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    Preocupa diseminación de malezas resistentes a herbicidas

    “Se abusó” en la aplicación de glifosato, advirtió un investigador argentino

    La mayor afluencia de público en las jornadas agrícolas en las que el tema central es el problema de las malezas que invaden los cultivos, es el pulso que demuestra la creciente preocupación de los agricultores y los técnicos del sector sobre el asunto.

    Inquietos, lanzando interrogantes y comentando cada una de las recomendaciones para enfrentar esa problemática, los productores llenaron una sala de conferencias en el hotel Hyatt, en Carmelo, donde el miércoles 9 la empresa Bayer Uruguay realizó una actividad para presentar resultados de una investigación sobre cultivares de soja. Al respecto, el agrónomo e investigador de esa empresa, Marcos Martino, destacó que el promedio en general fue de 3.400 kilos de soja por hectárea, con un mínimo de 2.500 y de 5.000 kilos en los mejores ambientes, dependiendo de las zonas del país.

    En el evento, el investigador del Instituto de Tecnología Agropecuaria de Argentina, Luis Lanfranconi, captó la atención de los participantes al advertir sobre la importancia de buscar alternativas para que los productores puedan aplicar en sus campos, en un intento por ponerles un freno a las malezas resistentes a los herbicidas que hoy generan un gran dolor de cabeza en el sector.

    Los malos de la película son el Amaranthus quitensis y Amaranthus palmeri, o yuyo colorado, como se los conoce en Argentina, donde ese problema se transformó en una “pandemia”, dijo Lanfranconi, que además es docente de la Universidad Católica de Córdoba.

    Los antecedentes de técnicos agrícolas de Uruguay indican que las malezas empezaron a aparecer tímidamente hace tres años en un par de lotes en Fray Bentos (Río Negro), luego se dispersaron hacia Mercedes y al norte, y ya se identificaron otros casos en Paysandú y Salto, y también al sur, específicamente en Colonia, comentó a Búsqueda Lanfranconi.

    Uno de los datos que hacen más significativo el problema de las malezas es su alta tasa de crecimiento que llega a los cuatro centímetros por día y la producción de hasta 500.000 semillas por planta.

    La diseminación del yuyo colorado en las chacras se originó en las máquinas trilladoras que trabajaron en cultivos contaminados con malezas y que luego fueron utilizadas en otros lugares. Algunas imágenes presentadas en la jornada mostraron cómo crecen las malezas en pedazos de tierra acumulados en las cosechadoras.

    Otro factor que incidió en la expansión de esos yuyos es que en las empresas agrícolas muchas veces se contratan los servicios para realizar las labores en los campos, y al no ser el propio productor el encargado es mayor la probabilidad de que no se adopten las medidas de limpieza de los equipos antes de ingresar a las chacras.

    En la agricultura uruguaya el yuyo colorado ingresó en una cosechadora usada y posiblemente llegó a la chacra sin limpieza requerida, recordó Lanfranconi.

    Señaló que “en Uruguay está vigente un protocolo de limpieza de maquinaria agrícola que es de primera línea”, pero que eso se implementó “después de haber tenido una triste experiencia”.

    “En eso somos exactamente iguales del otro lado del río” de la Plata, reconoció.

    Durante la jornada varios productores plantearon sus casos particulares y los resultados obtenidos hasta el momento en cuanto a las medidas aplicadas para combatir las malezas. En un contexto de baja en los precios de los granos durante las últimas dos zafras, los agricultores se mostraron preocupados por los mayores costos que requiere la aplicación de ciertos herbicidas en sus cultivos u otras acciones para el control de los “yuyos colorados”. El investigador argentino mostró casos de chacras en las que se hizo la extracción mecánica y manual de las malezas y destacó la importancia de las rotaciones de los cultivos que posibiliten la alternancia en el uso de herbicidas.

    La aplicación reiterada de los mismos productos genera acostumbramiento en el sistema y la resistencia de la naturaleza a sus efectos, por eso recomendó variantes a la hora de emplear los herbicidas.

    Consultado por Búsqueda sobre la gravedad del problema de las malezas, Lanfranconi dijo que “puede ser muy seria si el productor es chico, por el costo que implica combatir las malezas, ya que se trata de unos US$ 50 a US$ 60 por hectárea y le puede complicar la existencia”. Mientras que en el caso de un productor con una gran extensión, “si tiene 100 lotes y en dos tiene malezas, entonces el resto de los lotes podrá ayudar a cubrir parte de la inversión necesaria para limpiar los lotes contaminados”, explicó.

    Respecto al uso masivo de herbicidas en la agricultura, ese investigador comentó que desde fines de la década de 1980 no hay nuevos herbicidas, los que se usan actualmente en la agricultura son los mismos, pero se combinan y se mezclan. “Lo que ocurrió fue que modificar el sistema de labranza obligó a utilizar más herbicida, pero el sistema de labranza estaba en tela de juicio porque se generaba pérdida de suelos por la erosión hídrica y eólica”.

    Ante eso “se implementó un nuevo sistema que redujo el laboreo en el terreno, se desarrollaron prácticas para cubrir el suelo durante todo el año y así minimizar el problema de la erosión y en ese esquema se empezaron a emplear más herbicidas”, señaló.

    Y planteó: “Si las malezas se hicieron resistentes a esos productos es necesario reajustar los sistemas, sin sacar los cultivos que sirven de coberturas para el suelo. En caso contrario, tenemos que volver 20 años atrás y volver a arar y si hacemos eso desaparece la agricultura en Uruguay y volvemos a los pastizales y a las vacas. Entonces habrá que ver qué pasa con la balanza comercial” de la economía uruguaya.

    Abuso y aprendizaje.

    En 2005 el monto de las importaciones de herbicidas en Uruguay fue de US$ 37 millones, ocho años después alcanzó US$ 157 millones y en 2016 bajó a US$ 81 millones, según registros de la Dirección de Servicios Agrícolas del Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca.

    Esa evolución siguió el comportamiento que tuvo el área de cultivos agrícolas alineado a los factores de precios de los granos e impacto del clima. El mayor monto de importación de herbicidas coincidió con momentos de pico de producción en 2013 y 2014, para luego caer en un contexto de baja en la superficie de siembra, principalmente de soja.

    El área destinada a la producción de granos entre 2005 y 2014 tuvo un incremento, los registros oficiales muestran el aumento de la aplicación de esos productos químicos, que en su mayoría comprenden el glifosato en distintas formulaciones, en los campos del agro local.

    “En el agro lo que se abusó fue del glifosato y ese abuso generó la respuesta de la naturaleza, apareció la resistencia”, opinó Lanfranconi.

    Consideró necesario “aprender de eso para que las nuevas tecnologías que aparezcan sean utilizadas más cuidadosamente, con más criterio, tratando de seguir avanzando sin generar cuellos de botella”, como el que plantea el problema de las malezas.

    Agro
    2017-08-17T00:00:00