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Se discutió si debían conservarse en oro, en dólares, en una canasta de distintas monedas; en el país o en el exterior; si están en un nivel óptimo o si son excesivas e incluso “costosas” para el Estado. También se debatió, a instancias de Jorge Batlle y José Mujica, de utilizarlas con diversos fines. Las reservas, que hoy se engrosan a diario y suman montos récord para Uruguay, han sido un asunto de economistas y de políticos en las últimas décadas.
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En un análisis recogido por Búsqueda en su edición Nº 39 de setiembre de 1975, Alejandro Végh Villegas, quien fue ministro de Economía en 1974-1976 y 1983-1985, señalaba que a fines de los años sesenta no era “angustiosa la coyuntura en materia de reservas internacionales”. Por entonces se aplicaron planes de estabilización económica y esa era una variable que debían tener en cuenta los gobernantes.
Siendo candidato presidencial, Batlle propuso en 1989 vender reservas para, con ese dinero, financiar un plan de despegue económico que evitara la emigración de jóvenes.
Las reservas que el Banco Central (BCU) gestionaba rondaban los U$S 900 millones cuando al inicio de los noventa el gobierno de Luis Lacalle instauró una política por la cual se garantizaba un precio mínimo y uno máximo para el dólar, en el marco de una “banda de flotación”. Por esos años se produjo un debate sobre si conservar en oro esos activos (80% del total) o vender las reservas en metal para invertirlas en títulos y divisas. El entonces titular del BCU, Ramón Díaz, fue quien concretó esa operación procurando un “consenso” y “no una mayoría” en el directorio, informó Búsqueda en su Nº 640 de mayo de 1992.
En medio de una corrida de depositantes, en 2002 las reservas sufrieron una sangría, ya que parte era dinero que los bancos del sistema debían mantener inmovilizados en el BCU como encaje. Con solo U$S 777 millones en activos como respaldo de la “banda de flotación”, el gobierno liberó el tipo de cambio.
Después de un canje de deuda pública que en 2003 ambientó una recuperación económica, las reservas repuntaron. Eso llevó a Mujica, siendo presidente electo, a plantear en Búsqueda usar parte de las reservas para obras de infraestructura vial o construir escuelas (Nº 1.537). Su equipo económico lo convenció de usar parte de esos activos para amortizar deuda.
Más recientemente las reservas siguieron aumentando como reflejo de operaciones monetarias que suponen también incrementar el endeudamiento. Según datos del BCU, rondan por estos días los U$S 13.100 millones y la mitad son fondos de libre disponibilidad; se trata de un máximo histórico que sus autoridades evalúan como suficiente para cubrir riesgos y al mismo tiempo piensan en cómo hacerlas más rentables en un mundo con tasas de interés prácticamente nulas.