo tan importante ejercerá”, otros dirán “en qué baile se metió”?

    —Sí, lo soy. Es el juego de la vida: siempre estará presente la dualidad de la vida, las baldosas blancas y las baldosas negras. Sé incluso que algunos estarán de acuerdo con mi nombramiento y otros no. Es la democracia, es la libertad, es el juego. Para algunos esto será un fierro caliente. Creo que sí es de mucha responsabilidad, pero pondré lo mejor de mí para llevarlo adelante.

    —Usted no es un hombre de izquierda. ¿A qué atribuye que el presidente Mujica le asigne un cargo de tanta confianza?

    —El me tiene mucha confianza, me ha visto trabajar. En febrero del 2012 yo dejé el cargo de jefe del Estado Mayor de la Defensa, donde di todo de mí, nos hemos visto muchas veces, incluso antes como comandante en jefe de la Fuerza Aérea. Es una continuación, porque este trabajo está muy relacionado con el Estado Mayor de la Defensa, que planifica la preservación de los bienes estratégicos de Uruguay. Y para eso, ¿qué necesita? Inteligencia, ver esos bienes a defender, si corren peligro, y en ese caso tratar de anticiparse a esos peligros para evitarlos. Está todo concatenado y de ahí, creo yo, la idea de la Presidencia.

    —Antes de aceptar su cargo, usted hizo algunas consultas con referentes políticos. ¿Por qué lo consideró importante y qué le dijeron?

    —La mayor virtud para ejercer este cargo es el relacionamiento no solo con las fuerzas políticas sino con las agencias de inteligencia. Yo no puedo golpear una puerta y que me atiendan pero irme con las manos vacías. Se trata, justamente, de todo lo contrario, de interactuar, de relacionarse, de hacer un trabajo coordinado para el Uruguay. Uno siempre quiere saber dónde está parado, y en ese sentido hablé con algunos amigos, “¿cómo lo ves?”, etcétera. Uno en la vida siempre tiene gente que le marca, maestros de la vida, y siempre hay que escuchar la opinión de ellos. Y la familia, por supuesto. Alejarme nuevamente no es fácil, pero todos me apoyaron y están deseosos de que asuma mi tarea. Espero no defraudarlos, por mi apellido y por el país.

    —¿No les sorprendió a quienes consultó en el nivel político? ¿Qué le dijeron?

    —No hablamos de cargo, porque yo no supe qué cargo me ofrecerían. Hablamos sobre el escenario actual, y sobre el valor que tendría asumir un desafío, razón por la cual debía aceptar. Y de hecho es un desafío muy lindo e interesante: a mí me gustan esos desafíos, cuanto más fierro caliente, mejor, y más aún si uno es capaz de hacer algo por los demás.

    —Usted es coordinador, o sea que no podrá ordenar...

    —...no voy a poder hacer inteligencia. Para eso se necesitan muchas cosas. Lo que tendré es lo que me marcará el presidente en cuanto a cómo debo trabajar, en qué debo hacerlo, qué zonas tendré que enfocar para luego, con las distintas agencias de inteligencia, coordinar la información que ellos tengan con el análisis que hayan producido, y yo con la gente mía analizarlo y cruzarlo para asesorar en la toma de decisiones.

    —¿Y cómo piensa lidiar con las históricas desconfianzas y celos que existen entre las distintas agencias de inteligencia estatal?

    —No es un escenario fácil, no lo es. Pero estamos todos en un mismo barco, apuntando la proa hacia donde va el Uruguay, con este gobierno a la cabeza. Partiendo de esa base lógica no debería haber mayores problemas. Además yo no voy a meterme en lo que es inteligencia sino en inteligencia estratégica, o sea la preservación de todos los intereses estratégicos. Uno tiene que priorizar los intereses. Es como en la familia: en la casa de uno lo primero es la familia, lo más importante. Uno como jefe de familia debe preservar a su familia. Luego vendrán otras cosas, materiales, cosas menores. Si ingresa alguien a ese hogar y se roba una canilla o una garrafa esas son cosas menores que las que yo intento preservar, que es mi familia, lo que más quiero. Esto es algo parecido: para la defensa de los intereses estratégicos de Uruguay debo anticiparme a las amenazas, y para eso voy a hablar con las agencias de inteligencia para que me den la información necesaria para ese fin. Cada agencia hace lo suyo y lo de cada uno es lo de cada uno, pero esto es algo común, esto no implica que sea solo las Fuerzas Armadas las que deben actuar en defensa nacional, sino todos. En el mundo hay una lucha histórica, desde siempre, por el conocimiento, la información, es vital. Pero hay formas de hacer inteligencia y otras formas de hacer inteligencia. Desde ya que la inteligencia nuestra será respetando nuestros principios democráticos, los derechos humanos y en el marco de la Constitución y las leyes. Eso tiene que ser así y va a ser así. Por eso quiero hacer una diferencia con cosas que vemos de afuera: nosotros vamos a actuar de esa forma. No hay otra manera de trabajar en esto para bien de todos los uruguayos.

    —Aludió recién a un “mismo barco”, pero muchas veces se habla de un fuerte corporativismo en los servicios de inteligencia, de “chacras”.

    —He hecho ya algunas consultas con algún agente de inteligencia, y hasta ahora he recibido muy buena colaboración. Por supuesto que el movimiento se muestra andando. Esperemos a comenzar a trabajar y vemos, pero estoy seguro porque los hombres tenemos ciertas características, y hablando y planteando las cosas, siendo respetuoso del trabajo de los demás, se puede llegar a mucho.

    —Más allá del contacto que haya tenido con la actividad, ¿tiene formación en inteligencia o ha trabajado en inteligencia?

    —No, no tengo formación. Estuve al frente del Estado Mayor de la Fuerza Aérea, del cual depende inteligencia, pero no he trabajado en esa área.

    —¿Qué le dijo el presidente sobre por qué lo designó y qué espera de su trabajo?

    —Empezaré por el final. Él espera resultados positivos, como es lógico. ¿Por qué yo? Porque tuvimos dos etapas de trabajo conjunto, primero como jefe de la Fuerza Aérea y luego como jefe del Esmade. Allí uno se muestra en la cancha, y él me dijo que confía en mí, que le gusta la forma en que yo me entrego al trabajo, y me dijo que inmediatamente cuando tuvo que pensar en alguien pensó en mí.

    —¿Tiene una composición de escenario sobre el sistema o comunidad de inteligencia en Uruguay?

    —Recién estoy mirando cómo está la cancha. Uruguay hace muy bien su trabajo, tiene gente muy capaz. Sin desmerecer a ninguna de las dos, una cosa es inteligencia y otra cosa es inteligencia estratégica. Confío en el poder de trabajo que tiene la gente para yo poder participar junto con ellos y en forma coordinada producir conocimiento para prevenir y asesorar al presidente en la toma de decisiones.

    —¿Cómo le explica usted a quien nada entiende de esto qué significa inteligencia?

    —Inteligencia es juntar información sobre algún tema específico, analizarla, y diseminarla a los actores para prevenir o evitar un daño a la sociedad. Drogas, traslado de ganado de un campo para otro o de un país para otro, contrabando, el robo de un banco y todos los demás aspectos que están relacionados con lo que vemos a diario forma parte de un tipo de inteligencia. Ya cuando tratamos los problemas de agua potable, de los recursos que hacen a la estrategia del Uruguay, si hay petróleo o no en el mar territorial, la minería, el ciberterrorismo, todo eso está unos escalones más arriba, son cosas que al hombre de a pie muchas veces no le preocupan, que no las ve, y esa es la inteligencia que yo tengo que llevar adelante para asesorar al presidente en la toma de decisiones. El gobierno me dará pautas de trabajo, y veremos qué posibilidades tenemos.

    —¿Cambiarán algunos aspectos de su vida por este nuevo cargo?

    —No, soy uno más, seguiré siendo el mismo de siempre. Tal vez, lamentablemente tendré que dejar de dar mi apoyo a la Escuela Horizonte porque no podré dedicarme como hasta ahora, aunque siempre estaré atento a dar una mano.

    —En estos momentos existe una fuerte controversia por las revelaciones de un ex espía estadounidense. ¿Es de verdad sorprendente que Estados Unidos u otra gran potencia espíe a otros países?

    —La vida siempre ha sido así. No ha habido una gran potencia que no tenga información. Ya el imperio romano, también el imperio persa, requerían información. Para todos, a lo largo de la historia, la información es vital. Sin información no se puede hacer nada. Y hasta en cosas mínimas, por ejemplo, sin información meteorológica: yo no puedo planificar irme un fin de semana de pesca si van a caer tormentas. Necesito información previa para poder prever. En los países donde el comercio exterior es clave, quien tiene la información tiene poder. Es de estilo en las potencias grandes. Uruguay se ha caracterizado por ser un país pequeño, que tiene conocimiento pero no sale a buscar la información como hacen otras potencias y metiéndose en la soberanía de otros países. Y si te descubren... Tampoco es normal salir a robar un banco, y si te descubren te van a llevar preso. Es así. El trabajo de inteligencia tiene que prevenir esas cosas o evitarlas de alguna forma haciendo contrainteligencia para evitar que ese mal se produzca.

    —Para muchos hablar de inteligencia en Uruguay es hablar de una historia complicada, de espionaje...

    —...de seguimientos, de ver con quién estuvo quién...

    —...también se asocia con la dictadura, con las torturas, etcétera. ¿Cree que eso ya fue superado en la opinión pública o que se mantiene esa imagen deteriorada?

    —El pasado siempre los condiciona, a todos. En la gran mayoría de los orientales persiste esa imagen de ese tipo de inteligencia, que es algo molesto, que ataca el derecho de las personas, el derecho a reunirse, a hacer cosas. Mi libertad termina cuando empieza la libertad del que está al lado mío. La gente todavía piensa que trabajamos de cuello levantado y espiando, pero tenemos que cambiar esa forma de ver esta actividad. Por eso yo también me voy a llamar a silencio después de esta entrevista. No es bueno que salga mucho porque tengo que trabajar más que hablar y evitar hablar de algunas cosas, si bien es bueno que la gente sepa qué hacemos, qué intentamos hacer. Creo que hoy Uruguay ha cambiado mucho. Tenemos que pensar que todo lo que se pueda aportar en este caso para la inteligencia es bueno para el país. Es prevenir no solo un delito, sino en lo que hace a la inteligencia estratégica prevenir un daño grande para el país. ¿Qué pasa si hay un atentado y nos contaminan el río Santa Lucía? Sería un problema de agua potable para toda la capital, un daño tremendo. Y la nuestra es una acción que nadie la puede ver mal porque va en defensa de nuestros intereses. Uruguay debe entender que estamos en el 2013, que tenemos intereses que le van a faltar al resto del mundo, que tenemos que preservarlos, cuidarlos, y hacia allí debemos ir. Quiero que la gente vea en el coordinador de inteligencia a alguien que está para ayudarla, no un enemigo