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    Los partidos y los nuevos aspirantes

    Sr. Director:

    Juntacadáveres. “Muy próxima a la suya, estaba la cabeza de Junta, con la calvicie escondida por el sombrero, los ojos salientes, la nariz vencida profetizando la derrota, con la periódica, casi imperceptible contracción de la boca hacia la mejilla derecha”. (Juan Carlos Onetti, “Juntacadáveres”)

    Por lo general, es la ficción la que imita, parodia o deforma la realidad. Sin embargo, en ciertas ocasiones se produce exactamente lo contrario: es la realidad la que calca a la ficción. Y ésta es una de ellas. Uno abre los diarios, enciende la televisión, ingresa a las redes sociales y se encuentra con una copia fiel del personaje de Onetti, vivito y coleando, invitándonos a que lo sigamos hacia el fondo del pozo. Allí, justo, donde todo es oscuro, incluso la esperanza de un mañana mejor.

    Al margen de la historia y la literatura, nuestro Junta irrumpe en la llanura ligeramente ondulada de nuestra política renegando de ella. No aspira a fundar un partido sino a organizar un movimiento de cuentapropistas, oportunistas y apolíticos. Un grupo de personajes de reparto recién bañados en las aguas tibias de “lo nuevo”, vestiditos de “renovadores”, perfumados con colonias importadas de vaya uno a saber dónde.

    Los partidos son cosa del pasado, dice, reliquias de la modernidad, agrega por lo bajo un asesor con título obtenido en el exterior, colgado en una oficina alquilada al asesor de alguien muy parecido a él.

    ¿Para qué fundar instituciones que trasciendan a las personas si, ganados por la lógica del aquí y el ahora, lo que importan son las personas? O, mejor dicho, ¡la persona! El iluminado. El hombre exitoso. El self made man. El salvador. Con eso basta. ¡Mueran los partidos! ¡Muera la política! Pasemos raya y comencemos de nuevo. De cero. Venimos a hacer, no a decir, proclama. No somos como esa gente de traje y corbata que anda en autos oficiales y pronuncia discursos ampulosos. Lo nuestro es la camisita abierta. El jean. El versito autorreferencial sobre el origen humilde y el ascenso hasta la cumbre de la pirámide social en base al “trabajo duro” y el “espíritu de sacrificio”, pero sin detalles escabrosos ni referencias a personajes incómodos. El micrófono alquilado. El martilleo constante sobre “los problemas de la gente”. La frase corta. El tuit. La selfie. El saludo sobreactuado.

    ¿Convenciones, comités, clubes seccionales, cartas orgánicas, códigos de ética, ideologías, principios, tradiciones, historia? ¿Para qué? ¿Viejos de sobretodo? ¿Gauchos emponchados? ¿Trapos desteñidos? ¡Ya fue!

    ¿Democracia? ¿República? ¿Parlamento? ¿Debate? ¿Política? No, gracias. Paso. Ni izquierda ni derecha sino todo lo contrario, repite. Mientras, el coro asiente y sonríe.

    Así, nuestro Junta, sin remilgos morales ni ataduras históricas de ninguna clase, va profanando tumbas en aras de construir su propio Frankenstein. Y empezó, como es lógico, por la que tenía más cerca, hundiendo su cuchillo en el cadáver insepulto del otrora “escudo de los débiles”, con la complicidad de buena parte de los cuidadores del cementerio, más preocupados en hacer leña el cajón o en vender los mármoles del sepulcro que en honrar al muerto.

    Casi dos siglos de sueños, proyectos y esperanzas tirados a la marchanta; casi dos siglos de caudillos y estadistas, paisanos y citadinos, hombres y mujeres anónimos, “luchadores nunca domados”, como reza el himno ya olvidado, traicionados y dejados de lado en nombre del “pragmatismo renovador”.

    ¿Y después?, se pregunta el tango. ¿Qué importa el después? Toda mi vida es el ayer, que me detiene en el pasado, eterna y vieja juventud que me ha dejado acobardado como un pájaro sin luz...”.

    Gustavo Toledo

    CI 3.680.356-9

    Balneario Solís (Maldonado)